Catalepsia, un relato por entregas de @AlexFlorentine (II): Atrapada

Así terminamos ayer

…Gala repite la dirección más alto y el coche se pone en marcha. Saca su móvil del bolsillo y abre las Redes Sociales apareciendo un mensaje en pantalla: «no se pueden actualizar las noticias». Mira el símbolo de red. Sin cobertura.

Continuará…

Así continúa hoy

ATRAPADA

 

El taxi frena, gira y sale de repente de la carretera general, desviándose por un camino sin alumbrado que no conoce. El teléfono móvil de Gala tiembla en sus manos y un nudo creciente en el estómago la comienza a ahogar.

—¿A dónde me lleva?¿Qué pasa?¡No es por aquí! ¿Por qué nos desviamos?

Su horror va en aumento, su móvil sigue sin cobertura de ningún tipo y por el espejo retrovisor, unos oscuros ojos la miran. La boca a juego con esa oscura mirada no dice nada.

Quiere abrir la puerta y no puede, coge el paraguas y pega al metacrilato, dobla las rodillas y con los pies intenta empujar la mampara. Nada. Piensa con horror que está encerrada.

—¡Hijo de puta!¿Qué quieres hacer conmigo?¿A dónde me llevas?

Está muy asustada y la educación ya la ha perdido, escudriña todas las esquinas de la parte trasera e intenta bajar el respaldo del asiento, que no cede. Mira hacia donde tiene sus pies y las alfombras con agua le dicen que no hay salida, que algo le va a suceder. Comienza a llorar en silencio, a temblar, levanta la vista al techo de nuevo y ve un orificio en una esquina, ancho como el agujero de un macarrón de pasta. ¿Qué es eso?

Se estira hacia él y al momento la ciegan un humo blanquecino y un olor picante conocido.

«¡Mierda, me va a dormir! Está echándome gas somnífero», piensa Gala intentando abrir la ventanilla.

Vuelve a coger el paraguas y comienza a darle fuerte al vidrio de la ventanilla ocasionando que la punta de plástico se rompa. Le da la vuelta, lo coge por la mojada tela y comienza a pegar con la empuñadura.

El coche deja de moverse en línea recta y da unos cuantos bandazos haciendo que se quede medio en el suelo. Le pica la garganta y tiene ganas de vomitar, pero lo peor es que nota que está muy mareada. Se vuelve a sentar y se dirige de nuevo hacia el hombre.

—Por favor, por favor… No me hagas daño… —clama.

De repente se da cuenta de que no ha pensado en lo básico, llamar al 112 es posible sin cobertura. Vuelve a sacar el móvil de su bolsillo, sube la mirada al espejo y el hombre frunce el ceño haciendo que el coche vaya de lado a lado. El teléfono de Gala se cae al suelo con dos dígitos en la pantalla: «11». Su mareo va en aumento y vomita en el suelo al otro lado de sus pies. Es como si tuviera millones de pelos en la garganta que la hicieran tener arcadas. Intenta coger el teléfono pero al agacharse y a causa de los vaivenes del coche, se pega con la cabeza en la ventanilla. El efecto es que se quede aún más atontada y dolorida. El olor de su propio vómito la asquea y se deja vencer al final por el gas, acostándose a lo largo del asiento de tres plazas.

—Otra vez a limpiar el puto coche… —refunfuña en alto el conductor, al que ella ya no oye.

Continuará…

@AlexFlorentine

Acerca de Galiana

Escritora
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