«Hombres buenos, hombres mejores» (I), por Valle Ulla (@atelierdelavida)

Este año soy la encargada de abrir la temporada de verano.

Este año me he decantado por un relato dividido en cuatro partes, espero que lo disfruteís.

Podreís leer y escuchar sin salir de esta bitácora 😉

Hombres buenos, hombres mejores (I)

Carlos era muy conocido entre los historiadores de Toledo por su empatía como escritor, de palabra cercana y solícito. Licenciado en Historia y Teología. Era profesor en la facultad, afamado entre sus alumnos por su convincente oratoria.

Carlos pertenecía a una familia muy humilde. Era hijo único de madre soltera y estudió en el Seminario de Toledo. Pero con esfuerzo y tesón consiguió labrarse una buena vida.

Estaba casado con Valeria, hija de Julián Prieto, dueño de varias joyerías de la ciudad, lo que les proporciona una posición social privilegiada… pero la tragedia se cebó con ellos, y Valeria enfermó de leucemia. Era heredera de una gran fortuna, su madre murió en un fatídico accidente de tráfico. Su padre al enviudar, cuando ella apenas tenía tres años de edad, se casó con una dependienta, Lucrecia. Tuvieron otro hijo, Eduardo. Prácticamente Lucrecia fue su verdadera madre y Eduardo su hermano. Él puso broche a una familia feliz.

Edu era el encargado de llevar las finanzas con un contable y Valeria era gemóloga; trabajaba diseñando las joyas de su propia colección y las vendían en las tiendas. Ella, desde niña, simpatizaba mucho con el hijo del contable, pero a Julián no le gustaba, porque veía poco futuro por ser pintor, y Carlos era de toda la vida un hombre carismático que supo cautivar al padre y a la hija. A día de hoy se desvivía por ella, todo le parecía poco… ¡tenía un libro de sonetos dedicado a Valeria! Era sabido por todos el amor que la profesaba… y también correspondido por ella.

Valeria, a sus cuarenta y cinco años, ve como su vida se apaga, pero estaba muy unida a la iglesia, tenía fe y eso le ayudaba a llevar su cruz.

Vivian en un cigarral, en el Valle de Toledo. Ella bordaba, le encantaban las labores. La lectura mantenía ocupados sus días cuando los dolores no le invadían su tiempo.

Un día Carlos sale a cazar con su cuñado Eduardo. Trae tres perros nuevos, algo fieros para la edad, ya que aún eran cachorros, los guardaba a parte de los perros de caza. Carlos los trae por los robos acaecidos en la zona últimamente.

Una tarde, Lucrecia salió al jardín, nunca iba sola, le acompañaba Rosario, su tata de siempre, era una más de la familia. Valeria estaba en una de las estancias del jardín, cuando es sorprendida por los perros. Estaba muy débil y sin fuerzas para correr, y le atacan. Rosario llama con el móvil a urgencias, pero la virulencia de esos tres animales asalvajados acaban con su vida. Al regresar su marido y su hermano sufrieron un terrible shock… Eduardo se derrumba y Carlos es puro estoicismo, en todo momento pendiente de los demás, aunque rompe a llorar durante el funeral, al leer el primer verso primero que le escribió cuando la conoció.

El padre de Valeria y Lucrecia, no puede con la pena, y ya jubilado, decide irse a vivir fuera.

Clica para escuchar el relato.

👇🏻🎙️🎧

Espero que te haya gustado, mañana te invito a pasar por aquí para descubir la continuación.

@atelierdelavid

Avatar de Desconocido

About Galiana

Escritora, bloguera, podcaster, enamorada de todo lo que huele y sabe a Cultura
Esta entrada fue publicada en "...Y Cía", Hombres buenos, hombres mejores (relato), Valle Ulla y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

2 Responses to «Hombres buenos, hombres mejores» (I), por Valle Ulla (@atelierdelavida)

  1. Avatar de Eduardo Eduardo dice:

    Muchas felicidades por el relato Valle y como siempre muy elegante y correcta a la hora de transmitirnos tus relatos. Un abrazo

    Me gusta

Deja un comentario