Letras calientes de @AlexFlorentine: Duro como el cemento

Duro como el cemento

En verano pocas personas aceptan trabajar en la construcción bajo el calor abrasador. Luego dicen que no hay empleo. Ya, cuando llega el sol, por alguna extraña razón, nos enfermamos menos y necesitamos también menos trabajar. Buscábamos un peón para la obra; para la remodelación de una casa de campo que querían estuviera lista para la época estival.

Yo estaba en la parte de arriba mirando el encofrado y llegó un todoterreno. Supuse que era el nuevo.

Pero apareció «la nueva». Del coche se bajó una morena de cabello liso color azabache. Recogido en una coleta, se movía acariciando sus hombros de piel curtida por el sol. Una camiseta desastrosa, de tirantes y ancha, no impedía vislumbrar que debajo había un cuerpo con sutiles formas.

Sus piernas estaban cubiertas por un pantalón de los llamados «chinos», estampado y suelto.

Cuando se acercó, mi compañero y yo bajamos a saludar.

Ni una gota de maquillaje sobre la piel. Como recién levantada. Tenía unos ojos inmensos con iris color verde. Por sus rasgos parecía descender de la etnia india. Me recordó a las bellas mujeres de las tribus en las películas de vaqueros.

Seria, a la par que amable, siguió nuestras instrucciones como si cualquier otro trabajador se tratase. Mi compañero me miraba y meneaba la cabeza. Ese día, como se dice, «no di pie con bola».

Menos mal que la reforma era cosa de los tres, somos autónomos y según lo que un cliente necesite, nos avisamos. El trabajo está muy mal y no es que caiga del cielo precisamente.

Así pasó el mes de julio. Para agosto terminamos la obra y decidimos darnos dos semanas antes de aceptar más.

Para entonces, Runa y yo habíamos comenzado a vernos tras el trabajo.

Desciende no de indios, sino de peruanos, y acabamos de llegar a un hotel de su país después de un tercio de día de vuelo para ir a ver a sus padres.

Su piel morena, su cuerpo completamente desnudo, resalta sobre las sábanas inmaculadas de la cama. Boca abajo, lee en el móvil. Se duchó y el cabello está bastante mojado cubriendo buena parte de su espalda. Yo salgo ahora de la ducha sintiendo que mi cuerpo reacciona, poniéndose duro como el cemento, ante tal visión.

Es una diosa de ébano. Perfecta por afuera y por adentro. Nunca pensé que iba a compartir mi vida con alguien de mi profesión. ¡Qué narices mi profesión! Resulta que llegó hace poco a España y es nada más y nada menos que arquitecta.

Me deshago de la toalla y avanzo de rodillas sobre la cama, me pongo sobre ella. Mis manos se posan sobre sus dos duras nalgas y gira la cabeza. Sonríe y parte del pelo se va hacia adelante dejando ver su columna vertebral. Me inclino. Mi pecho reposa sobre su trasero cuando comienzo a besarle vértebra a vértebra. Me deslizo y mi pelvis es la que queda a la altura del melocotón que tiene por culo. Mis manos apartan mechones de cabello de su cuello, la olfateo. Huele aún a jabón. El móvil tiene la pantalla en negro. Ya no le presta atención.

Separa levemente las piernas y yo, que sé lo que espera y desea, con una mano parto por la mitad la fruta para llegar a la pepita. Se coloca como si sus piernas fueran las ancas de una rana y eleva su pelvis del colchón. Ahora mi mano está sobre su abdomen y mi órgano haciendo las labores de un higrómetro en su interior.

@AlexFlorentine

Acerca de Galiana

Escritora
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2 respuestas a Letras calientes de @AlexFlorentine: Duro como el cemento

  1. antoncaes dijo:

    Como se está poniendo la construcción, de ahí el manos a la obra y nunca mejor dicho. 😂😂😂

    Me gusta

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