Una cita extra con @GalianaRgm en agosto 2026: «Desaparecida» (III)

Desaparecida III

Desde la declaración judicial de Sara como persona desaparecida voluntariamente, seguimos con la investigación sin resultados. La noche de la entrevista de César en la televisión todo cambió.

Ese día salí antes de la comisaría, llegué a casa y como un robot encendí el televisor por aquello de tener compañía. En la publicidad anunciaban un programa en prime time de esos de entrevistas. No le prestaba atención hasta que dijeron que el invitado estrella era César Fernández, que acudiría al plató para hablar sobre la desaparición de su esposa.

Inmediatamente llamé al equipo, decidimos ver el programa todos juntos en comisaría. Nada más terminar lo teníamos claro.

Lo primero que hice fue llamar a la jueza y pedirle que viera la entrevista, había una pieza muy importante que nos faltaba en el puzzle. Su señoría tras visionarlo nos autorizó a hacer cuánto tuviésemos que hacer para obtener las pruebas y enviar de una vez por todas a César Fernández a prisión por asesinato.

Al día siguiente de la entrevista me presenté en el domicilio familiar. En ningún momento le comenté sobre el caso, tan sólo que había visto la entrevista y que me pasaba para felicitarle por la misma. Descubrí que las cosas por allí habían cambiado, ya no quedaba ni una sola foto de Sara. Los cojines del sofá estaban revueltos, la cocina era un desastre como si allí viviera un universitario y hubiera dado una fiesta con alguna amiga especial, en el fregadero dos copas de champán, una de ellas con manchas de carmín. Las fotos de la escalera habían desaparecido. De allí salí con la información que había ido a recabar.

César todas las tardes acudía a un gimnasio, lo había hecho antes de la desaparición de Sara y seguía manteniendo esa rutina, después corría por un parque cercano a su casa.

Infiltramos a un miembro de la policía que él no conocía en el gym. Su única misión era vigilarle, sin tener contacto alguno entre ellos.

La información que nunca le contamos y que no nos encajaba durante todos estos meses tenía que ver con el teléfono móvil y el coche de Sara.

El vehículo de la mujer aquella noche llegó hasta el pueblo al que pertenece la urbanización y allí apareció la misma mañana en que desapareció Sara, en un callejón. La cámara de seguridad instalada en la fachada del ayuntamiento la vio bajarse del mismo y subir a un autobús cuya línea solo tiene una dirección, la urbanización donde ambos vivían. Revisamos el coche, no presentaba ni una sola avería, no había ningún motivo aparente para que ella lo hubiese abandonado para tomar el bus con dirección a su casa. Si la decisión era absurda, bajarse en la primera parada, es decir, a las afueras del pueblo justo al lado de una sucursal bancaria, carecía de sentido, salvo que hubiera ido al cajero, pero la cámara del banco no lo mostraba. Lo que si vimos fue a Sara doblando la calle y junto a ella andando en paralelo un tipo corpulento vestido con un chandal con capucha, entre ambos no había ningún tipo de interrelación. El conductor del autobús recodaba que se bajó tras ella, pero no que la interpelase. Podía ser cualquiera.

Recurrimos a la telefonía de su móvil, a partir de ahí no teníamos las cámaras que nos indicaran sus pasos. Las antenas de repetición delataban que subió a un vehículo, podría ser coche, taxi o no sabemos qué, el caso es que viajó unos cien kilómetros en dirección contraria a su domicilio.

Nos desplazamos hasta allí. Encontramos en mitad de un descampado una especie de nave desvencijada que debía llevar años deshabitada y con peligro de derrumbe. La analizamos hasta con perros, allí no había rastros de Sara.

Unas dos horas después de la desaparición su teléfono se apagó y hasta el día de hoy sigue así.

En la entrevista en televisión César dijo con tono de viudo perfecto: “Sara, allá donde estés quiero que sepas qué te amaré eternamente”. Esa frase solo se le dice a las personas que han muerto oficialmente, ella no lo estaba, su caso judicialmente estaba catalogado como desaparición voluntaria.

¿Por qué un marido empieza a pensar que su esposa está muerta? ¿Por qué un matrimonio aparentemente feliz puede acabar tan mal? No tenían problemas económicos, en caso de divorcio él se quedaría con la mitad de todo, y era un buen pico; si aguantaba hasta el fallecimiento de sus suegros, no les quedaba mucho, la empresa iba a ser suya. No hay móvil económico. Ella no tenia un affaire con nadie, no le iba a abandonar. ¿Que podía impulsar a César a asesinar a Sara?

Mañana el desenlace final

Galiana

¡Gracias por venir!