Relato de Eva Tejedor (@writterworking): Sueños pasados (Capítulo IV)

Capítulo IV

—¡Estás siendo absurdo, Lance!

—Soy el jefe de seguridad y yo decido cuantos guardias hacen falta para la fiesta, no tú.

Dos años trabajando juntos y todavía no habían aprendido a organizar algo sin discutir hasta el último ridículo detalle. Daba igual lo que fuera.

Algo en Lance cortocircuitaba cuando Merlin le llevaba la contraria.

A Uther todo ese asunto siempre parecía hacerle mucha gracia. Les observaba discutir con una sonrisa divertida en su rostro.

Pero esa tarde la cosa estaba al rojo vivo.

Iban a celebrar una gala a la que asistirían muchos de sus más importantes accionistas como invitados y varios miembros de la competencia.

Lance tendría que trabajar el doble para coordinar, no solo a su grupo, si no a los trabajadores externos que acompañarían a la mayoría de los invitados, como sus guardaespaldas. Iba a ser un trabajo titánico.

Pero el problema más molesto era Joss. El chico pensaba que exageraba y quería que redujera el numero de hombres para encargarse de la seguridad de la fiesta.

—Usar a todo el cuerpo de seguridad es absurdo. — protestó el chico, encarándole enfadado. — Apenas son treinta invitados y hay casi el doble de guardias.

Lance bufó sonoramente, indignado. No iba a permitir que ese niñato le dijera cómo tenía que hacer su trabajo.

—Te recuerdo que me contrataron para esto. Este es mi trabajo.

—¿Y ves lógico poner a todo el personal a trabajar?

—No es todo el personal. — gruñó.

Ambos hombres se giraron para mirar a Uther, el cual casi se atraganto con su café. Esos dos podían ser como niños pequeños, pidiendo a su padre que tomara partido por uno de ellos.

—¿Qué? — preguntó, dejando la taza sobre la mesa.

—Es tu fiesta. Tú tienes la decisión final en este tema. ¿Exagero o no? — Uther dirigió una mirada de culpabilidad a Joss antes de hablar.

—Me temo que Lance tiene razón en esto, Joss. Le contraté porque es el mejor y no voy a decirle cómo hacer su trabajo.

—¡Ja!

—Sigo pensando que es demasiada seguridad para una fiesta tan pequeña.

Uther tuvo que reprimir una risa cuando Joss abandonó el despacho, mohíno, mientras Lance hacía una pequeña danza de la victoria. Cuando se quedaron solos, el mayor regañó con la mirada al otro hombre que tuvo la decencia de lucir ligeramente avergonzado.

—¿Qué?

—¿Es necesario que discutas hasta el último detalle con el chico? — Lance se cruzó de brazos, ofendido.

—No discuto todo con él.

—Si lo haces. Y es adorable, pero trata de no ser tan obvio. Las secretarias empiezan a hablar.

—¿Obvio? ¿Sobre qué? — preguntó extrañado.

—Lance… te gusta Joss.

Lance compuso tal expresión de horror que hizo reír a carcajadas al otro hombre.

—No.

—Lo has negado muy rápido.

—Negarlo más despacio no va a cambiar la respuesta. No me gusta Joss.

—Aja. — Lance frunció el ceño.

—No me gusta.

—De acuerdo. — Uther hojeó un archivo antes de volver a guardarlo en el archivador, sabiendo que esa actitud molestaría al otro.

—Uther, no me gusta.

—No pasaría nada, la verdad. Los dos sois adultos, pero vale.

—No me gusta. — gruñó el más joven.

—Que sí, que sí. Volviendo a la fiesta, ¿en serio es necesario tanta seguridad? — el otro masculló una maldición.

—En serio.

—Está bien. Intenta no discutir más con él, ¿de acuerdo?

Lance asintió y se dispuso a salir del despacho. Sin embargo, antes de abrir la puerta se giró de nuevo hacia su jefe.

—¿En serio están hablando las secretarias?

—Tienen hasta una timba.

—Están enfermas.

(Continuará…)

@writterworking

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