«Oficio de tinieblas» de Pilar Rodríguez (@PilarR1977): «Doctor de cuerpos y almas (2)»

Parte 2

El caballero hubiera respondido que no creía demasiado en la efectividad del unto de crío o de la sangre de cabrito para sus males, cuando la novicia espectral se desvaneció ante sus ojos con una suave risa: no era hombre medroso, pero tragó saliva para contener el escalofrío que se deslizó por su espina dorsal hasta la nuca…

Una carcajada femenina tintineó maliciosa.

— Es sólo un fantasma, doctor. Este lugar está lleno de ellos: muchachas en su mayoría; esta en particular hace las veces de celadora a cambio de unos cirios y un par de rezos. Madrid está llena de ánimas. ¿No se me habrá asustado por una aparición?

Saludó con la cabeza al reconocer a la mujer vestida de negro, de elegante y lujoso luto, que esperaba en la entrada: una dama pálida, de rasgos afilados y ojos brillantes…bellísima, como todos los condenados nosferatu.

Y, en cualquier caso, la voz y el porte de su antigua amante le serían tan inconfundibles como su particular perfume de violetas.

— Esta noche está llena de ojos, señorita.

— Los que aguardan tras las verjas tienen más de cotillas que de ánimas. Este es un lugar santo, no las gradas de San Felipe— suspiró la dama mientras empujaba el portón de madera—. Entre.

El doctor cambió de mano el bastón y se persignó al traspasar el umbral, ya que corrían toda clase de historias acerca de pobres desgraciados fulminados al pisar el interior del recinto cuando caía la noche y se convertía en nido de inmortales. Junto a él, la dama hizo otro tanto. A la luz de las velas notó el doctor que sus mejillas parecían rosadas y llenas: sabiéndose observada, torció el gesto.

— Sígame— dijo ella con sequedad.

— No pretendía molestarla, lo siento— se disculpó el doctor con un susurro.

— Sabe que nos alimentamos apenas se pone el sol; la noche es larga y, en ocasiones, toca pasar por humana — replicó—. Hoy, lo que tocaba, era solventar ese asunto cuanto antes.

El hombre guardó silencio y siguió los pasos de la inmortal. Por el rabillo del ojo le pareció percibir un leve movimiento a su derecha, en el pasillo central del templo. Para él, las iglesias eran lugares tranquilos, de tregua y paz para el cuerpo y el alma; por contra, la Encarnación no le inspiraba ninguno de estos sentimientos.

— Este lugar, señorita…

— Madrid está lleno de malditas bocas del infierno; este templo sella una de ellas. —La voz de la dama sonó lejana. —Algunas son muy peligrosas y ni siquiera las conocemos todas…aún…

Dejó la cuestión en el aire, reverberando el eco de sus palabras conforme terminaban de recorrer el pasillo lateral y llegaban a la altura de una puerta baja, de madera oscura, cerca de la habitación que custodiaba las reliquias de incontables santos.

— Madera de tejo.

— Toda protección es bienvenida. —Se volvió hacia él. — Especialmente cuando se trata de contener a las criaturas que duermen en los cimientos de Madrid, ¿no cree? —Sus ojos refulgían a la luz de las velas, argentados, intensos. Enarcó las cejas y murmuró con un tono extraño—: de todas formas, ¿cree que yo le pondría en peligro? Tengo una reputación.

— No mientras me necesite, supongo— aventuró el doctor.

Ahora dale a la ilustración para escuchar el podcast, recuerda que no son iguales, incluyo alguna variación.

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