Empezamos contando con Carmen Navas Hervás (@mcnavas1): «La batalla del lobo»

Segundo día de este 2024 y aquí vengo con un nuevo relato.

La batalla del lobo

Sonó una tuba a lo lejos y me sorprendió aquella mirada, que no era de terror, a pesar de que ese tañido solo podía significar una cosa: Vaelico, el Dios Lobo estaba listo para acompañarnos a su reino.

—Ya vienen —me dijo el muchacho con los ojos fijos en el horizonte.

—Lo sé —le contesté con tranquilidad.

—¿Será doloroso?

—No, ve a por tu cena antes de que se acabe.

Me miró con resignación y al mismo tiempo con veneración. No podía imaginar lo duro que era todo para mí.

Se sentó junto a su madre, que le besó en la frente. Todavía no había cumplido los catorce años y ya era todo un hombre. Si el tiempo lo hubiera permitido, se habría convertido en un gran guerrero, digno sucesor de su padre. Las mujeres fueron quedándose dormidas, al lado de la fogata. Los niños acurrucados en sus regazos. Algunos hombres, los más ancianos, sufrían convulsiones antes de caer, como fulminados por los dioses.

El chico, mi único descendiente, había pasado la tarde recolectando las hojas de tejo para la cena. Las bayas eran de un rojo pasión, tan hermosas que incitaban a saborearlas.

—No serán suficientes —dijo mi esposa con pesar.

—Lo sé.

 Cuando se acabó el guiso, los guerreros más veteranos, acabaron con la vida de los más jóvenes, de aquellos que no se atrevían a usar su propia arma.

La sangre inundó el monte Medulio, nuestro hogar desde tiempos inmemoriales. Mi hermano me miró y dirigiéndose al cielo exclamó, mientras se lanzaba sobre su espada:

—Antes muertos que esclavos.

Las tubas anunciaban la cercanía de los ejércitos romanos. No quedaba tiempo. Ya estaba todo cumplido y los dioses nos acompañarían en el viaje. La diosa Medhu nos daba la mano sonriendo y nos guiaba hasta las tierras inhóspitas de Vaelico.

Recorrí todo el poblado, terminando con el sufrimiento de los que no habían conseguido su objetivo. Fue duro cuando mi hermano me sonrió al darle el golpe de gracia.

Cuando comprobé que todos habían iniciado el viaje, cogí mi espada e intenté darme una muerte honrosa, intenté acabar con mi vida como un auténtico guerrero, sin embargo, no tenía a nadie que concluyera mi misión, como yo había hecho con los demás.

Cuando los conquistadores entraron en el poblado todavía estaba con vida. Mi sangre se unía a la de mi familia, a la de mis amigos. Mi sangre regaba el monte que nos vio nacer y que ahora nos serviría de sepultura. Las fogatas estaban encendidas y el crepitar de las llamas se oía en el silencio de la noche. Ya no sonaban las tubas ni los gritos de asalto. Todo quedó en silencio.

Me levanté con un dolor atroz en las entrañas y me dirigí a la fogata más grande, aquella fogata que acunaba a mi mujer y a mi hijo.

Levanté la mirada y con una voz atronadora le grité al cielo:

—Antes muerto que esclavo.

Y me lancé a las llamas, que abrazaron mi carne y consiguieron cumplir mi destino, ante los ojos atónitos de los romanos, a los que miré no con miedo ni con odio, sino con arrogancia.

Los fantasmas del monte Medulio recibieron a los invasores, que se fueron de allí sin la gloria que habían venido a buscar.

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Mañana te espero con un nuevo relato

@mcnavas1

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About Galiana

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2 Responses to Empezamos contando con Carmen Navas Hervás (@mcnavas1): «La batalla del lobo»

  1. Avatar de Maria cruz pinillos pardo Maria cruz pinillos pardo dice:

    Espectaculares los relatos de mi prima

    Me gusta

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