Catalepsia, un relato por entregas de Alex Florentine

ALEX FLORENTINE, Oviedo (1975)

Escribo bajo pseudónimo en honor a los nombres de mis abuelos, Alejandro y Florentina. Crecí con ellos en un precioso pueblo de aquí, Asturias, donde aún sigo residiendo aunque ahora, en Gijón, al lado del imponente Cantábrico.

Soy titulada en Informática y Administración de Empresas, y una persona de mente muy inquieta e inquisitiva.

Por ello y por muchas circunstancias más, comencé a retomar mis hobbys de pequeña, dibujar y escribir. Comencé con el primero, seguí con el segundo y el año pasado, publiqué una biografía gatuna dirigida a los amantes de los gatos y público joven.

Sí, tengo una preciosa gatita llamada Mina y quería compartir la felicidad que dan estos animales. Lo reedité este 2021 y junté sus dos libros en el ahora «Mina, casi humana».

También tengo un título para dar visibilidad a una de mis enfermedades «Una vida marcada: Así es la endometriosis»; y mi última obra es «Llega la noche, Eyre» de la que estoy muy, muy orgullosa con el resultado. Una historia policíaca, de misterio, con toques de terror, erotismo, amor, trata el racismo… Y un largo etcétera de temas.

Os presento Catalepsia, un relato por entregas, a la vieja usanza.

LA DESPEDIDA

 

Es el atardecer de un lluvioso día de invierno, la oscuridad ya inunda todo cuando aún no es su hora, y Gala está esperando el taxi que la llevará a la fiesta de despedida de soltera de una de sus mejores amigas. Vive a las afueras, bastante a las afueras; «en el culo del mundo» habían dicho varias de esas amigas de la ciudad cuando hacía tiempo habían ido a su casa. Lo lleva bastante bien, sus padres ya mayores, habían optado por una vida rural y tranquila y se había mudado con ellos al perder su último empleo. Tiene coche, pero supone que va a beber y no quiere conducir borracha. Nunca lo ha hecho y a sus veintiocho años actuales, no lo va a hacer.

A lo lejos divisa dos luces, el taxi se acerca. Le habían dicho que en diez minutos estaría allí y estaba muerta de frío después de veinte esperando. Es la primera vez que usa esa compañía, pero la que conoce de la ciudad comunicaba todo el tiempo o algo pasaba con la línea. Su cobertura allí es pésima y no quiso usar la aplicación móvil por si algún dato «se perdía por el camino».

Mientras las luces se acercan se hace un selfie y lo sube a su muro de Facebook usando la geolocalización.

«Llegaré en una media hora. ¡Será la fiesta del siglo! Bueno, si te casas una vez, claro», escribe después de hacerse la foto y verse muy favorecida. Tiene la suerte de salir así en todas, su belleza nórdica no pasa desapercibida; con inmensos ojos azules, piel clara con unas leves pecas y cabello rubio rizado tirando a pelirrojo. A pesar de su destacado físico no tiene aún novio, hay algo especial con un ex-compañero de trabajo, pero no se deciden. Tampoco tiene prisa y menos ahora porque quiere encontrar otro empleo. ¡Para algo se había «matado» a estudiar! Habla con él casi todos los días por Whatsapp, pero temas superficiales del trabajo; desde que ha dejado la clínica no se han vuelto a ver salvo en la pantalla del teléfono. Hoy habían quedado un poco antes excusándose de que no podría estar más tarde con él a causa de la fiesta. Lo había notado nervioso y celoso, pero es que, ¡no se decidía!

Pulsa el botón «enviar» cuando el coche frena delante de ella; se guarda el teléfono en el bolsillo de la gabardina, cierra el paraguas, lo sacude y abre la puerta trasera del coche. Cae tanta agua que no se ve quién va al volante, tampoco ha tenido la decencia de bajar la ventanilla para saludar. Al menos el coche es bastante nuevo, tan nuevo como que aún no tiene anuncios por ningún lado y casi tampoco ningún rótulo. En qué cosas se fija. Entra, pone el paraguas a sus pies y mira hacia delante a la vez que las puertas se cierran solas. Un respingo la sacude cuando un hombre de voz grave y seca le pregunta.

—¿A dónde?

Observando la mampara de separación entre la parte trasera y delantera del coche, Gala balbucea la dirección. Nunca ha visto un metacrilato tan grueso ni tan bien anclado a la carrocería del coche.

—Disculpe, hable más alto, con la mampara no la he entendido bien.

Gala repite la dirección más alto y el coche se pone en marcha. Saca su móvil del bolsillo y abre las Redes Sociales apareciendo un mensaje en pantalla: «no se pueden actualizar las noticias». Mira el símbolo de red. Sin cobertura.

Continuará…

@AlexFlorentine

Acerca de Galiana

Escritora
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