Relato de Eva Tejedor (@writterworking): Sueños pasados (Capítulo III)

Capítulo III

Lo recordaba todo como un borrón.

Eran las fiestas de Navidad y la clase de preescolar de Arhtur hacía una representación, como todos los años.

Uther iba a acompañarlos, pero a última hora tuvo una llamada de un inversor italiano que le obligó a quedarse.

Algo impactó contra el cristal blindado del coche en el que regresaban y lo hizo volar en pedazos.

Un nuevo impacto y el coche dio un fuerte bandazo hacia un lado, chocando con otro coche aparcado.

El chofer hizo lo que pudo, pero el coche volcó, dando varias vueltas antes de detenerse.

Cuando Joss abrió los ojos se encontró con el pequeño Arthur inconsciente y sangrando.

Con un gruñido, se soltó el cinturón y se acercó a Arthur. El niño parecía no tener más heridas visibles, así que le cogió y le arrastró fuera del coche, sacándole por la ventanilla.

Alarmado, vio como una chispa prendía fuego al charco de combustible y el coche empezó a arder.

Joss llevó a Arthur a la acera y le dejó allí tendido y volvió al coche.

El conductor estaba muerto. Abrió como pudo la puerta y entró para buscar a Ginny, la madre de Arthur.

Gimió al ver que la mujer también estaba muerta. Una herida de bala le atravesaba el pecho.

El fuego se propagaba a velocidad de vértigo y Joss arrastró como pudo el cuerpo inerte de la mujer.

No notó los cristales ni los cortes ni las quemaduras. No notó el dolor ni el humo que le ahogaba.

Solo quería sacar a Ginny del coche. Se desmayó segundos después.

Tres semanas más tarde, Joss recibía el alta. Uther se reunió con Lance, quien seguía buscando al responsable del atentado sin demasiados resultados.

—¿Has averiguado algo?

—Aun no. Tengo a Lidia rastreando día y noche. Te prometo que lo vamos a encontrar. — Uther asintió, sombrío. Algo le decía que no encontraría al verdadero asesino de su mujer.  

—Me voy a llevar a los chicos a la cabaña en Nebraska.

—Haré los preparativos.

—No. Lance, necesito que me hagas un favor. Quiero que te quedes y cuides de Joss. — Lance parpadeó un par de veces, sorprendido.

—¿No va con vosotros a la cabaña? — Uther negó.

—No se encuentra con fuerzas para enfrentar a los niños todavía. Se siente muy culpable.

Eso era ridículo, pero Lance le comprendía. Él mismo se sentía bastante culpable por lo ocurrido.

—No tiene por qué.

—Lo sé. Pero no quiere entenderlo. — Uther se encogió de hombros. – Tristán cuidará de nosotros. Quiero que tú hagas lo mismo con Joss. Necesita que le cuide alguien de confianza que no le trate como a un inútil. — Lance frunció el ceño.

—Uther, sabes que no me fio del chico.

—Lo sé. Pero no tienes por qué.

Lance gruñó su descontento por lo bajo, pero aceptó. ¿Qué otra cosa podía hacer? Dejó a Uther en las capaces manos de Tristán y se dirigió al hospital para recoger a Joss.

Ya había hablado antes con el médico que le confirmó lo que todos se temían. No iba a recuperar toda la movilidad de los dedos y tendría unas horribles cicatrices.

Se acercó a la habitación y le vio, sentado en la cama y tratando de abrocharse los botones de la camisa sin conseguirlo. Sus manos vendadas le entorpecían la labor.

Sintiendo el corazón encogido, Lance entró y se arrodilló frente a él, apartándole las manos con delicadeza para abrocharle los botones.

Demasiado sorprendido para replicar, Joss se dejó sin ofrecer resistencia.

Cuando terminó, Lance se puso en pie, ayudando al otro a imitarle.

—Vamos a casa.

(Continuará…)

@writterworking

Acerca de Galiana

Escritora, creativa
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