Zapatería

Zapatería

 

Es el cuarto par de zapatos que me pruebo y ni siquiera me gusta el modelo con cordones que me estoy atando mientras observo los tobillos de la dependienta.

Termino y levanto la cabeza en la cuarta vez que recorro sus interminables piernas cubiertas por unas medias negras. Poco más arriba de las rodillas luce una falda color azul marino de corte recto con cinturón de hebilla. Una blusa blanca se esconde bajo la falda e imagino la tela acariciando su lencería y abdomen. Cierro los párpados al imaginarme las zonas cubiertas con encaje.

Le devuelvo con una sonrisa los zapatos y se me cae uno cuando nos miramos a los ojos.

Ella se inclina y la blusa se abre delante de mí.

Su sujetador es negro y pienso en el dicho de mi abuela: «El negro pega con todo».

—¿Qué tal con estos? —pregunta refiriéndose a los zapatos.

Arqueo las cejas y aprieto los labios.

—¿No tendrás un modelo sin cordones?

Ella mira dos de las cuatro cajas que tengo al lado. En la última, guarda los zapatos que le acabo de dar. Las dos primeras tienen en su interior zapatos sin cordón. No soy capaz de decidirme por unos. Y tampoco quiero. Desde que entré y la vi, me tiene loco y no sé cómo entablar conversación con ella.

 

Es el cuarto par de zapatos que se prueba y al igual que el par anterior, son de cordones. Vi la expresión de su cara cuando le di los terceros, e intuí que no eran de su gusto, pero no quiero que se vaya de la tienda. Aún no. Sé lo que busca, en cuanto a zapatos, y en una mujer.

Deseo que su mirada vuelva a deslizarse por mis piernas y siga los laterales de mi falda; que se ajusten sus pupilas hacia el centro de su nariz cuando llega a la hebilla de mi cinturón. Sus manos son delicadas y me gustaría saber cuánto de suaves.

Me las imagino por encima de mis medias, subiendo por mis muslos, debajo de mi falda tocando la blusa que roza mi abdomen. Cierro los ojos porque creo sentirlo.

Pero ¿cómo hacer para conseguir eso? Si le ofrezco los zapatos adecuados, supongo que se vaya y no sea más que otro cliente más.

—¡Ejem! Me quedo con los primeros.

Salgo de mi ensimismamiento. Fin del juego. Se levanta y me sonríe.

—Creo que ya me has ofrecido bastante atención. Además, el primer par es del tipo que suelo usar.

Pienso que ahí lleva razón, pero no fue hasta que estuve a su lado, cuando me di cuenta de que había sido una equivocación darle ese primer par de zapatos sin cordones. Me encojo de hombros dirigiéndome a la entrada y él me sigue.

Imprimo la copia del ticket y se la doy cuando le devuelvo la tarjeta. Ni una palabra más durante ese tiempo. Cuando lo hago, mis dedos rozan los suyos. Guardo la caja en una bolsa y me pregunta.

—¿Aceptarías que con esta tarjeta pagara hoy una cena para los dos?

—Salgo a las ocho —afirmo y lo miro descarada a los ojos—. Me gustaría que estrenaras estos zapatos.

Toma la bolsa y me sonríe.

Pobre. Es una obsesión fetiche, que cuando hago el amor con alguien, solo se deje puestos los zapatos. Ya sean de suela plana. O de tacón. Con cordones o sin ellos.

@AlexFlorentine

 

Acerca de Galiana

Escritora
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3 respuestas a Zapatería

  1. amparohounie dijo:

    qué increible sintonía en un relato corto. Todo está bien contado.

    Me gusta

  2. Pingback: Zapatería — GalianayCía. – Josefina Cuevas Hernández

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