Catalepsia (parte 5), un relato por entregas de @AlexFlorentine

Ayer nos quedamos…

El embotellamiento vuelve a su cabeza mientras la mujer y el guardia salen. Se levanta aprisa y casi no llega al inodoro, donde vomita todo el contenido de la bandeja.

Continuará…

 

Hoy comenzamos de este modo…

 

Catalepsia

Lleva un tiempo sentada en la cama tras haber vomitado. Está cada vez más atontada y nota la lengua dormida.

«Mierda, no. Una reacción, les avisé», piensa Gala tosiendo y levantándose. Sus piernas son de goma y el cuerpo no le responde. Nota esa sensación como cuando duermes y te caes a un pozo sin fondo… Todo se queda negro y de su boca no sale ni un grito de auxilio.

—¡Mierda, joder! Me dijo que tenía alergias a medicamentos.

La mujer rancia y mayor de antes está con tres personas más allí; un vigilante, un trajeado hombre que está rascándose la barbilla tras ellos y otro más joven que ausculta el cuerpo.

—Pues, creo que ha tenido una reacción, ¿eh? No encuentro su pulso, está fría y no noto actividad respiratoria. Casi me atrevería a decir que está rígida. Vamos, que os la habéis cargado…

—Con lo bonita que era… Lástima —murmura el hombre de detrás. Ya sabéis lo que tenéis que hacer…

Se retira y los demás se miran y salen. Al poco, entran la escuálida muchacha de la bandeja y otro chico con no mejor apariencia.

—Pobre, esto pudo pasarme a mí. O pude morir pariendo, como les pasó a algunas. No les importamos nada, solo el negocio —dice suspirando la chica.

—Mientras les seas útil, aquí te tendrán. Suerte has tenido que aunque ya no puedas parir, estés viva, mira a otras. Gracias a que eres eficiente en la limpieza y la cocina; sin preguntar nada cuando te ordenan hacer cosas como esta.

La muchacha suspira de nuevo y extienden una bolsa para cadáveres en el suelo. Entre los dos meten a Gala dentro y cierran la cremallera. En otra bolsa de basura blanca y grande, recogen el poco rastro de la mujer allí. La muchacha sale dejando la puerta abierta mientras el chico espera de pie, al lado. Vuelve al poco con un carrito de limpieza.

—Bueno, ahora vienen a llevársela. Yo, a lo de siempre. A limpiar cualquier rastro…

En menos de un minuto aparecen otros dos hombres con una camilla. Suben el cuerpo como si Gala fuera una pluma y se van. El chico sale tras ellos cerrando despacio la puerta.

La muchacha limpia con una bayeta jabonosa el colchón, muebles, inodoro y lavabo. Ha tirado todo a una bolsa de tela que irá para la lavandería. Antes de ponerse a fregar el suelo se sienta sobre el colchón y hunde su cara entre las manos. Recuerda a sus ocho bebés, ¡ocho bebés que le quitaron de las manos en habitaciones como aquella! Hasta que sufrió un aborto complicado y tuvieron que quitarle todos los órganos reproductores. Durante esos ocho años o poco más, porque hubo veces que no se preñaba, sufrió también abusos por parte de vigilantes y del personal. No podía hacer nada, eran trozos de carne con un fin. Normalmente eran fecundadas por medio artificial, pero si alguna llamaba la atención, permitían a «los buenos trabajadores» abusar de ellas. Y estos, abusaban de todas las maneras; había algunos muy locos que daban auténticas palizas a las mujeres antes de violarlas porque sencillamente, eso les excitaba.

Se levanta, se limpia los ojos con sus resecas manos y acaba de limpiar la habitación, preparándola para otra «madre».

Mañana continúa…

@AlexFlorentine

 

 

Acerca de Galiana

Escritora
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