Vida mafiosa

Vida mafiosa

Habían salido hacia la casita de la playa.

Él no llegaría hasta la noche, y ella y su guardaespaldas tenían toda una tarde para dar rienda suelta a su pasión.

Nadie sospechaba nada. Era normal que la bellísima esposa de un «narco» tuviera al menos a un hombre tres veces más grande que ella pisándole los pies.

Le dijo a su marido que se iba a dar un baño en la cala y él le rogó que llevase a «alguien» por lo que pudiera pasar.

Así era el tráfico de drogas. Vivías bien y con lujos, pero siempre a la expectativa. 

El vestido de Angélica era de punto y con agujeros. Por decir que llevaba algo encima del bikini.

Su guardaespaldas, un pantalón corto y una camiseta a reventar a causa de su marcada musculatura.

Allí no había ni un alma. Era propiedad privada, pero a veces, algún atrevido amarraba su barca en aquella parte del inmenso lago.

Se miraron y entraron a la casita de cuento, construida a capricho por su esposo.

Angélica dejó la bolsa sobre una silla de la entrada y se dio la vuelta.

—¿Te parece que nos bañemos antes? —le preguntó poniéndole su dedo índice sobre los labios.

Él cogió su muñeca, abrió la boca y comenzó a chupar.

Ella se arrimó aún más y con la mano libre comenzó a comprobar la musculatura de su cuerpo.

—Te echo de menos… —susurró antes de morderle el lóbulo de la oreja.

—Yo también. Pensar que… —suspiró— estáis ahí adentro de la habitación y…

Ella le agarra la entrepierna.

—No significa nada, lo sabes. No lo amo. Le amé, pero…

Baja la cabeza.

Él coge la barbilla, se la levanta y la besa con suavidad.

—Lo sé. Te trata como a un trofeo. Y eso puede estar bien al principio, pero luego cansa.

Angélica afirma con la cabeza y deja de besarle. Se echa hacia atrás y desata el vestido. Este cae a sus pies.

Él se desprende de la ropa dejando su cuerpo como si fuera una escultura romana perfecta y de un hermoso mármol en tono beige. Se acerca a Angélica y le baja los tirantes de la parte superior del bikini a la vez que la besa en los hombros. Se arrodilla frente a ella y desliza sus manos por el contorno de su torso hasta llegar a su esbelta cintura.

Ella apoya las manos sobre su cabeza cuando siente los dedos de él tirar hacia abajo de los laterales de la parte inferior del bikini.

Ambos, como vinieron al mundo, instantes después acarician con ansia sus cuerpos sin haber decidido siquiera cuándo bañarse.

Poco más de una hora después, él vigila a la esposa del más importante narcotraficante de la zona.

Antes salió por la parte trasera de la casa y se dio un rápido baño. No fuese que alguien, desde la casa, los observara salir juntos y pensara algo malo.

Observa el cuerpo húmedo de su amante bajo el minúsculo bikini de dibujos a hojas.

Siempre lo han dicho, son perfectos como pareja, con ellos rompieron el molde. Pero han de esperar. En alguno de esos viajes, él no regresará.

Mientras, disfrutarán de lo que la naturaleza les ha otorgado. Y un poco de gimnasio y otro más de dinero. ¡Para qué engañarnos!

@AlexFlorentine

Acerca de Galiana

Escritora
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