Con este relato acabo mi perticipación, por ahora, en esta bitácora, prometo volver con más historias para los más peque de la casa.
Darién
Había una vez un niño que vivía en la selva, rodeado de animales feroces y terribles que, sorprendentemente, lo mimaban como si fuera su mejor amigo.
El niño tenía nueve años y vivía feliz entre árboles frondosos y cascadas. Siempre estaba alegre y saludaba con simpatía a cada bicho o serpiente que se cruzaba en su camino.
El niño se llamaba Darién.
Como te he dicho, vivía rodeado de animales que lo adoraban. Pero vivía solito desde el día en que vio a su mamá y a sus dos hermanos desaparecer entre la bruma de la selva, hacía ya algunos años.
Aquel día caminaban juntos: su madre, sus hermanitos y él, atravesando arbustos, valles, pantanos y montañas. ¡A Darién le encantaba el senderismo!
Con ellos iban también otros niños con sus papás y mamás. Todos deseaban que llegase la noche para acampar y así poder jugar juntos bajo las estrellas a la espera de la mañana siguiente.
Lo peor de aquellas caminatas era que, durante el día, todos debían marchar en fila india, sin parar, y sin poder adelantarse o quedarse atrás.
Un día llegaron a una montaña altísima. Ese fue el último día en que Darién vio a su mamá. Ella, con lágrimas en los ojos, cargó a sus dos hermanos pequeños en brazos mientras le gritaba:
—¡Sube, Darién, sube!
Pero él era demasiado pequeñito y pronto se cansó. Se quedó atrás, con la esperanza de que algún día alguien viniera a buscarlo y lo llevara con su mamá.
Y ese día, al fin, llegó.
Darién acababa de dar un paseo mañanero por la selva con sus nuevos amigos: un jaguar, dos pumas, un caimán, tres ranas amarillas y una serpiente pitón. De pronto, escucharon voces humanas. Todos corrieron a esconderse y se pusieron a espiar entre la maleza.
—¡Dariééén! ¡Dariééén!
—¿Dónde estás, Darién? ¡Somos Thiago y Emiliano!
Darién miró a sus amigos animales con los ojos muy abiertos y exclamó:
—¡¡¡Mis hermanos!!!
Corrió en su busca y pronto los encontró… ¡qué crecidos estaban!
Cuando los tres se encontraron, se pararon frente a frente. Se miraron y se reconocieron al punto. Entonces se abalanzaron uno sobre del otro y se abrazaron saltando y riendo de alegría.
—¡Hola, Emiliano! ¡Hola, Thiago! ¡Cuánto tiempo, ¿verdad?!
—¡Qué alegría encontrarte! —dijeron ellos.
—No te imaginas lo que nos ha costado dar contigo.
—Ni vosotros cuánto os he echado de menos —respondió Darién.
De repente, uno de los hermanos se sobresaltó:
—¡Un jaguar, cuidado!
El otro estuvo a punto de salir corriendo, pero se quedó paralizado al ver también al caimán, a los pumas y a todos los animales que rodeaban a su hermano.
Darién les tomó de la mano y explicó con calma que aquellos animales eran sus amigos, que lo habían acogido como a uno más de la comunidad selvática desde el día en que se quedó solo.
Los hermanos respiraron aliviados, aunque aún no podían creer que esos fieros animales hubieran sido la familia de Darién durante tanto tiempo.
—En esta selva hay mucha gente mala —dijo el niño—, y como yo era tan pequeñito, ellos me cuidaron al verme solo.
Sus hermanos no salían del asombro.
—Si no fuera por ellos —añadió—, no sé qué habría sido de mí.
Los hermanos guardaron silencio. Entonces uno de ellos confesó:
—Quizá no te guste oír, entonces, lo que vamos a contarte.
—¿Qué es? —preguntó Darién.
—Es Navidad.
—¿Y qué pasa porque sea Navidad?
—Pues que hemos venido a buscar el mejor regalo para mamá.
—¿Y cuál es?
—¡Tú! —gritaron los dos a la vez.
Los ojos de Darién se aguaron en ese momento. Recordó todas las Navidades y cumpleaños que había pasado solo, deseando siempre un único regalo que nunca se cumplió: volver a ver y tener a su mamá.
Miró con ternura a sus amigos animales y se despidió:
—No os olvidaré. Me salvasteis la vida: me protegisteis de esta selva y de los hombres malvados que la habitan. Gracias, de corazón. Pero este año tengo una misión que cumplir.
Los animales lo miraron, como preguntándole sin palabras:
—¿Qué misión?
Darién sonrió y respondió:
—Este año… yo seré un regalo de Navidad.
Esta vez me despido hasta la próxima, besos y miles de gracias a todos.
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