Alberto Menéndez Engra y el cine: «Independence Day, ¿qué podría salir mal?»

Este año se ha cumplido el 250º aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos. Precisamente con este título tan emblemático, Independence Day, hizo su aparición una de las películas más recordadas del género de ciencia ficción. Este largometraje de 1996 dirigido por Roland Emmerich trata sobre una invasión alienígena sobre el planeta Tierra con intenciones más bien poco amistosas. Olvidémonos por un momento del adorable marciano que nos regaló Spielberg en ET, el extraterrestre.

Aunque no hayamos visto esta película, casi todos podemos reconocer el momento clímax del film: unas naves gigantescas, cuyo fin no alcanza la vista, se colocan sobre las ciudades más populosas del planeta y las reducen a cenizas en cuestión de minutos. A ver si lo adivinan. Sí, una de las ellas es Nueva York, como no. Otras, Washington D. C. (con un primer plano de la Casa Blanca siendo borrada del mapa) y Los Ángeles. Pero otras como París o Moscú también reciben de lo suyo, por supuesto.

Al parecer, solo algunos momentos antes de la dramática destrucción, un buen porcentaje de la población aún parecía creer que estos seres venían en son de paz. Desde luego, nada más lejos de la realidad. El único objetivo de estas extrañas formas de vida es aniquilarnos y así poder aprovechar al máximo los recursos naturales que les ofrece nuestro planeta. Como muy bien puede observar el presidente estadounidense (interpretado por el actor Bill Pullman), no cabe ningún tipo de negociación.

Aquí es cuando los seres humanos deben unirse para hacer frente al colosal desafío que tienen por delante. Liderados por Estados Unidos, por supuesto, o más bien lo que aún queda de este país. Pero la tecnología de los invasores es mucho más avanzada. No obstante, la hábil introducción de un virus informático terrícola dentro del sistema alienígena (¿de verdad?) consigue neutralizar sus poderosos escudos y así poder lanzar un valiente contraataque para salvar el planeta. Un final feliz, o al menos eso parece.

Las cintas sobre la “amable” visita de seres de otros planetas han sido casi incontables: La guerra de los mundos (basada en la novela homónima), la saga Alien, La cosa, entre otras. De entre todas ellas, Independence Day ocupa un lugar memorable. Y no sólo por los efectos especiales, aún sorprendentes incluso en nuestros días. La razón quizás se encuentre en el hecho de vislumbrar cómo unos simples marcianos son capaces de aniquilar a millones de personas en un instante sin despeinarse (aunque no tengan pelo).

Por el momento, solo se trata de una cuestión de ciencia ficción. Pero al ver Independence Day, siempre me hacía las mismas preguntas una y otra vez: ¿cómo sería un encuentro con alienígenas? ¿Sería como en esta película tan recordada? Debido a la inusual acumulación de factores (atmósfera, agua en estado líquido, distancia del Sol,…) que hacen posible la irrupción de vida en un planeta, parece muy poco probable que podamos tener el gusto de tener esta experiencia. Para bien o para mal.

Otra de las cuestiones que me planteaba era la siguiente: ¿estos extraterrestres se parecerían a nosotros? Desde los lejanos tiempos de la aparición de los primeros primates, la evolución nos ha moldeado a lo largo de millones de años. Y hemos conseguidos logros impensables incluso para nuestros antepasados más recientes. Pero uno se queda aturullado al darse cuenta de que tan solo somos un puntito azul en un inmenso universo del cual aún no comprendemos gran cosa. Eso es cierto.

Resulta muy curioso como aún después de todos los avances conseguidos por la raza humana durante milenios, nos sobrecoge el hecho de que otras civilizaciones mucho más avanzadas a la nuestra puedan contactar algún día con nosotros. Pero, ¿serían amigos o enemigos? ¿cuáles serían sus intenciones? ¿quizás ya conozcan de nuestra existencia sin haberlo percibirlo nosotros? Preguntas muy interesantes que sin embargo no disponen de una respuesta clara. Habrá que dejarlo para programas sobre misterio.

Y aún en el caso de que pudiéramos conocer formas de vida inteligente de otros planetas, ¿cuál sería el resultado? Lejos de parecer pesimista, es posible que el balance final no fuera como el que nosotros esperábamos. Especialmente si se pareciesen al homo sapiens, de eso no cabe la menor duda. Quizás Independence Day nos esté lanzando una seria advertencia. Las palabras del científico Stephen Hawking, alguien ducho en la materia analizada, podrían resultar del todo proféticas:

«Si los extraterrestres nos visitaran, creo que el resultado sería muy parecido al de la llegada de Cristóbal Colón a América, que no resultó nada bien para los nativos americanos»

Toda una declaración de intenciones. Pero incluso en este caso tan dramático, el interés por lo que podría ocurrir más allá de nuestros límites conocidos siempre ha fomentado la curiosidad del ser humano. Como prueba tenemos las famosas teorías de la conspiración que apuntan al Área 51, localizada en Nevada, como uno de los lugares más misteriosos del mundo. Y además relacionado con supuestos avistamientos de ovnis y almacenamiento de aliens. Todo en el más absoluto secreto, ¿o quizás no tanto?

Cierto o no, está claro que el ser humano seguirá haciendo uso de su imaginación. También en lo referente a seres provenientes de otros planetas. Con la reciente misión de Artemis para regresar (sí, lo han leído bien) a la Luna, ha aumento otra vez la curiosidad por saber más sobre estas cuestiones. Lo que habríamos de preguntarnos es que ocurriría de encontrar nosotros vida en otros mundos. ¿La destruiríamos? ¿La estudiaríamos? ¿O la dejaríamos tranquila? Cualquier posibilidad es válida.

Pero siendo todavía harto complicado teniendo en cuenta las distancias que existen solamente entre los diferentes planetas del Sistema Solar, nos deberemos conformar con el género de ciencia ficción y películas como Independence Day. Y en el humilde opinión de un aficionado por la temática, más nos vale que así sea. Nunca se sabe lo que podríamos encontrar o el impacto que podría tener sobre todo ser viviente que habita actualmente el planeta Tierra. El tiempo será el que dictamine.

Alberto Menéndez Engra