Serial radiofónico de Marta Caniego: «Tino: La magia oscura» – Capítulo 1

Continuámos dónde lo dejamos la semana pasada.

Capítulo 1

¿Quieren oír algo escandaloso? El pecado original es el libre albedrío.

Ruego se detengan antes de gritar o reír.

Después de todo, Adán y Eva actuaron al tomar el fruto del Edén. Desafiaron a la autoridad divina. Tomaron una decisión de forma autónoma. Fueron en contra de lo dicho por su creador.

Sospecho que, por eso, desde hace siglos, controlarlo ha sido el mayor quebradero de cabeza para los humanos. Como hijos de nuestro padre, a todos nos gusta hacer y deshacer, pero ya no nos gusta tanto que no estén de acuerdo con nosotros.

Porque querido lector. No se trata de obedecer o dejar de hacerlo, pues eso también conlleva una decisión. Más bien, el libre albedrío tiene que ver con pensar. Dicen que el cerebro es un músculo y que, si lo ejercitas para algo, lo que sea, dejas de ser parte de un zoo donde todos viven, comen y cagan igual, acorde con lo dictado (que lo puede dictar el cielo, el infierno o la abuela dependiendo del gusto) y pasas a decidir. A moverte, a actuar, a vivir. Si lo hacemos con más o menos consciencia, es otra cosa que depende de cada uno. Y sí. También es una decisión implícita.

Hagas lo que hagas, no puedes deshacerte de tu libre albedrío. Nacemos con ese pecado original y nos pasamos la vida intentando arrancárnoslo unos a otros.

Pero no porque tenerlo sea un pecado. Sino porque queremos ser los únicos en tenerlo. ¿Qué quién soy yo para hablar de esto? Me llamo Marquise Mortaris Tiranis, soy una bruja algorítmica y si, es necesario que todo acabe en “is”. No es latín. Solo me gusta como suena. A lo que vamos. En el pasado, a los brujos como yo se nos llamaba mentalistas y sonaba a algo muy poderoso. No podemos hacer crecer las plantas o provocar un maremoto, pero podemos meternos en tu cerebro y obligarte a que tomes la decisión de matar a tu padre, ir a la policía, entregarte y con una sonrisa de oreja a oreja, decir que lo hiciste por la causa noble que te apetezca. Eso es secundario. La clave es que solo sabrás si tomaste esa decisión obligada por mí o mis semejantes en caso de que nosotros queramos o de lo fuerte que sea tu mente para resistirse a nosotros. Por eso en estos tiempos se nos llama algorítmicos. Aunque a mí me gusta más usar mis apellidos. Mortal y tiránico.

Funcionamos como las redes sociales.

Pero por fortuna para ti, querido lector, personas como yo solo nace una por generación. De manera que mientras me abstenga de aparecer en YouTube o la radio diciendo que hagas algo, tendrías que tener muy mala suerte para cruzarte conmigo.

Menos mal que solo me interesan los descerebrados como Rafael.

Y pensar que el muy idiota se pensaba que un bozal me mantendría a raya.

Suerte que el pobre Tino se ha quedado dormido. Así no se agobiará tanto durante el viaje. Para los que nacemos con este don siempre es duro ver como nuestras familias dejan de vernos como hijos y pasan a entender que podemos ayudarles a conseguir estatus, poder o comodidades que de otra manera no tendrían jamás. La capacidad de meterse en el cerebro de la gente y dominar su libre albedrio, ordenándoles que decir o hacer en cada momento con todos los detalles que se da a una inteligencia artificial cuando quieres que te diga lo que quieres oír, es algo codiciado.

Y quienes nacemos así ya no somos humanos. Somos ángeles para quienes quieren usarnos y demonios para quienes quieren matarnos. Por eso, al final solo nos tenemos el uno al otro. El maestro y el alumno. El predecesor y el sucesor.

Algún día Tino ocupará mi lugar como brujo algorítmico o nuestro poder ancestral se extinguirá.

Lo sospeché nada más verlo y acabé de confirmarlo cuando vi que su padre no quería tocarlo.

Por eso me metí en su cabeza y le ordené acariciarlo.

Rafael sabía que, si mantenía contacto con su hijo y este le hacía cualquier pregunta, jamás podría mentirle. Aunque la verdad doliese.

Por eso llevo conmigo al niño. Tengo que enseñarle antes de que decida quién será el ser más poderoso de la tierra.

Tras leer toca darle al podcast en ivoox, recuerda hay variaciones en relación al texto.

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Laki

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