En #GalianaYCía del 2020 al 2021 con los relatos de Pedro Valdés: Confidencias tardías – 1- Vomito

Soy Pedro Valdés autor de la novela Autista está ahora desconectado (Ed. Lulu) y de la miscelánea Mis Impresiones (Ed. Lulu), así como de numerosos relatos, hiperbreves y poemas publicados en diversos medios digitales.

Es mi primera participación en GalianaYCía. Me estreno un 28 de diciembre con una serie de 3 relatos que he titulado Confidencias tardías.

CONFIDENCIAS TARDÍAS 1

Vomito

Carmen Luengo estuvo leyendo “A contrapelo”, la novela que supuso su salto a la fama en los ochenta para preparar la entrevista y al cerrar el libro se fijó en la foto de la contraportada, bajo la que había una breve reseña biográfica: Antonio Bueno Carmona, “Anbuka” …. Lo cierto es que había cambiado poco, salvo por dos detalles, la vida de los ojos y el cabello rizado que habían desaparecido del personaje que estaba entrevistando. Meditó acerca de su apariencia de hombre tranquilo y sensato. Sus ojos oscuros, inexpresivos, enmarcados en unas cejas negras bien trazadas y poco pobladas, el rostro enjuto, con unos labios apenas dibujados, y la nariz aguileña transmitían una imagen de inteligencia sosegada. No había chispa en su faz, era más bien el rostro de un observador impasible. Únicamente su cuerpo nervudo y sus manos huesudas, algo temblorosas a veces, daban muestra de alterabilidad. Estaba al final de la cuarentena y las canas de sus sienes le daban un aire respetable. En conjunto —se dijo la periodista— resulta francamente atractivo.

Vomito —dijo al abrir la puerta del despacho; su voz le hizo girar la cabeza hacia atrás y le vio limpiándose la boca con un pañuelo—. Cuando era pequeño no podía controlarlo y acababa devolviendo ante la gente, en cualquier lugar. Los nervios me producen arcadas de esas que hacen que te dobles hacia adelante, guturales, profundas, dolorosas. La primera vez que me ocurrió —prosiguió— fue en el patio del colegio. Aquel día —que afirma recordar como si fuera hoy, pero que cada vez adorna con un nuevo detalle— le asustó la posibilidad de que los compañeros supieran de los sentimientos que le acometían mientras Fernando se cambiaba de ropa. El temor a que le hubiesen leído el deseo en la mirada que dirigía a la entrepierna ya velluda de su compañero de pupitre le asaltó durante el partido de fútbol cuando, solo ante la portería, propinó una torpe patada que no atinó al balón pero sí acertó a marcar gol con la zapatilla.

— ¡Qué manta es el cabrón! —dijo el gallito de la clase, de quien asegura no recordar el nombre.

— ¡Uys! —se ensañó Guillermo, el gracioso del curso, al que todos llamaban Willy por su semejanza con aquel zángano de la abeja Maya, imitando su andar de ánsar y alzando la pierna como para chutar, al tiempo que levantaba una mano hasta la altura de su hombro, doblándola exageradamente hacia atrás en un gesto afectado, claramente afeminado.

En ese momento vomitó sobre el punto de penalti.

Se hizo un silencio y Carmen, miró a la salamandra pensando que esa casona no le pega nada al Anbuka de la movida.

@PedroValdes

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Escritora
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