La sociedad de la envidia

Hace algunas generaciones se instaló en la sociedad española el lema “progresa adecuadamente”. Se me ocurrió preguntar ¿respecto de qué, de quién? Se me respondió que el progreso era respecto del grupo al que el individuo pertenecía.

Aquello me espantó. Sentí que jamás avanzaríamos. Quienes habían apostado por aquel lema pretendían igualarnos hacia abajo. No daba crédito. Estábamos destinados al fracaso como sociedad.

De todo aquello han pasado muchos años. Para mi desgracia no me equivoqué en mi vaticinio.

En lugar de ser una sociedad próspera que cree en el esfuerzo personal mirando hacia el futuro con sus luces y sus sombras, confiando en el trabajo como forma para avanzar, somos todo lo contrario. Un atajo de individuos gobernados por la envidia y el odio a todo aquello o aquellos que no son, no piensan, no hacen lo mismo.

Casi nadie se esfuerza por querer ser, hacer, avanzar, diferenciarse y a quien se sale del camino se le penaliza socialmente.

La inmensa mayoría invierte su tiempo en mirar lo que hace el de al lado, en envidiarle y odiarle porque sobresale. Se hace porque ansiamos ser, tener, vivir como la persona que envidiamos y odiamos.

El famoso progresa adecuadamente ha hecho que en esencia seamos miserablemente mediocres.

Tal vez si toda esa energía que invertimos en machacar al prójimo la utilizásemos en esforzarnos en positivo seríamos mejores de forma individual, así tendríamos algo de valor que aportar al resto.

Ahora mismo somos la sociedad de la envidia y del odio más furibundo. Esto ya de por sí es terrible, pero en unos años será infinitamente peor, porque tal y como están diseñando el futuro vamos a terminar siendo la sociedad del borreguismo más absoluto.

Nos hemos dejado comandar por minorías lideradas por mesías envidiosos retroalimentados de odiadores profesionales, que necesitan mantener su caudillaje con borregos aplaudidores.

Estos líderes son quienes están imponiéndonos las nuevas normas éticas y sociales donde la censura avanza a pasos agigantados, donde no hay cabida para el cogito ergo sum pero sí para la ”vieja del visillo”.

En nuestras manos está revertir todo esto. Sólo progresando adecuadamente respecto de uno mismo tendremos futuro, sólo abandonando la sociedad de la envidia y del odio seremos.

Galiana

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