Letras calientes de @AlexFlorentine: Saloon

Saloon

Tal y como me habían dicho, puntuales.

La diligencia se detiene en medio de una nube de polvo naranja.

Cuatro famélicos caballos mueven nerviosos la cabeza. Alguien grita que les den agua.

Yo sigo liando el cigarrillo sentado en mi mecedora, al sol del mediodía y observando a ver cuándo se dignen a abrir la pequeña puerta del viejo carruaje.

Bajo la cabeza para que el tabaco no se me caiga y cuando levanto la vista, la veo.

Lo que se me cae es el cigarro y la pequeña lata de hojas para liar.

Allí hay cuatro chicas delgadas y asustadas que miran hacia todos los lados.  El sol refleja sobre el cabello de una, de un hermoso rojo fuego como el de la diosa Hestia.

Todas llevan vestidos menos ella, que se ha atrevido a llevar un pantalón de piel marrón, medio raído. Una camisa blanca amarillenta aprieta sus pechos bajo un chaleco negro.

Se inclina para coger su equipaje y veo su perfecto final de espalda.

Desde ese momento sé que ella no va a ser para ninguno más que para mí.

Dicen de las pelirrojas que son brujas y hechiceras, pero también, que son apasionadas y excelentes amantes.

Me levanto y la espuela de mis botas deja huellas en la árida tierra de la que me dirijo allí. Las gentes me miran con respeto y miedo, pero también deseo. Las chicas el «Saloon» cuchichean ante mi paso, oigo algunas risitas y creo, que algún beso tirado al aire.

Soy el sheriff autodesignado. Me gané el título en un combate limpio contra el desdichado y viejo anterior. Nadie se atrevió a objetar nada cuando arranqué la estrella del abrigo que cubría el cuerpo aún caliente. Los dos crecimos en el pueblo. Él, con mejores condiciones que yo, provenía de una familia poderosa y corrupta. No era muy apreciado y yo presenté candidatura. Amañaron el resultado y le reté.

Madre mía, qué belleza de mujer. Los recuerdos se van de mi cabeza al momento.

Admiro a las cuatro de arriba a abajo deleitándome con sus curvas.

Bajan la cabeza y desfilo por delante como un mando superior del ejército. Llego a la altura de mi diosa, y sin levantar la barbilla, sus ojos azul claro me miran. Desafiantes.

Con un cabeceo y un «id al Saloon, ya os dirán lo que tenéis que hacer» dirigido a las otras tres, agarro su mano y niego con la cabeza.

—Tú, no. Tú te vienes conmigo.

Tiro de ella hacia la oficina y me opone resistencia.

—Mi equipaje es pesado.

Me encanta su tono desafiante. Es más, suelta la bolsa, que cae al suelo con una sorda onomatopeya.

La cojo despreocupado y vuelvo a incitarla a que me siga. No hace falta que tire de ella. En mi regreso, las chicas del «Saloon» no se ríen, no tiran besos, no cuchichean. Miran a la nueva como si fuera una bruja.

Cierro la puerta. Dentro, a la sombra, hace fresco. Tomo una jarra y le ofrezco agua invitándola a sentarse. Cosa que hace.

La blusa se le abre entre los botones y mis ojos se detienen más tiempo del debido en la línea que separa sus dos firmes pechos. Cruza las piernas con descaro y toma un sorbo de agua pasando después la lengua por sus carnosos labios.

—¿Así que tú eres el sheriff y el dueño de los negocios aquí?

Me siento a su lado, sobre la mesa.

—Ganado a pulso, pequeña. Un combate al que aceptó gustoso. Tenía que salvar a mi pueblo de aquel malnacido.

—Ah… ¿Así que eres un buen hombre? ¡Qué calor tengo!

Coge el vaso y se echa el agua sobre la palma de la mano para después pasársela por el cuello y escote.

Tomo la jarra y le ofrezco más, pero en vez de darme el vaso, este lo deja sobre la mesa, cerca de mí, mientras sus hábiles dedos desabotonan su blusa.

—Dije que tenía calor —repite.

Y doy fe de que perlas de sudor arrollan hasta la hebilla de su pantalón. No sé qué hacer ante tanto descaro. Pero ella, sí. Sentada, levanta una pierna y dirige un pie entre las mías haciéndome sentir dolor mezclado con placer. La forma incitadora con que me muestra la cremallera de su pantalón hace que la mía vaya a explotar.

—Tengo entendido, que buscas a alguien que se encargue de las chicas.

—Así es —musito.

—Pues quiero el puesto. Es más, sirvo para él.

Se inclina hacia adelante y comienza la demostración de que ella sería la mejor institutriz para las chicas que quisieran trabajar en el «Saloon».

@AlexFlorentine

Acerca de Galiana

Escritora
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2 respuestas a Letras calientes de @AlexFlorentine: Saloon

  1. Santiago González Vera dijo:

    Y estaba escrito, no había otra solución, ella, la diosa pelirroja y peligrosa, a partir de ese día, lanzaría su grito de guerra, el desde ese mismo día, considerado el emblema de la diversión de los hombres en ese endiablado y polvoriento lugar…»chicas, al salón». Lo que nadie sabía, ni tan siquiera imaginaba lo que realmente la aparición de esa «diosa pelirroja», iba a suponer en la polvorienta ciudad fronteriza de Felicidad. Ella iba a transformar la tranquila existencia de los habitantes y visitantes de esa ciudad… La suerte está echada, las historias del lugar, van a comenzar a tener cuerpo…y por cierto…que cuerpo escultural, pero eso lo dejaremos para otra ocasión, ella, su autora puede conseguir desvelar el misterio…la vida acaba de cambiar…

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