Letras calientes de @AlexFlorentine: Descendencia

Descendencia

Es la noche del 31 de octubre del 2666.

En el bar hay un ambiente increíble y queda poco más de media hora para que sea la hora bruja.

Mi bebida se enfrió. El líquido rojo pierde todas sus propiedades si no lo tomas rápido. Es lo que tiene que el DJ ponga una canción antigua, de los maravillosos 90. Hace más de 666 años…

A día de hoy, la población es fácil de diferenciar. Estamos nosotros, las brujas y brujos, y los infectados. Ellos son quienes, generación tras generación, nos sirven. La ley del más fuerte. No duran mucho. Actualmente no existe la medicina como se conocía antes. Bueno, más bien no existe la medicina en general.

Pero hay otra raza, «la mixta»… Esa es la más peligrosa y poderosa. La que por sus características puede vivir de día, de noche, afuera y dentro. La que no enferma. A la que no le afecta nada. La que se regenera. A esa, pertenezco yo.

Mi madre es vampiresa. Digamos que se aburre y de vez en cuando aumenta la familia. Somos ya veinte hermanos y hermanas. Y cada uno de distinto padre. Por supuesto no les conocemos. Esa es una de las cosas en las que nos sirven.

Dos vampiros no pueden tener hijos.

Los niños fruto de una relación entre vampiros y brujos no sabemos la razón, pero no viven más allá de unos 100 años. Además no suelen definir el camino a seguir y acaban siendo lo que en la civilización antigua se consideraba etnia.

Por fin cumplo 900 años, solo deben de pasar 100 más para poder optar al puesto de mi madre. Comienza mi entrenamiento. Estoy con mi primera víctima. El que, si todo va bien, será el padre del también, mi primer hijo.

Pero es vampiro. Yo debo de elegir un puro para que sea el padre de mi vástago. Estoy obligada a que mi descendencia sea un «no mixto».

El problema es que los vampiros no se eligen, los puros nos eligen a nosotras. Tuve miedo, pero estoy sentada con uno muy atractivo y joven según nuestro baremo de tiempo.

No os dije que «los mixtos» somos casi inmortales. Todo lo fuertes que creáis, pero la inmortalidad es exclusiva de los puros. Envejecemos. Muy lento, pero lo hacemos.

Aquí llega, con otra copa de sangre sintética. Se sienta a mi lado y mis pechos suben con la inspiración.

Cuando habla miro ensimismada su boca. Sus colmillos afilados sobresalen levemente cuando se ríe y deseo sentirlos en mi piel. Pero no se decide. Lo mismo que su mano, que sobre mi medio muslo no se mueve.

Decido lanzarme, ya llevamos mucho tiempo así. No sé si es porque mi madre es quien es y teme no estar a la altura. Así que su mano, sujeta por la mía, acaba entre mis piernas.

Me gusta la ropa retro y llevo una falda corta de cuero que facilita que sienta su fría extremidad atestiguando mi calor y deseo. Sí, los vampiros están deliciosamente helados. Deseo notar algo más que su mano sobre mi ausente lencería, así que me dejo caer sobre él como si me hubieran empujado dándole a entender que ya estoy harta de la espera.

De inmediato, una cúpula de vidrio opaco, similar a una copa puesta del revés, desciende del techo. Nos dará privacidad. Ansiosa, casi arranco su pantalón y dejo salir lo que quiero sentir. Sentada, me inclino sobre él y mientras saboreo el primer helado de mi vida, le ofrezco mi garganta para que él deguste un poco de mi sangre. Así funciona: mi sangre marcará el tiempo. Y deseo que sea mucho, deseo que sea él el padre de mi hijo. Tenemos que hacerlo bien.

@AlexFlorentine

Acerca de Galiana

Escritora
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