‘Pa’ habernos ‘matao’ por @VictorFCorreas, serial sobre el duque de Alba, incluye el podcast de @ivoox: «Las cifras del Tribunal de los Tumultos»

CAPÍTULO 39: Las cifras del Tribunal de los Tumultos

Que don Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel subió para Flandes en 1567 con el objetivo de liarla parda, tal y como había consensuado con su rey, se sabe ya de aquí a Lima. Fue a sembrar el terror y lo sembró con creces; pensando —y creyendo— que su majestad filipina subiría la primavera siguiente para poner paz y gloria en aquellas tierras. Incluso Felipe II no las tenía todas consigo viendo la premura del tiempo. «Me ha parecido que si partiese tan pronto como la estación y el mar lo exigirían, no tendríais tiempo de arreglar el asunto del castigo que se ha considerado siempre debía ejecutarse antes de mi llegada…», escribió al duque al respecto. Un vamos a ver, que no sé yo si tal Pascual: poco tiempo y mucha faena. Pero que el duque tenía que liarla, sí; y que no se demorara mucho la cosa.

Vuelve Felipe II: «Sólo querría, y así os lo ruego y encargo [al duque de Alba], que procuréis se abrevie cuanto más se pudiere, que con esto y declararles a su tiempo las justas causas de lo que se hubiere hecho, se aquietarán todos los que están a la mira». O sea, leña al manzano, que está maduro; no se vaya a escapar más de un polluelo y no se le pueda echar ya el guante. Verbigracia, Guillermo de Orange. En consecuencia, el duque abrevió. Vaya si lo hizo, como ya conté en el capítulo anterior. El de Orange se le escapó, pero los demás no.

En 1982, Charles Bronson protagonizó Death Wish II, que aquí se tituló Yo soy la Justicia. O sea, Bronson en estado puro: tiros, hostias y aquí las cosas se hacen a mi manera. Más o menos lo que hizo el duque de Alba en aquella Bruselas entre su llegada en agosto de 1567 y junio de 1568. Como cuenta Henry Kamen en El gran duque de Alba, don Fernando era «literalmente el Tribunal de los Tumultos, y sus miembros no podían llegar a conclusiones sin su aprobación». Sólo en un día de marzo de 1568 se practicaron quinientas detenciones; y se dictaron imputaciones contra las poblaciones principales, a las que se acusó de rebelión por los sucesos de 1566.

Ahora bien, ¿fue realmente ese Tribunal de la Sangre del que todavía se habla en Flandes tan sangriento? Que hubo terror, lo hubo. Negarlo sería de necios; que el duque de Alba no subió a Flandes a repartir caramelos Sugus precisamente. Pero de ahí a lo que se marcó, por ejemplo, John Lothrop Motley… pues media un abismo como el de Helm más o menos. «El impacto de aquellos años se ha inflado de forma grotesca», refiere Kamen. Con este propósito rescata en El gran duque de Alba un párrafo del clásico History of the Rise of the Dutch Republic de Motley que no tiene desperdicio: «Todo el país se convirtió en un osario, las campanas de la muerte tañían a todas horas en todos los pueblos. Las columnas y postes de todas las calles, las puertas de las casas, las cercas de los campos estaban cargadas de cadáveres estrangulados, quemados, decapitados. Así es como fueron aplastados los Países Bajos». Acojonante.

Como insiste Kamen, «esa imagen pervive en la memoria popular y en los libros de historia y hay que rechazarla enérgicamente». Porque fue desatarse de verdad las hostilidades… Y que si 100.000 muertos —versiones posteriores elevaron esta cifra a 200.000— por aquí, millones de desplazados por allá… Ni el genocidio de Ruanda en 1994. Entre el panfleto político Apologie, escrito en 1580 en defensa de Guillermo de Orange al comienzo de aquellas hostilidades —también llamadas Guerra de los 80 años—, y autores protestantes ingleses como John Foxe con El libro de los mártires, además de cronistas y panfletistas ingleses de diverso pelaje, tenemos lo que tenemos: es mentar al duque en aquellas tierras y llevarte una mirada de esas que te hielan la sangre o que se cisquen en tu madre directamente.

Que sí; que si lo miramos con ojos del siglo XVI, lo que vivieron en Bruselas fue terror no, lo siguiente. Hay que reconocer que tanto el autor anónimo de Apologie como otros tantos se lo curraron: que si el duque devorando niños a palo seco o comiendo cuerpos de protestantes como si no hubiera un mañana; que si rodeado de cabezas cortadas a modo de trofeo o bien acompañado por demonios y verdugos dando una pensada a la siguiente hazaña… Pero, como explica William S. Maltby en El gran duque de Alba, lo ocurrido de verdad «no guarda relación alguna con el holocausto imaginado por posteriores historiadores y autores de panfletos».

El historiador norteamericano refiere en dicha obra que se condenó a un total de 8.957 personas entre 1567 y 1576. No obstante, como hubo peña que puso los pies en polvorosa antes de la llegada del duque —Guillermo de Orange mismo, insisto—, «sólo se ejecutó a 1.083 y se desterró a 20». Y de esa cifra de ejecutados, la mayoría pintaba menos que la Tomasa en los títeres, por resumir.

En definitiva, el plan de represión pergeñado a medias entre el duque de Alba y Felipe II, del que el Tribunal de los Tumultos fue parte esencial, quedó a medias. Es más, don Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel estaba convencido de que su majestad subiría en primavera o verano para, en la medida de lo posible, «hacer un lugar seguro de aquella tierra», explica Maltby en El gran duque de Alba. Por lo tanto, el duque cumplió con su parte: el terror, etcétera.

Ahora, Felipe II nunca.

Claro que lo que se tuvo que comer ese hombre… Como para subir a Flandes.

Esa la contaremos la semana que viene.

Ahora dale al podcast en ivoox, recuerda hay variaciones entre el texto y el audio.

🎧👇🎙

@VictorFCorreas

Publicado en ‘Pa’ habernos ‘matao’, Duque de Alba, Historia, Podcasts de Historia, Víctor Fernández Correas | Etiquetado , , , | Deja un comentario