«Gana el rojo pasión» por Medussa (@MedussaEros): «Servicio completo»

Servicio completo

El timbre sonó en la puerta del apartamento del quinto piso. Felix, un veinteañero moreno, delgado y fibroso, cargaba con las bolsas de la compra del supermercado en que trabajaba. Sudaba ligeramente bajo la camiseta ajustada, el casco de la moto aún colgando del brazo. Abrió la puerta Ana, una cuarentona casada, con el cabello rubio de bote que ya mostraba raíces oscuras, desaliñadas. Vestía una bata ligera que apenas ocultaba sus curvas maduras, los ojos cansados de una rutina doméstica.

—Buenas tardes, señora. Su pedido —dijo Felix, depositando las bolsas en el umbral.

Ana lo miró de arriba abajo, deteniéndose en su piel morena, en los músculos finos de sus brazos. Él sonrió, una sonrisa ladeada que iluminaba sus ojos oscuros.

—Pasa, chico, no lo dejes ahí. El ascensor está estropeado, ¿verdad? Qué amable subirlo a pie.

Felix entró, cargando las bolsas hasta la cocina. El aire olía a café reciente y a soledad. Mientras colocaba los paquetes en la encimera, rozó accidentalmente su mano contra la de ella. Ana se sonrojó, no se apartó.

—¿Siempre tan servicial? —preguntó ella, con voz ronca, fingiendo ordenar los envases.

—Sólo con clientas como usted —replicó él, acercándose un paso. Sus ojos se clavaron en los de ella, intensos, prometedores—. Parece que necesita un poco de ayuda extra hoy.

Ana sintió un calor subirle por el cuello. Hacía meses que su marido no la tocaba, siempre de viaje. Felix era joven, fresco, prohibido. Él extendió la mano y le apartó un mechón de cabello del rostro, sus dedos cálidos contra la piel.

—No sé si… —murmuró ella, inclinando su cuerpo hacia él.

Felix la atrajo con suavidad, besándola en el cuello, donde el pulso latía acelerado. Sus labios eran suaves, insistentes. Ana jadeó, rodeándole la cintura con los brazos. Él la levantó sin esfuerzo, sentándola en la encimera. Sus manos exploraron bajo la bata, acariciando la piel suave de sus muslos, ascendiendo con deliberada lentitud. Ella se arqueó, respondiendo al tacto experto, al roce que despertaba sensaciones olvidadas.

—Eres preciosa —susurró él, besándola en los labios ahora, profundo, dominando.

Ana se rindió. Lo guió por el pasillo hasta el dormitorio, la cama de matrimonio con sábanas revueltas. Felix la desvistió con prisa contenida, admirando sus grandes pechos, su vientre suave. Ella lo desnudó a su vez, fascinada por su juventud vigorosa. Se tumbaron, él sobre ella, besando cada centímetro de su cuerpo, desde los hombros hasta el ombligo, deteniéndose en zonas sensibles que la hicieron gemir.

La seducción fue un torbellino: Felix la tocaba con maestría, susurrándola al oído, mientras sus dedos y labios exploraban, avivando un fuego que Ana creía extinguido. Ella se entregaba, besándolo con hambre acumulada, arañando su espalda morena.

En la cama, Felix la penetró con lentitud al principio, llenándola por completo, su miembro endurecido deslizándose en su interior húmedo y cálido. Ana gritó de placer, clavando las uñas en sus hombros. Él aceleró el ritmo, embistiendo con fuerza controlada, cada movimiento profundo y preciso, golpeando puntos que la volvían loca. Sus caderas se movían en sincronía, el sudor mezclándose en sus cuerpos. El joven la giró, colocándola encima para que ella le cabalgara con frenesí, sintiendo cómo la llenaba hasta el fondo, irradiando oleadas intensas de placer. Jadeaba, los ojos cerrados, perdida en el éxtasis. Él la sujetaba por las caderas, guiándola, hasta que un orgasmo la atravesó como una descarga eléctrica, contrayendo su sexo alrededor de él. Felix la siguió, derramándose dentro mientras ahogaba un gruñido sofocado. Se quedaron unidos, respiraciones entrecortadas, todo su mundo reducido a esa cama.

Después, mientras se vestían, Ana sacó la cartera con una sonrisa pícara.

—Aquí tienes una propina, por subir el pedido… y todo lo demás.

Felix rio, guardándose los billetes.

—Un placer, señora. Llame cuando quiera más.

Salió silbando, dejando a Ana con un morboso y perverso pensamiento: el marido pagaría la factura, sin saber que el verdadero servicio ya estaba cobrado.

@MedussaEros

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