Historias de relatos por Marta Caniego: Artista

Artista

El hada verde es un ser caprichoso. Puede presentarse en cualquier momento, ataviada con ropas de seda esmeralda y perfumada con aroma de absenta, fuerte e inconfundible, prometiendo una noche de inspiración sin límites o de delirios exaltados. Nunca se sabe lo que traerá, o si aquello será bueno o malo.

Lo peor es que no tiene teléfono, no utiliza el correo y no entiende de ruegos. Si no quiere ayudarte, no lo va a hacer. Si no quiere ponerte en la cima, no lo hará. El hada verde viene, te ama un rato y luego se va, dejando tras de sí un rastro de humo verdoso que se desvanece sin dejar huella.

Muchos artistas enloquecieron intentando mantener ese vapor sagrado, portador de la verdadera inspiración, encerrado en botellas y cubos, pero nunca lo lograron. Que cómo lo sé, se estarán preguntando. Porque ella vino a mí una noche en que tomé mi primera copa de absenta.

Estaba dispuesta a meterme en ese mundo que solo conocen unos pocos, donde habitan las historias encerradas tras mil cerrojos, aguardando a que alguien las saque a la luz.

Ahí estaba, deslumbrante como era, prendiendo fuego al azucarillo que descansaba sobre la cuchara de plata y que luego se fundiría con el líquido verde. El hada me besó, embriagadora, entregándome aquella inspiración para luego arrebatármela entre risas.

Ella era la puerta del arte y, si no le placía, al final te impedía acceder a él.

Jamás pude volver a tenerla. A aquellos a quienes les relaté mi experiencia me pidieron que dejase la bebida, pero no pude hacerlo. Mi alma me pedía seguir escribiendo y el mundo, ese mundo que me rodeaba, asistía ajeno a los males que me ahogaban el pecho, como alfileres que se burlaban de mí.

Ella no volverá, parecían decir. Tiene otro favorito.

Y, para mi desolación, eso descubrí una noche en que bebía solo en el café.

Estaba apoyada junto a la barra de roble, susurrando al oído de un joven artista que preparaba su primera copa de absenta, poniendo sobre ella la cucharilla de plata con el azucarillo en llamas.

—Bebe —le apremiaba, igual que hizo conmigo—. Bebe y te mostraré cosas que jamás olvidarás.

No sé si fue por las ganas de proteger al muchacho o porque sentí celos de que otro artista fuese elegido. Pero me quedé en la silla mirando, mientras la cabeza me martilleaba y las lágrimas de impotencia se convertían en destellos de furia contenida, invisibles a simple vista.

Ay de aquel que piense que la rabia contenida es menos letal.

De un trago me bebí la última copa de absenta y luego exhalé humo, igual que un dragón. Sé que todos me miraron cuando agarré la botella vacía y la rompí contra la mesa, pero no recuerdo si alguien de aquel local gritó cuando apuñalé al jovencito que coqueteaba con el hada.

Tal vez les pareció morboso que me llevase el cristal manchado a los labios, notando el sabor de la sangre de aquel desgraciado mezclada con las gotas de licor que aún quedaban.

En vez de enfadarse, el hada verde se acercó para darme un último beso, cargado de aquella densa humareda verde que, esta vez, no desapareció, sino que se introdujo en mi nariz y boca, taponando los conductos que llevaban el aire hasta mis pulmones.

De repente, no podía respirar y tampoco pedir ayuda para que me quitaran de encima aquella sombra femenina. Me estaba matando a ojos de todos y yo se lo estaba permitiendo al dejarle acariciarme los labios con sus dientes.

Los últimos instantes de mi vida, más loco que lúcido, los usé para clavarle la botella de absenta en la espalda, con la mala fortuna de que ella desapareció en aquel momento. Así que tampoco pude vengarme de ella.

Morí como un borracho, apuñalándome con la misma botella rota que usé para asesinar a otro artista.

Ahora que estoy muerto y nada me preocupa, me doy cuenta del absurdo de aquella velada y de por qué las botellas de absenta suelen tener una calavera.

Es una advertencia.

No obstante, si entre los lectores de mi relato queda sitio para la duda, me gustaría preguntarles por qué no prueban un poco de absenta.

Tal vez les inspire.

Tras leer toca la ilustración para escuchar el podcast en ivoox, recuerda hay variaciones en relación al texto.

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Marta Caniego