Terribles años 20

La década de los 20 en este milenio en nada se parece a los felices años 20 del siglo pasado. Comenzó con una pandemia que nos ha traído una crisis social y económica descomunal. Sin salir de la misma estamos asistiendo estupefactos a una nueva guerra en Europa, y solo llevábamos dos años y no completos.

En los conflictos bélicos, al menos a mí me lo parece, es indiferente quién los empieza, quien los cuenta (siempre los vencedores), al final lo que de verdad queda son personas muertas, ciudades asoladas, economías destruidas, sufrimiento por doquier, masacres que nunca debieron existir, desesperanza por todas partes, miseria que parece no tener fin, desnutrición y piojos… Y quizá lo peor de todo, una o varias generaciones perdidas e irrecuperables.

De la guerra de Ucrania es probable que nazca un nuevo orden internacional, suele suceder casi siempre que hay un cataclismo en el mundo.

Occidente es cierto que necesitaba un cambio, una sacudida para salir del acomodamiento. La retirada de Afganistán, el pasado otoño, dejó en evidencia su declive.

La cuestión está en si para renacer, cual Ave Phoenix, con la pandemia no fue suficiente.

No viene mal recordar que el bicho viene dándose un festín bastante suculento con la humanidad desde finales del 2019, y continúa con las diferentes variantes haciendo de las suyas.

Occidente hubiese podido aprovechar la oportunidad de la pandemia para aunar fuerzas en todos los frentes, no sólo para buscar una vacuna con la que enfrentarse a la Covid.

La enfermedad está dejando consecuencias económicas y sociales abrumadoras en el mundo. Se decidió que cada país las afrontase como pudiera. La inflación se ha convertido en la reina de la fiesta a nivel mundial, en algunas regiones amenaza con la estanflación.

Con todo este panorama postpandémico nos encontramos embarcados en una nueva guerra en Europa que se asume por miedo.

En poco más de dos semanas de conflicto ya hay más refugiados que durante la II Guerra Mundial.

La macabra partida de ajedrez entre Rusia y Occidente desprende un hedor y deja un sabor de horror insoportable, percibido a miles de kilómetros desde los cómodos sillones de nuestras casas fuera de Ucrania.

Eso sí, hay quien aprovecha para gritar la palabra guerra junto a sus eslóganes de siempre para hacer caja en su propio beneficio, demostrando que la desfachatez no tiene límites.

Galiana

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