Personajes berlanguianos

 

Vivir en la sociedad de las prisas, de todo aquí y ahora, de no contrastar las opiniones, de querer formar parte de la masa aunque sea borreguil nos lleva a ser un calco de los personajes que pululaban por las películas de Berlanga, seres ridículos y absurdos a más no poder. Por cierto, el maestro del cine hubiera cumplido este pasado 21 de junio cien años y hay que celebrarlo.

La inmensa mayoría somos unos ridículos engreídos, nos creemos saberlo todo porque consultamos Google o la Wikipedia y no somos más que unos cantamañanas.

Nos gusta enredarnos en espectáculos bochornosos más propios de una noticia del extinto diario El Caso. Somos así, perdemos el tiempo en dar pábulo a absurdeces porque nos las tragamos todas por no detenernos a reflexionar. ¿Qué será eso?

En estos personajes berlanguianos en los que nos hemos convertido con nuestro seguidismo atolondrado hacia ninguna parte nos estamos dejando manipular por quienes tienen intereses en potenciar “lo suyo” que nunca coincide con “lo nuestro”.

Allá que nos tirarnos a la piscina sin fijarnos si hay agua, así nos pasa que nos damos tremendos talegazos cuando se descubre el pastel. Luego con poner cara de palominos atontados y no saber donde coño (perdón por la grosería) meternos creemos tenerlo solucionado.

¿Por qué tenemos siempre prisa en posicionarnos sin pararnos a reflexionar? ¿Por qué esa facilidad de sacar el dedo acusador hacia el contrario sin siquiera saber de qué va la vaina? Una cuestión más, ¿sabemos quién es el contrario?

Vivimos en un sindiós absurdo, ridículo y patético donde aquello de «si no tienes nada que decir, mejor cállate» no tiene cabida. Tenemos que hablar, hablar y hablar sin saber lo que decimos, aunque algunos saben muy bien lo que están diciendo para liarnos al resto.

El resto somos los gilipollas palmeros que creemos tener que estar armando ruido en la causa de no se sabe qué ni porqué.

La sociedad ha dejado de conjugar verbos como investigar, reflexionar, contrastar para darle a la sin hueso a tontas y a locas.

¿Somos personajes berlanguianos? Soy incapaz de decir que no observando nuestro comportamiento.

Sigamos siendo ridículos bufones de quienes manejan los hilos de todo esto, sigamos siendo absurdos irreflexivos y queriendo las cosas al segundo, sigamos siendo borregos adoctrinados. Como mucho en el mejor de los casos continuaremos formando parte de la película coral de Berlanga en la que estamos, en el peor, alguien resucitará el diario El Caso y apareceremos en portada.

Galiana

 

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