«Hombres buenos, hombres mejores» (III), por Valle Ulla (@atelierdelavida)

Y sin darnos cuenta estamos en la parte tres a un espisodio de llegar al final.

Parte III

Carlos tenía dominadas las voluntades de los doce de la estrella de oriente. Adoctrinados, les cuenta que tienen que ganarse el favor del diablo para poder contactar con Valeria y, para eso, necesitan un alma cándida y femenina. Propone captar a una mujer y dejarla entrar en la sociedad. La elegida fue Lilit, la hija de un banquero afincado en las inmediaciones del Valle; esa joven estudiaba por aburrimiento en la universidad de Carlos y era paciente de uno de los adeptos.

Era famosa por organizar fiestas donde llevaba a cabo “Ritos sanadores”. Hacía alarde de quitar depresiones, complejos, de abrirles la mente a un mundo nuevo… y lo único que hacía era drogarles con burundanga.

Carlos, a sus cincuenta años, era poseedor de mucha y distinguida galantería, le es muy fácil acceder a ella y ser invitado a una de sus famosas fiestas. Sabedor de sus métodos, la seduce ante su ignorante y desarmado empoderamiento, drogándola a ella en su propia Villa. En plena fiesta los adeptos “De las luces de Lilit”, entre sus invitados, están los once restantes de la estrella.

Lilit invoca, toma de un caldero el “Dorado Rayo Divino” y entra en éxtasis; empieza a danzar mientras Carlos y los once la conducen al brocal de un pozo muy solitario dejándola caer y cierran el pozo, abandonándola a su suerte… Los demás asistentes salen corriendo desorientados y, se precipitan por un cortado de la finca. Mientras tanto, Carlos roba un libro de masonería, prohibido, que debió ser quemado, pero que Lilit tenía en su poder ya que su abuelo era uno de los fundadores. Ese era uno de los motivos de ir allí y perpetrar la muerte de la chica. Una vez con el libro en su poder, hace un brindis con los once, invocando al diablo para salvar sus almas del pecado, envenenándoles. Pero finalizaría el rito trasladándolos al Palacio de la Sisla, o a lo que quedaba de él. Todos, envalentonados por los alucinógenos, se sentaron en los restos de piedra, en círculo alrededor de los vestigios de una mesa a modo altar, depositando el libro robado sobre él para darlo como ofrenda y, se proclama como máximo y único representante de la masonería toledana. Drogados, a punto de yacer sobre el viejo círculo, Carlos prendió una cerilla y el círculo, impregnado antes de gasolina, hace que levante las llamas cercándolos. Carlos se aleja entusiasmado, viendo como el acto había salido a la perfección… ¡la realidad supera a la ficción! Es un marco donde el dantesco misterio estaba sirviendo con esas muertes la Trilogía de Carlos Medina: “Los doce de la estrella de Oriente”. Un thriller psicológico donde el dinero, el ansia de poder, y la paranoia dan de nuevo a una vertiente de la masonería moderna, donde la justicia es de los ricos e intelectuales, pero inteligentes…

Un click y escuchas el relato.

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Mañana llega el desenlace, ¿Te lo vas a perder?

@atelierdelavid

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About Galiana

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