Estrenando un nuevo «Oficio de tinieblas» de Pilar Rodríguez (@PilarR1977): «La última noche de Martín Padilla» (parte I)

Estreno un nuevo «Oficio de tinieblas«, te resultará familiar.

«La última noche de Martín Padilla» (I)

Madrid, 14 de mayo, 1890

Cuatro días para la Luna Nueva.

Otra ronda de vasos rotos, otro par de pesetas sobre el mármol de la mesa.

O un duro, mejor un duro; que Madrid entero supiese que Martín Padilla era hombre espléndido.

Celebraron los compañeros del joven su prodigalidad con jolgorio de brindis y canciones más o menos picantes e hicieron señas a los camareros del Fornos para que les fuese servida una nueva ronda.

—¡Más champaña! ¡O aguardiente! —gritó Martín entre aplausos y parabienes—. ¡Lo que pida mi gente!

Sonaba su voz a ultramar, a una España agonizante que fue y jamás volvería a ser. Nacido entre sol y azúcar, en el calor de esa Cuba preada de luz y de riqueza, aquel Madrid sin definir, aquel contraste de luz y oscuridad dolía en su alma mestiza.

—¡Qué me caso mañana, carajo!

Era simple el asunto que le había traído a la Villa y Corte. España, la metrópoli, era linaje, aquello que no se compra con oro. Y aunque mostraban los rasgos de Martín la nobleza de sus ancestros africanos y la arrogancia de los Padilla, unos esclavos, otros hombres y mujeres sin más posesiones que su valor y el deseo de una nueva vida, no bastaban estos para que la palabra “Señor” le abriese las puertas de Palacio y hasta del Congreso.

Eso, el señorío, se lo daría Ascensión, en unas horas su esposa ante Dios y los hombres. Cambiaría juventud y libertad por madurez y compromiso… «porque eso es lo correcto, cumplir con Ascensión, bonita, decente», se dijo, confiado en el olvido del aguardiente, maldiciendo la mirada hechicera que le había partido la vida aquella tarde frente al Santísimo de San Ginés.

Y por eso, Martín Padilla disfrutaría aquella última noche.

Arribó a Madrid en marzo, medio apalabrado el compromiso con Ascensión de Caldas, heredera del condado del mismo nombre, hija de Grande de España, sobrina de un cardenal vaticano, sin más grandeza ya que un apellido antiguo y un palacete ruinoso al lado de Bailén. Sin embargo, a pesar de la falta de riqueza, era Ascensión una joven orgullosa, una “auténtica dama”, tal y como le había asegurado el casamentero de La Habana, y, siendo honesto consigo mismo, belleza no le faltaba a su prometida. Habían hecho buenas migas; las justas para garantizar que, aunque sin amor, podría el suyo ser un matrimonio afectuoso, medianamente feliz incluso.

No era Martín aficionado a los rezos, lo necesario: misa dominical y festivos de cumplir, por eso de ser hombre conocido y por eso de dar lustre al apellido entre cirios y tallas, pero, emparentada su prometida con un purpurado papable, convenía ahora dejarse ver por los templos madrileños. Tampoco lo consideraba Martín una pérdida de tiempo, pues guardaba cierta afición al arte y había echado alguna tarde en el Carmen o en San José, más ocupado en ojear tallas y pinturas que en oficios y comuniones.

La víspera de la boda, tras una visita a sus abogados, sus pasos le llevaron a San Ginés. Aún era temprano para presentarse en el Fornos, donde pensaba celebrar, sin demasiado escándalo, esa última noche de soltería. Un par de velas y una oración, pensó, no serían mala idea.

Faltaba menos de media hora para la última misa del día y podría haber contado con los dedos el número de feligreses. Buscaría el umbrío rincón del Santísimo para unos minutos de recogimiento entre el negro y el rojo de las paredes. Sólo una persona ocupaba la capilla: por las formas, una mujer, una dama de luto arrodillada en la primera fila.

Procedió entonces a imitarla ocupando él el último banco. La luz vacilante de un par de cirios latía sobre el Sagrario, disipando la severidad barroca de la capilla en un único lugar que era Luz y Salvación. Murmuró un Padrenuestro, conmovido, y rezó por el éxito de sus nupcias, por la salud de su padre allá en Cuba, y, tal vez, por él mismo.

Ahora dale a la ilustración para escuchar el podcast, recuerda que no son iguales, incluyo alguna variación.

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La próxima semana, continuación de esta historia.

@PilarR1977

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