«Gana el rojo pasión» por Medussa (@MedussaEros): «El imparable ritmo del blues»

«El imparable ritmo del blues»

En un barrio a las afueras de la ciudad caía la tarde y la luz se volvía tenue. Elena y Sofía, amigas desde el instituto, entraron riendo en un bar olvidado buscando escapar de la monotonía de sus vidas cotidianas. Un humo sutil flotaba en el aire, mezclado con el suave blues que lo impregnaba todo. Al fondo, un hombre de ojos profundos, cabello moreno con sienes plateadas, tocaba el saxo; sus dedos ágiles y fuertes manejaban el instrumento a su antojo. Elena, con su melena oscura fluyendo en ondas, sintió un escalofrío. Sus miradas se cruzaron, creando una conexión eléctrica entre ellos.

A Sofía, más reservada pese a llevar un vestido ajustado, no se le escapó la afinidad entre su amiga y el músico. «Cuidado, Elena, estamos casadas», le susurró mientras tiraba de ella hacia una mesa no muy alejada del bluesman, al que se veía desde cualquier punto de la sala. Un hombre alto, maduro, en medio de un espacio que hacía las veces de escenario tocando el saxo envuelto entre las sombras de unas luces que le daban un toque enigmático. Una vez acomodadas en el lugar elegido, Elena y el musico continuaban sosteniéndose la mirada.

El bluesman terminó su pieza, con calma, disfrutando de cada nota, daba la sensación de estar tocando para aquellas mujeres, en especial para una de ellas, para Elena. Hizo un receso y se acercó hacia dónde estaban.

«Buenas noches, señoras. ¿Les gusta el blues?», preguntó con voz grave, sentándose junto a ellas sin esperar ser invitado, girando la silla para sentarse apoyando los brazos en el respaldo. Elena se sonrojó. «Me encanta cómo tocas», respondió, con los ojos fijos en sus manos fuertes. Sofía frunció el ceño. «Sólo hemos entrado un momento a tomar una copa. Nuestros maridos nos esperan». Él la ignoró, inclinándose hacia su amiga le musitó: «Tus ojos buscan el alma salvaje del blues». Ella rio nerviosa, sin apartarse.

El imparable ritmo del blues

El hombre se presentó como Jon, flirteó con sutileza, contando anécdotas de su vida tocando en bares. Elena respondía coqueta, rozando su brazo de forma ocasional. Sofía intentaba desviar la conversación: «¿Cuánto tiempo llevas tocando?». Él la respondía con cortesía dejando las palabras seductoras para su amiga: «Eres pura melodía» le murmuraba casi al oído mientras le rozaba las manos sin que ella las apartase y observando como se mordía levemente el labio.

Sofía intervino mirando el reloj tratando de interrumpir todo aquello: «Es tarde».

Jon cambió de estrategia, No estaba dispuesto a dejar escapar a Elena pero comprendió que para ello debía ganarse a la otra: «¿Qué ocultas bajo esa fachada tan reservada?». Se lo soltó así, a bocajarro, para que no tuviera tiempo a reaccionar, recorriendo su cuerpo con ojos de lujuria brutal haciéndola sentir deseada. Antes que reaccionará le pidió otra ronda al camarero. Mientras esperaban las bebidas el juego de la seducción desplegado por el bluesman se había intensificado con ambas mujeres. Una ya estaba rendida a sus pies, la otra había dejado de mirar el reloj y bebía sin apartar los ojos del músico.

Jon supo que ya controlaba plenamente la situación, en un momento dado, dejó caer un: «Sois hermosas como notas prohibidas», con un mano sobre la rodilla de Elena subiendo por debajo de su vestido y la otra rozando la cintura de Sofía. Finalmente lo propuso: «Podemos tener una sesión de blues más intima».

Los tres se trasladaron a la trastienda, estrecha e iluminada por una tenue bombilla solitaria. Él cerró la puerta con un pequeño cerrojo que cualquiera desde el otro lado podría hacer saltar sin esfuerzo. Elena temblaba de anticipación; él la besó con audacia, mientras sus manos desabotonaban su blusa, explorando su piel y apretando hábilmente sus senos. Ella gimió, entregándose.

Sofía hizo un leve ademán de protesta, Jon la besó intensamente, mientras su mano se deslizaba entre sus piernas; ella se arqueó, aferrándose a su brazo. Lentamente, las guió hacia un viejo sofá, donde se sentó, arrodillándolas frente a él.

Sin prisas, exhibiendo dominio y seguridad, se desabrochó los pantalones. Su miembro emergió pesado y grueso, con venas marcadas como ríos oscuros, curvado de forma amenazante.

Tomó a Elena por la nuca, guiando su boca. Ella separó los labios y lo engulló. Jon sentía el placer y lo demostraba con su lengua dentro de la boca de Sofía que tenía los dedos del bluesman entre sus piernas acariciando su interior como hacía tiempo no sentía.

Una vez Sofía llegó al orgasmo, Jon las cambió de posición. Elena yació en el sofá con las piernas abiertas mientras Jon usaba su boca, era el turno de Sofía para conseguir la eyaculación final del músico que fue violenta.

Nada más terminar Jon las invitó a vestir y salir de allí, de repente su amabilidad dio paso a una descortesía brutal. «No olviden pagar la cuenta al salir, queridas y procuren que sus esposos no se enteren de su aventurilla, no son más que unas zorritas que ahora tienen algo que ocultar y yo una nueva historia que contar con mi saxo. Ha sido un placer este rato compartido.»

Aquellas mujeres salieron del local sin dar crédito a lo sucedido, pidieron un taxi para volver a casa ya que no estaban en condiciones de coger sus propios coches. Elena estaba deseando llegar y ducharse para arrancarse de la piel todo aquello y Sofía se juró a sí misma no volver a hacer caso de su amiga.

@MedussaEros

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