Hoy me despido con un desenlace que espero sea de vuestro agrado.
Final
La maleza invadía lo que antes había sido un camino rural, ahora asemejaba estar abandonado desde hacía mucho tiempo. Continuaron hasta llegar a un pequeño campamento. Unas cabañas fabricadas con maderos, colchones, tiendas de campaña… Sin embargo, allí se cocía todo el plan para luchar contra la corrupción.
Patricia salió a su encuentro, acompañada de todos los curiosos que estaban en aquel momento.
—Ya me avisó Pedro de vuestra llegada. Pasad, estaréis cansados.
Entraron en una zona techada con todo lo que habían encontrado pero que les resguardaba del frío y el calor. Era lo suficientemente grande para que cupiesen varias mesas con sus respectivas sillas.
—Es nuestro comedor. También es donde nos reunimos para organizarnos. Vamos, el salón social. —Sonrió.
Encima de las mesas pusieron unas cajas con bollos de colores, proteínas y tabletas de distintos gustos. También había agua caliente por si deseaban hacer una sopa con ellas. Sonia sirvió un poco en los vasos y metieron dentro las tabletas para deshacerlas. Necesitaban algo que les entonase.
—¡Espera, Carlos! —dijo Patricia—. Esto es para ti.
Un chico, de pocos años más que él, trajo una caja con manzanas, peras y otras frutas de temporada. Hacía mucho tiempo que Enrique y Sonia no veían algo tan exquisito, aunque ellos no podían probarlos. Carlos ni siquiera conocía esas cosas de colores llamativos que olían tan bien.
Sonia cogió una pieza y la olió con los ojos cerrados. Su aroma le traía recuerdos y sonrió con tristeza. Se la ofreció a su hijo. Carlos la chupó y miró a su madre.
—Tienes que morderla. Es una manzana.
Él obedeció. El sabor le pareció arenoso, pero mucho más sabroso que las tabletas o los bollos de colores. Sus ojos brillaban con cada bocado.
Los demás lo observaban con satisfacción y una pequeña dosis de envidia.
Patricia se dirigió a Sonia:
—Estamos trabajando en una vacuna para que la humanidad pueda volver a comer alimentos naturales. Cuando nos vacunaron a toda la población, eliminaron la posibilidad de producir enzimas DAO. Esas enzimas estaban en nuestro organismo y eran las que destruían las histaminas. Ahora, ni siquiera tomándolas en pastillas, podemos producirlas. No las asimila el cuerpo.
Sonia la observaba interesada, igual que Enrique. Patricia continuó:
—Llevamos esperando años a encontrar a alguien no tratado. Necesitamos a Carlos para obtener enzimas que no rechace nuestro organismo. Sería solo obtenerlas y tratarlas. La vacuna ya está casi lista. ¿Contamos con tu autorización? No le haremos daño. Únicamente se trata de extraer sangre para cultivos.
Sonia no dudó. Carlos podía ayudar a mucha gente a sobrevivir. Patricia añadió:
—Estamos recuperando la agricultura que habíamos abandonado, aquí y en otros países. Solo esperábamos disponer de la vacuna. Una vez creada, la distribuiremos por el agua. Tesa caerá bajo los mandos infiltrados y volveremos todo a su lugar.
—Mi pueblo tenía muchos cultivos, pero los dejaron al no poder ser útiles para alimentarnos. Nadie podía comer esos productos. Si tu idea funciona, la gente volvería a cultivar.
—La gente regresaría a los pueblos —dijo Enrique—. Al revés de lo que ocurrió con la industrialización. Las ciudades se irían abandonando para ir al campo. Volvería la agricultura y la ganadería.
El chico que había traído la fruta, regresó con una jarra de leche. Carlos miró con curiosidad como llenaba su vaso. Sin preguntar, se lo llevó a la boca y bebió. Sonrió con el bigote manchado de blanco.
—No me importaría volver a mi pueblo. Carlos era feliz allí y, ahora que sé que puede alimentarse como antaño, recuperaré mi huerta y la granja. Teníamos gallinas, ovejas y vacas. Mis padres adoraban ese lugar. Creo que seríamos felices —dijo mirando a Enrique.
—Seguramente me guste esa vida —respondió él con una sonrisa.
Enrique se marchó al día siguiente. Patricia y otros doctores comenzaron las pruebas con la vacuna en un laboratorio improvisado en una caravana antigua.
Al cabo de un mes, la vacuna estaba lista y la prueba con los habitantes del poblado había sido positiva. Era el momento.
Un emisario salió hacia Tesa llevando bidones con la vacuna, además de pequeñas muestras de DAO en inyectables que enviarían a otros países donde la resistencia tenía ubicaciones. Debían actuar rápido y al mismo tiempo.
Cuando llegó el momento, Patricia se reunió con Pedro en las instalaciones de Tesa. Los antiguos directivos habían sido eliminados y la resistencia había cogido el mando. Se informó a la sociedad por los medios de comunicación y se creó un ejército que organizaba a la población. Ella siguió investigando y fabricando vacunas para llegar a más gente.
En cada pueblo o aldea se crearon campos de cultivos. Mientras no tuviesen rendimientos, seguían alimentándose de las tabletas y productos procesados. Los árboles recién plantados tardarían unos años en dar frutos, pero aún quedaba alguno que se mantenía por sí solo. En cuanto a las verduras y hortalizas, en breve podrían ser recolectadas.
Sonia y Carlos regresaron a su pueblo. Volvieron a arar las tierras de sus abuelos y a sembrar con las semillas de las plantas que habían crecido salvajes. Al poco tiempo, pequeños brotes comenzaron a asomar trayendo un rayito de esperanza. Los antiguos pobladores de la región regresaron junto a otras familias que buscaban trabajar los campos.
Una tarde de verano, cuando Sonia descansaba a la sombra de un viejo nogal y Carlos se bañaba en el río, Enrique regresó. Desde la distancia observó la escena. Era algo que no conocía. Una emoción de tranquilidad, prosperidad y paz que ninguno había experimentado antes. Se sintió en casa y sonrió mientras caminaba a su encuentro.
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