Nadie aprende

La política ha sido, es y será el arte de dialogar para llegar a acuerdos. Nos guste o no de eso se trata. En este país no lo terminamos de entender, nuestros políticos casi siempre se quedan en la fase qué voy a sacar yo de todo esto.

Para que la política funcione, alguna vez en España lo ha hecho, hay que tener visión de Estado. En este momento la caterva de individuos que se colocan el cartel de políticos andan faltos de esta cualidad. La inmensa mayoría está demostrando que viene a hacer caja.

Por si alguno se ofende, al comienzo de cada legislatura su patrimonio es de x y a mitad de la misma ya se ha incrementado ostensiblemente.

Hecha esta breve aclaración, ¿cuántos políticos miran por el país? ¿Cuántos tienen visión de Estado? A estas preguntas se responde rápido, nos sobran los dedos de una mano. ¿Cuántos lanzan soflaman ideologizantes a los suyos para mantener su puesto? ¿Cuántos se dedican al clientelismo político? ¿Cuántos destituyen a quien sea para no asumir responsabilidades? Para responder a estas cuestiones tardaríamos bastante, la lista es descomunal.

Si la política fuera una empresa privada muchos de nuestros representantes serían despedidos a las pocas semanas por ausencias no justificadas al trabajo, agresividad hacia el resto de sus compañeros, baja productividad, estafa, engaño, irresponsabilidad, dejación de funciones… En resumen, todas estas personas que cobran un pastizal serían carne de las listas del paro.

Dado que su sueldo se lo pagamos los españoles deberíamos exigirles algo más.

No nos tendríamos que conformar con su falta de visión de Estado, sus palabras huecas, su ego desmedido, su haz lo yo diga pero no lo que yo haga, su falta de ética, de escrúpulos. Nos debería sobrar tanta milonga.

No hay año que, por una causa u otra, en alguna zona del territorio no haya elecciones. No hay año que nosotros, los votantes, no tengamos la capacidad de enviar al paro a todas estas personas que no cumplen con su trabajo. No lo hacemos, aunque sí nos quejamos en las redes sociales.

De un tiempo a esta parte se nos ponen los pelos como escarpias cuando vemos que en otros países cierto tipo de formaciones extremistas crecen y crecen y crecen.

La historia demuestra que no es la primera vez que pasamos por esto. Hastiados de personas en el poder que sólo miran por ellos ponemos los ojos en cualquier otro por un por si acaso.

Está claro. Los unos por los otros, nadie aprende.

Galiana

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