Catalepsia (Tráfico), un relato por entregas de @AlexFlorentine

 

Ayer lo dejamos en…

Se sienta de nuevo y se pone a comer mecánicamente. Lo que está pensando es de película, mucho. De repente nota un tirón en el abdomen y calor vagina abajo. ¿La regla? Si acaba de tenerla.

Mañana más…

 

 

Hoy seguimos…

 

Tráfico

 Se levanta nerviosa, se sube el camisón y ve que efectivamente, en la braga tiene una mancha roja.

Al momento oye la cerradura de la puerta y no le da tiempo casi a bajárselo cuando entra otro hombre diferente al de antes y dos enfermeras —o algo así— detrás.

—Ten —le dice la mujer más mayor con mala cara dejando un camisón, una toalla y una esponja sobre la mesita—, aquí tienes para asearte y —coge de manos de la muchacha escuálida de antes una bolsa de compresas—, aquí tienes para tu ciclo menstrual.

Gala se queda escuchando, de pie, con los brazos a lo largo de su cuerpo sin decir nada ni agradecer. ¡Faltaría más! Se vuelven a ir y la muchacha la mira a los ojos con expresión de pena, sufrimiento y susto.

Después de que se vayan, en el pequeño lavabo anclado a la pared moja la esponja de la que sale espuma y se asea lo que puede, se seca y se pone otro camisón. El atontamiento de cabeza se le comienza a ir, pero algo le dice que gritar y chillar, preguntar y negarse a hacer lo que le dicen, no haría sino que empeorar las cosas.

Se vuelve a sentar en la cama y acaba la comida, al menos debe de coger fuerzas. Su estómago se encuentra mal, espera que no le hayan inyectado ningún ansiolítico o medicamento a los que tiene alergia.

Justo al poco de terminar y echando de menos un cepillo de dientes, vuelve a sonar la cerradura de la puerta. Esta vez entra el hombre y la seca enfermera mayor. La joven no viene con ellos.

—A ver, siéntate ahí, te tengo que inyectar unas cosas.

Gala se queda petrificada y no hace lo que le dice.

—Querida, si no lo haces por las buenas, vendrán y te lo harán por las malas. Tú decides. Yo solo hago mi trabajo.

—¿Qué me vas a poner? ¿Inyectarme, el qué? ¿Para qué?

—Solo son dos pinchazos de nada. Venga, no te lo vuelvo a repetir.

El hombretón se acerca a Gala y ella levanta una mano.

—Vale, ya voy. —Le frena acercándose a la mujer y sentándose en la cama.

—¿Qué son? Al menos, me lo podrías decir, ¿no?

—Un calmante nada más, tranquila.

—¿Estoy secuestrada?¿Para qué? La mujer de antes, ¿estaba pariendo? ¿Qué hacéis en este lugar?

—No preguntes tanto…. A ver, primero esta… —dice la mujer inyectándole la primera jeringuilla—, y ahora…

—Espera —ordena Gala, haciendo que la mano de la mujer se pare en alto—. Soy alérgica a algunos medicamentos. ¿De verdad quieres poner mi salud en riesgo?

La mujer se queda parada y con una mueca al final responde:

—Tengo órdenes, tampoco te va a interferir mucho con la de las hormonas.

—¿Hormonas? —Gala salta y el hombre apoya una manaza en su hombro. ¿Qué hacéis? ¿Nos fecundáis aquí? ¿¡Esto es tráfico de bebés!?

—Cielo —responde la agria mujer acariciándole una mejilla e inoculándole el líquido—, no se puede ser tan bonita. Hay muchas familias ricas esperando por bebés hermosos. —Se ríe con una mueca.

El embotellamiento vuelve a su cabeza mientras la mujer y el guardia salen. Se levanta aprisa y casi no llega al inodoro, donde vomita todo el contenido de la bandeja.

 

Continuará…

@AlexFlorentine

 

Acerca de Galiana

Escritora
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