Hoy quiero hablar sobre un tema controvertido. En seguida vais a entender por qué.
Los muertos y sus posesiones
¿Un muerto tiene posesiones? Por tonto que parezca, me lo pregunto a diario.
Muchos me diréis que claro. Por eso se hace testamento y unos herederos, los que sean, pasan a ser los nuevos propietarios de las cosas del difunto.
Pero como hago podcasts de historia y me aburro mucho, os lo planteo de otra forma.
¿Cuantas generaciones deben pasar para que un muerto deje de tener voz sobre sus cosas? Se me ocurrió cuando estuve grabando un podcast sobre el tesoro de Villena y en el discurso surgió el concepto “patrimonio” para referirnos a esos elementos históricos que pertenecen a toda la sociedad.
A nivel etimológico, la palabra hace referencia a las posesiones que un padre deja a sus hijos y así la utilizamos para decir que una persona tiene patrimonio personal.
Pero si esto es así, ¿cómo la trasladamos a las antigüedades históricas?
Si lo escribo aquí es porque tengo una teoría. Os la voy a dar pero también me encantaría que vosotros deis vuestra opinión.
Porque el collar de perlas de la abuela o una casa del siglo XVII que ha ido pasando de padres a hijos no siempre se describe como patrimonio histórico, pero no porque no sean elementos históricos, sino porque tienen una línea de propietarios registrada, conocida y que desemboca en una o varias personas reconocidas. Tienen una legitimidad que todos aceptamos.
Pero un tesoro prehistórico, una estatua de la antigüedad o unas vasijas del año de la polca no. Ha pasado tanto tiempo y se han perdido tantas vidas en el proceso que ya no queda nada de los dueños originales o sus sucesores. No sabemos si los hay. Pero tenemos artefactos materiales que, de alguna forma, nos acercan a aquellas personas. Nos hablan de cómo vivían, de cómo se decoraban, de qué aspecto tenían o en qué creían. Son cosas que pertenecieron a alguien que ya no tiene nombre. Ya no tiene voz.
Por eso pasan a ser patrimonio histórico de todos. Porque lo único que sabemos es donde se encontró. Y por eso ahora somos nosotros, los vivos, los encargados de cuidar, respetar y proteger las cosas que pertenecieron a aquellos que ya no están. Aquellos difuntos que ya no tienen voz para gritar o un linaje que pueda defender su memoria.
Por eso creo que el patrimonio histórico es parte de nosotros, de nuestra identidad y de un compromiso invisible que nos une al pasado. Y por eso cada vez que alguien atenta contra ello robando, destruyendo o insultando, está atacándonos a todos.
No son crímenes de sangre o que causen daño a corto plazo. Pero cada vez que alguien destruye o aparta de todos uno de esos objetos, está arrebatándonos nuestra herencia a todos, y el recuerdo a aquellos que se fueron hace mucho tiempo.
Y por eso hoy quería hacer este pequeño alegato, que concluye volviendo a preguntaros:
¿Cuantas generaciones deben pasar para que un muerto deje de tener voz sobre sus cosas? Por supuesto, os pido opinión. Pero a mi juicio personal, nunca dejarán de tener voz, solo que la voz que les queda ahora es la de todos nosotros. Y por eso debemos cuidar todas esas cosas pensando en ellos. En nosotros. Pensando que nos las han legado para que cuidemos del pasado y su recuerdo a través de todo ese arte y esa historia.
Tras leer toca la ilustración para escuchar el podcast en ivoox, recuerda hay variaciones en relación al texto.
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