Tras 15 días por obras en el blog llega el gran final.
Final
Marquise yacía en el suelo cuando llegaron Tino y Alexia.
—Eh ¡Tú! —gritó Tino—. Apártate. ¡Es una orden!
Un hombre encapuchado oprimía el cuello de Marquise mientras ella trataba de zafarse. No pudo detectar su mente y los resultados estaban siendo, cuanto menos, deficientes.
El hombre actuó como si no viese a Tino. No desviaba la atención de su mortífera tarea. El muchacho, horrorizado al ver que sus intentos por meterse en la mente del hombre no daban frutos, intentó arrojarse contra él.
No contó con que se haría daño al golpear su cabeza con el puño. Bajo la tela que la cubría, resultaba fría. Dura. Metálica.
Y para colmo no veía nada.
Solo notaba el cuerpo de Marquise, dando espasmos de dolor.
Para colmo, a esa hora los sirvientes ya se habrían marchado. Estaban solos.
Desesperado, Tino buscó a Alexia en la oscuridad.
Suponía que la chica no movería un dedo y que preferiría ver como aquella cosa los mataba. A fin de cuentas, todo apunta a que eran de la misma especie. Golem, como los llamaba Marquise.
Criaturas metálicas con forma humana. Inmunes a la magia mentalista.
La criatura emitió un quejido al apartarse de Marquise. Puede que el joven no tuviera la fuerza suficiente, pero podía convertirse en un estorbo para su cometido.
La bruja se quedó tirada, dejando de convulsionar. Pero el ser atrapó a Tino por el cuello y lo lanzó contra la pared. En el proceso se cayeron algunos cuadros pintados con los antepasados de la maestra.
— ¡Por favor! —gritó Tino, aun buscando la silueta de Alexia en la habitación—. Te lo ruego. No volveré a darte órdenes. Eres libre…—ahora le taparon la boca y la nariz, cortando sus vías respiratorias.
Pronto el joven notó que la vida se le escapaba. Lo que era angustioso se convirtió en indiferente. Placentero incluso.
Dicen que cuando está próxima nuestra muerte el cerebro se prepara, generando tranquilidad para impedir un sufrimiento excesivo.
Por fortuna, todo acabó deprisa. Tino estaba inconsciente cuando lo último que creyó escuchar, fue el metal chocando con el metal.
Seamos sinceros, querido lector. Ni Tino ni Marquise encontraron su final aquella noche.
—Tino… —supuso que sería un ángel quien le llamaba desde el otro lado—. Joven…
Pero no era un ángel. En cuanto su consciencia se recuperó, encontró que el señor Gustavo lo miraba mientras se peinaba el bigote, con los ojos fijos en su cara y la mano libre plantada en su mejilla.
El leve pero constante dolor hizo sospechar a Tino que le habían dado una bofetada.
—Gracias a Dios que estás bien —la señora Sofía apartó al anciano para agarrar el cuerpo inmóvil de Tino y estrecharlo entre sus brazos cansados—. Mi niño. Mi niño —se echó a llorar, desconsolada y aliviada.
El joven mago tardó un rato en darse cuenta de que era de día. La luz entraba por la ventana del cuarto y ahora todo estaba iluminado. Los muebles viejos de Marquise estaban arrasados, su cama no tenía sábanas. Alguien había arrancado las cortinas de seda.
¿Qué significaba eso? Grotesco.
—Si no te importa Gustavo, necesito un café. Por favor, Sofía. Déjalo que procese las cosas.
—Por supuesto, señora —Gustavo se inclinó con elegancia, haciendo alarde de su estilo de mayordomo.
Una vez se retiró el anciano, Tino quedó cara a cara con Marquise.
Su maestra presentaba un aspecto espantoso. Era como si la corriente eléctrica la atravesara.
Los ojos inyectados en sangre, la piel cetrina, el cabello de punta y las feas marcas de su cuello.
Moradas e irregulares, era como si le hubieran apretado hasta la muerte.
De hecho, ahora que Tino recordaba lo vivido, así había sido. Algo estuvo a punto de matarlos a los dos.
Asustado, los brazos se aferraron al cuerpo de Sofía, que aún lo mantenía acunado como un bebé, mientras que su cabeza se meneaba como podía, buscando rastro del atacante.
—Tu monstruo ha robado mis cortinas antes de irse —no tenía su cara de enfadada—. ¿Por qué creaste a Alexia? —la bruja no dudó en preguntar.
Tino entornó los ojos.
—Supuse que lo desaprobarías, pero… —veía que no fue la idea más brillante—. Pensé que aprender a crear una inteligencia artificial nos mantendría protegidos.
— ¿De qué? —la mirada de Marquise exigía respuestas que ya conocía—. ¿Cuándo supiste que tu padre está vivo?
La mención a ese hombre solía estar prohibida. Como todo lo relacionado con el pasado de ambos. Se supone que cuando un brujo tiránico asume su puesto, nada debe hacerlo vulnerable.
Aunque no lo crean, Marquise no se sintió orgullosa de preguntar a Tino por un hombre que lo tuvo para experimentar con él.
—Me escribió hace unos meses. —por Dios que no quería recordar—. Quería que volviese con él. Que le entregase mis poderes y volviese a controlar la mente de sus enemigos para ayudarle —entonces la querida señora Sofía se apartó de él, llevando las manos a la boca con una expresión de espanto—. Cuando le respondí que no, me advirtió que tú pagarías.
Marquise se encogió de hombros. Yacía sentada en una butaca junto a la puerta.
Tino y ella no necesitaban meterse en la mente del otro para saber lo que pensaban. Hay cosas que nunca se superan por mucho que pasen los años.
A duras penas pudo levantarse y posar una mano en la espalda de la señora Sofía. Miro a la buena mujer con cariño y la animó a salir. Aquella conversación les pertenecía a ellos. No habló hasta que los dejaron a solas.
— ¿Puedo sentarme contigo?
Tino asintió y ella arremangó su falda para acomodarse en el suelo. Tino recuperó el sentido del tacto y notó como la piedra ensuciaba sus manos.
—Entiendo que tu padre me odie, chico —sonrió con tristeza—. Yo lo maté. Creí haberlo matado. Y luego te secuestré…
—… mi padre es un monstruo Marquise. Yo elegí ir contigo. Quiero estar aquí.
—Y creaste a Alexia para que yo la acogiera.
Ahora Tino le devolvió la sonrisa.
—Si no llego a hacerla pasar por una humana perdida, no la habrías aceptado.
—Aun así, no lo hice. Noté en seguida que no podía leerle la mente.
—Mi plan era darle sentimientos. Quería crear algo para defendernos de mi padre. Algo que fuera inmune a manipulaciones mentales y que fuese fuerte. —bajó la mirada, entristecido—. Supongo que soy un desastre como brujo y como inventor. Mi propia creación no me obedece y aún no tengo la soltura para manipular la mente de mi padre. Nunca nos dejará en paz.
En cualquier otra ocasión, Marquise habría dicho algo sarcástico. Sin embargo, esta vez se limitó a asentir, comprendiendo las implicaciones de todo. Ahora el padre de Tino estaba vivo y sabía su ubicación. Y contaba con seres metálicos inmunes a su capacidad de leer mentes.
—Las cosas cambian, querido —le ofreció su mano—. Pronto las inteligencias artificiales tendrán más poder que nosotros —con fuerza, logró incorporar a Tino—. Tu padre es un loco, pero es listo. Ha aprendido a crear seres como el que nos atacó anoche y si averigua cómo darles más vida, pronto sabrán más del cerebro humano que nosotros. Imagina lo que eso supondrá.
Juntos, alumno y maestra atravesaron las puertas de la habitación de Marquise. Fuera aguardaban los otros tres residentes del castillo. Gustavo sostenía la bandeja con la vajilla del café mientras Sofía lo seguía detrás, fingiendo que limpiaba los jarrones del pasillo con un plumero gigante.
Derek recibió a Marquise con un beso de su fantasmagórica imagen. El hombre parecía querer saber todo sobre el estado de su esposa, pero esta lo interrumpió con amabilidad. Antes necesitaban hablar.
— ¿Dónde está Alexia? —preguntó Tino, dejando atrás a sus amigos y tratando de seguir el paso de su maestra. Marquise se deslizaba por el pasillo con una tranquilidad preocupante.
—Se ha marchado —respondió con naturalidad—. Creo que los humanos no le gustamos.
—Los seres como ella no sienten. No me dio tiempo a darle esa capacidad.
La bruja no reprimió las ganas de reírse.
—Creo, querido mío, que no entiendes la magnitud de tu bonito invento.
Tino encogió los hombros. Marquise se detuvo en mitad de ninguna parte. Le gustaba mirar detalles de la fachada que nadie más conocía. Descalza, con sus adornos, con sus rarezas… seguía siendo la bruja más hermosa del mundo. Y la más peculiar.
—He intentado crear un monstruo que nos proteja y se ha ido. ¿Qué hay que entender?
Marquise no supo si besarlo o golpearle.
—Que no solo sabes controlar humanos. Sino también crearlos.
Tras leer toca darle al podcast en ivoox, recuerda hay variaciones en relación al texto.
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Espero que te haya gustado este relato radifónico, prometo regresar, muchas gracias por haber estado ahí todas estas semanas.
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