Serial radiofónico de Marta Caniego: «Tino: La magia oscura» – Capítulo 5

Tras este capítulo llegará el desenlace.

Capítulo 5

Las lámparas de aceite están pasadas de moda, pero alumbran si sabes utilizarlas como toca. Es típico hablar sobre el poder que tiene la luz para ahuyentar la oscuridad, pero pocos saben cómo funciona esto en realidad. En cualquier caso, no es lo que nos ocupa.

—Sé que está desordenado, pero es funcional, te lo garantizo —Tino se apartó, dejando paso a Alexia.

Tal y como avisó, el lugar no era un lecho de rosas. Más bien el típico estudio de un neurótico incapaz de terminar un único proyecto. Las paredes de piedra estaban empapeladas con planos de artilugios a medias de hacer y las libretas llenas de números se apilaban en una mesa pequeña, pero, para sorpresa de todos, muy resistente. Alexia miró con algo de lástima los prototipos sin terminar de unos cuantos humanoides similares a ella, a medias de ocultar en un baúl abierto. No eran más que esqueletos de criaturas mecánicas a las que tocaría poner piel sintética, pintar y adornar para darles… ¿qué se pretendía aportar a un trozo de hojalata?

—Puedes acomodarte si quieres —ofreció el joven, señalando una camilla preparada para atar a alguien con correas.

Alexia lo miró molesta, enarcando una ceja. Su cabello aún estaba húmero tras el interrogatorio de Marquise, pero poco a poco iba recuperando la forma. Ya se movía con normalidad.

Tino no pudo evitar perderse en la belleza de sus ojos, pero tuvo que reponerse de inmediato. No estaba allí para admirar a la chica.

—Me refería a que te sientes. No hace falta que… disculpa.

Ella suavizó un poco el gesto, pero siguió despreciándole con la mirada. Se acomodó en el borde de la camilla, manteniendo las manos juntas, las piernas pegadas y el cuello erguido, altivo.

— ¿Siempre eres así, humano?

Tino hubiese dado todo lo que tenía por leer sus pensamientos. Estuvo tentado de activar su magia para tratar de penetrar en su cabeza, pero su alma no estaba hecha de lo mismo que la suya. Era como leer en otro idioma.

— ¿Así como?

—Tan… —comenzó a decir Alexia mientras observaba una araña deslizándose por el techo, en dirección a las vigas del castillo. Por si acaso, no informar de este detalle a Tino pareció la idea más sensata—. Transparente.

—Soy un brujo de la mente. Soy yo quien lee a otros.

—Si quieres creer eso, adelante.

Pero él no escuchó aquel “adelante”. Lo amortiguó el ruido de las botellas al chocar. Tino no daba con la caja correcta y todas las sustancias que contenían esos frascos amenazaban con romperse antes de poder sacar la correcta. El muchacho se peleaba contra las pócimas que él mismo preparo y colocó, tratando de ser ordenado, poniendo etiquetas en cada tapón. No contó con que la humedad del ambiente deteriorase la tinta con que estaban escritas. Ahora solo eran manchas negras con recuerdos de lo que fueron letras.

Por fin, dio con lo que buscaba. Lo reconoció por el color del vidrio. Tomó el frasco y se giró para mostrarlo a su paciente, pero esta lo sorprendió por la espalda, manteniéndose muy pegada a él.

La impresión fue tan grande que a Tino se le cayó el frasco, terminando por estrellarse contra las baldosas del suelo. El muchacho estaba recuperándose del susto cuando la chica habló, sin darle tiempo a nada.

— ¿Eso era lo que intentaste inyectarme el otro día?

— ¿Estás loca? —Tino no era capaz de respirar. —Fuiste tú quien se escapó. Menos mal que no conoces los alrededores.

Ahora notaba que la expresión de Alexia tenía aspecto humano. Mucho más de lo que sería normal en estos casos. Era como si bajo aquella piel falsa y esos ojos de vidrio, el fuego interno no fuese una bombilla. Y si lo era, calentaba igual que un fuego humano. Del mismo modo que un corazón enfadado.

Tino, joven y poco acostumbrado a no leer mentes, por primera vez sintió la angustia existencial propia de las dudas.

—Espera…—trató de explicarse

—Nada de eso —la chica lo atrapó por el cuello de la camisa y lo estampó contra la caja de frascos de cristal, rompiendo varios contras la cara del mago—. Solo eres mi creador. ¿Qué te da derecho a matarme?

Tino tuvo que escupir trozos de cristal y líquidos espesos que sabían a rallos. Con seguridad alguno era aceite de motor. Al respirar, le salió un grito amortiguado.

—Intentaste escapar cuando estaba cerca de hacerte sentir —consiguió dar una patada a Alexia, empujándola a la otra punta de la sala. Le dolía el cuello y notaba la sangre atravesando su mejilla—. Te equivocas al creer que intentaba matarte.

Alexia acababa de golpearse la cabeza contra el suelo, en un movimiento que podría haber matado a cualquiera. Pero ella sobrevivía. Siempre sobrevivía para levantarse con movimientos cada vez más hostiles. Cada vez más violentos.

—Yo ya siento— se defendió, iracunda—. No me pasa nada. No necesito cambiar.

Ahora Tino necesitaba un milagro para salir vivo. Alexia tenía razón. Tenía capacidad de sentir y juicio propio, pero no era capaz de responder de otro modo que no fuese la violencia. No podía evitar sentirse estúpido por haberla diseñado tan bien para responder las ofensas con violencia, pero tan mal para conservar la templanza.

—No sientes como debes —intentó explicarle.

— ¿Tu que sabes lo que debería sentir?

Con toda seguridad, su odio venía del maltrato recibido por parte de Marquise. Prefirió no pensar que ella le odiaba también por haberle impedido marcharse del castillo. No era posible que Alexia supiera distinguir el mero impulso de la voluntad consciente por hacer algo.

—Te diseñé por un motivo.

Ella iba a volver a abalanzarse sobre él, pero literalmente lo salvó la campana.

Tras leer toca darle al podcast en ivoox, recuerda hay variaciones en relación al texto.

🎙 🎧 👇🏻

Llega el desenlace en 15 días.

Laki

Publicado en Marta Caniego, Tino: La magia oscura (serial radiofónico, verano 2026) | Etiquetado , , , , | Deja un comentario