¿Qué es Desiderium? Sí, es mi última novela en sentido temporal. Y también dedicada al emperador Carlos V. Vale, que sí; que nunca se puede decir “de esta agua no beberé”, pero hay otras cosas en la cabeza y también conviene irles dando salida. Y hay una historia que me pide paso desde hace tiempo. Y también otra cosita por ahí que… Bueno, partido a partido.
A lo que iba: Desiderium. No poca gente me lo ha preguntado ya en los últimos días. ¿Eso qué diantres significa? Etimológicamente, proviene del latín desidero, que se traduce como añorar, desear o necesitar. También hay un matiz emocional, y es el que se refiere a sentir tristeza por aquello que se tuvo en el pasado o que ya no está.
Bien.
¿Quién añora qué entonces?
Porque todos los personajes de esta novela añoran algo o desean algo.
Pues vamos a ver…
Año 1525, por situar la acción.
En aquella época, Isabel de Portugal sabía que iba a ser sí o sí la mujer del emperador del Sacro Imperio Románico Germánico. O sea, la mujer de Carlos V. Se cuenta que estaba tan convencida de que acabaría siendo así que incluso llegó a pedir que le fabricaran un collar con la inscripción Aut Cesar, aut nihil, que era su lema personal. O lo que es lo mismo: o César o nadie. O me caso con el César de la época, el emperador Carlos V, o me voy directa al convento. Lo del convento no es ninguna tontería, pues su madre, María de Aragón, había dispuesto en su testamento que sus dos hijas, Isabel y Beatriz, sólo podían casarse con hijos legítimos de reyes. En caso de no encontrar un esposo adecuado, de cabeza al convento.
Aut Cesar, aut nihil. O me caso con Carlos, o al convento. Que, para colmo, Carlos era su primo hermano, pues María de Aragón y Juana de Castilla eran hermanas. Y eso del matrimonio entre primos hermanos…
Primer deseo.
Segundo deseo: Carlos necesitaba perras como el comer para pacificar el tinglado de Italia que Francisco I, rey de Francia, había agitado hasta quedarse bien a gusto. Y el reino más rico de la época, el que más perras tenía, era Portugal. Que si especias por aquí, que si reinos de ultramar por allá… Además, contaba con una hija casadera muy especial: Isabel.
Tercer deseo: la libertad de Francisco I. Que quería ser libre, como Los Chichos. El rey francés había sido apresado en la Batalla de Pavía, ocurrida el 24 de febrero, día del cumpleaños de su querido enemigo Carlos I de España y V de Alemania. Tras unos meses dando tumbos por Italia acabó en el Alcázar de Madrid con todos los gastos pagados por gentileza del rey español y emperador del Sacro Imperio Románico Germánico. De allí tenía clarinete que no saldría hasta satisfacer las exigencias económicas y territoriales del emperador. En especial, una: Borgoña. La tierra de sus antepasados, ganada por Francia en bélica lid década atrás. Y Francisco, azuzado en la distancia por su madre, Luisa de Saboya, dijo una y otra vez que no hasta que no le quedó más remedio si quería salir de prisión, y le soltó a Carlos aquello de para ti la perra gorda. Luego se desdijo de todas sus promesas una vez alcanzada la libertad y vino todo lo que vino a continuación.
Pero resulta que, más allá de las cosas de políticas de los reyes, Desiderium es una novela de la gente llana. De la que no tiene donde caerse muerta. Y también de sus deseos. Es la historia de la francesa Hélisenne Cousin, de la portuguesa María Dias, del judeoconverso Diego de Vargas. La historia de desheredados de la vida, de hombres y mujeres convertidos en piezas de un imaginario tablero de ajedrez movidos por manos que los necesitan para cumplir con sus intereses o resolver sus cuitas. A sus ojos, nadie. Vidas prescindibles, con un bagaje cruel en todos los casos. Olvidados por Dios, sabedores de que su suerte se resume en abrir los ojos al día siguiente y poder decir que siguen vivos.
De personajes con deseos de paz; de regresar a la compañía de los suyos; de añoranza —una vez más— por los que ya no están aquí y a los que echan más de menos de lo que pudiera parecer.
Pero, sobre todo, es una vuelta a los orígenes, a esa La conspiración de Yuste que todavía sigue deparándome tantas alegrías, pero con el encabronamiento en general que te dan los dieciocho años que han pasado ya desde aquella novela. Quizás porque siempre me he tomado más en serio el amor y sus cuitas que la guerra. O quizás porque dieciocho años dan para acumular unas cuantas cicatrices. A saber.
Todo eso y mucho más es Desiderium.
Si la leéis, espero que os guste.
Os dejo la portada 👇🏻👇🏻👇🏻
Ahora dale y me escuchas en ivoox, como de costumbre 😉
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