«Oficio de tinieblas» de Pilar Rodríguez (@PilarR1977): «Maestra» (parte II)

SEGUNDA PARTE

Aquella madrugada hubo de recurrir a un moribundo de San Carlos para saciarse.

No era agradable, la enfermedad, la muerte nunca lo eran y si bien sangre apagada no era sangre viva, la dama tenía trabajo y había de cundirle la noche. Cumplió pronto con el encargo de sus patronos: un nombre, uno de esos que, en otro mundo, aparecería sin duda en los libros de Historia…un nombre cuyo eco aquellos que pagaban por sus servicios preferían apagar antes siquiera de que empezase a pronunciarse. Jamás preguntaba; era tan sólo una forma de ganarse la vida…

…la vida, y sus labios apenas murmuraron ese par de palabras, inasumibles para la inmortal de corazón helado.

Desde el centro de la ciudad le llegó el sonido de las campanas. Contó cuatro. Los días eran cortos, las madrugadas largas, y hubiese gustado de retirarse temprano.

“Tres muertes en una noche, cara: ¿no crees que es demasiado hasta para ti?”

Acalló a su cada vez más opaca conciencia; por qué seguía ahí, después de tantos años, después de tanta oscuridad, después de tanto pecado, era un misterio…pero la condenada vocecilla seguía fastidiándola cuando menos lo esperaba.

El palacete de los Revoa dormía. Se intuía una luz en la segunda planta, en las habitaciones principales: se decía que el joven señor, milagrosamente recuperado, había vuelto a sus planos, al negocio de la familia.

“Milagrosamente recuperado”, se dijo, mientras una tensa sonrisa se dibujada en su boca.

No entraría sin ser invitada, por supuesto. De haberlo querido, se habría colado entre los huecos de las bisagras, o se habría deslizado con la fluidez de la niebla rasgada bajo las ventanas mal encajadas; más era quien era, asesina sin alma, inmortal, pero una dama respetable, una no muerta respetuosa con los usos y las convenciones de las criaturas del crepúsculo.

Y, por otro lado, aquel lugar apestaba a lobo. Tampoco habría sido juicioso.

Si ahí dentro había otra bruja, no le sería difícil encontrarla.

“Llara”

Tenía sueños extraños la joven doncella aquella noche.  

Helaba, pero, al sentarse al borde de la cama, la cálida humedad del sudor pegaba el algodón del camisón a su piel.

“Llara”

Sin duda, aún no había despertado. Su compañera de cuarto dormía, cubierta hasta la cabeza. Nada se movía en la estancia, y nada la sacó de la cama y la llevó a la ventana.

“Llara”

No podía moverse. En su pesadilla, aquella sombra más oscura que la propia madrugada alzaba la cabeza. 

En su pesadilla, en el rostro desdibujado de aquel desatino, brillaron dos ojos rojos.

—Per Diò, sei solo una bambina…

La lengua de la mujer que la trajo al mundo siglos antes volvía a sus labios cuando se permitía abrir una brecha en el muro de frialdad de su alma inmortal.

No llegaría a los veinte, pero, aún así, se decía por los mentideros que la tal Llara había domado al hijo maldito de Amalia, la Llobera, la bruja que dejó inmortalidad y poder por los afectos de un esposo mortal y de un hijo mestizo.

La dama muerta jamás lo diría en voz alta, tenía una reputación que mantener, pero comprendía y, en parte, envidiaba a la difunta llobera.

Suspiró. Se recogió la falda para impedir que el barro manchase los bajos de terciopelo y aceleró el paso, deseosa de llegar al piso, cerca de Bailén, que llamaba “hogar”. El cielo clareaba; un mortal no notaría aún cambio alguno, más, a sus ojos, el brillo de las estrellas se atenuaba y el firmamento comenzaba a tornar azulado al este; presentía la dama que se avecinaban noches y días ocupados…y algo tan simple como el descanso era, para aquellos que moran entre crepúsculo y alba, a veces, un lujo.

Un lujo que pensaba darse después de una última parada.

Ahora dale a la ilustración para escuchar el podcast, recuerda que no son iguales, incluyo alguna variación.

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La próxima semana un nuevo episodio de la continuación de la historia de «La Llobera»

@PilarR1977

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