Letras calientes de @AlexFlorentine: El editor

El editor

Quedé con mi corrector a la hora en punto.

Quiero que lea lo que quizá sea mi próxima publicación.

Tengo un bizcocho de naranja en el horno. Un café comienza a burbujear en una cafetera tradicional.

Oigo el motor del coche delante de la casa. Miro a través de la ventana. Al lado de la pequeña parcela que separa mi vivienda de la acera, está aparcando su vehículo azul oscuro.

Voy al espejo de la entrada y en el taquillón abro un cajón y me echo dos vaporizaciones de perfume. El cabello, recogido en una cola de caballo, está desenfadado y perfecto. Con los dedos me aprieto los labios haciendo que la sangre acuda a ellos y los hinche. Después me aplico cacao con un leve tono rosado. Me tiro un beso al espejo y me dirijo a la puerta.

Abro cuando aún no ha comenzado a subir los cuatro peldaños de la escalera. Me mira y sonríe. ¡Qué bronceado está ya! Me hace una revisión de arriba abajo y se acerca a darme dos besos.

Le ofrezco mi cara y mi cuello.

Sus manos toman mis hombros. Tiene los labios frescos, pero las manos, calientes.

Nos separamos, nos miramos a los ojos, y otra sonrisa que nos ofrecemos.

De repente, sus manos se deslizan por mis hombros hasta llegar al cuello para acabar en mi nuca. Me acerca a él y nuestros labios se unen.

Mis manos pasan de sujetarle la cintura, a abrazarlo y atraerlo hacia mí.

Nuestras lenguas se saborean y siento la suya muy dentro. Su pantalón cobra vida, lo noto en mi bajo vientre.

Pasamos a mordernos los labios. Sus manos toman mi barbilla, se deslizan por mi garganta y bajan hasta el primer botón de mi blusa.

Exhalo un suspiro que entra en su cavidad bucal. Creo oír un contenido gemido mientras termina por abrir mi camisa y descubrir un sujetador color marfil. El encaje deja entrever el tono de mi piel y delata mi excitación, a la vista y al tacto, cuando sus dedos acarician el bordado.

A manos llenas, amasa mis senos y las mías, necesitadas de algo similar, palpan entre sus piernas.

Veloz, se desabrocha el cinturón y se baja todo del golpe. Yo me deshago de la falda y le observo mientras la tela acaba como un acordeón, a mis pies. Después, con fuerza, toma mis muñecas y tropezando levemente los dos, él con el pantalón todo arrugado en sus tobillos y yo con mi falda, me empuja hacia la pared y su cuerpo me aplasta.

Me besa con pasión, desciende por el cuello y suelta mis manos. Las dejo apoyadas como están, en la pared.

Las suyas van acariciando mi contorno mientras su boca baja por mi abdomen y llega a la parte inferior —y también de encaje— de mi conjunto marfil de ropa interior.

Sus manos se detienen en mis caderas y sus dos dedos índices agarran los extremos de mi tanga con el propósito de que la lencería quede a mis pies.

Contorneo las caderas y consigue el objetivo.

En un descuido, agarro su bóxer y hago lo mismo descubriendo la vida y ganas que escondía.

Sus manos agarran con firmeza mis nalgas y me eleva. La pared me araña la espalda, pero elevo mi trasero para sentir su ansia dentro de mí.

Acabaré necesitando una cura en la piel, no es la primera vez y no será la última. Capítulo que escribo, capítulo que revisa. Y son cortos…

La campanilla del horno suena. El café huele, siento su frío y por fin, mi espalda sufre el último rasguño.

Es la hora de la merienda.

@AlexFlorentine

Acerca de Galiana

Escritora
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2 respuestas a Letras calientes de @AlexFlorentine: El editor

  1. Santiago González Vera dijo:

    Cada día que pasa, se me ocurre un nuevo capítulo, creo sinceramente que jamás publicaré mi libro, si no hubiera sido por que ya estaba escrito, el título hubiera sido…»la historia interminable», espero que mi corrector no se haya dado cuenta, que los nuevos capítulos de mi novela, son una continuación del capítulo anterior, o mejor dicho, de la corrección del capítulo. Mañana estaré dispuesta a «soportar» una nueva corrección, que espero y deseo tenga unos resultados tan satisfactorios, como viene siendo habitual, al menos desde el capítulo tercero, sí, ese que se denominó…»llegó el momento, no lo dejemos pasar». Hoy veinte capítulos más tarde, no he conseguido cambiar la historia… sigue siendo interminable…

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