Yo

 

Yo

 Soy escritora de literatura erótica y me lo paso de miedo la mayoría de las veces viviendo el momento antes de plasmarlo con letras. Sobre todo cuando es verano porque en invierno, aunque tenga calefacción, no me apetece disfrutar con ciertas partes de mi cuerpo, ya que es un fastidio tener que abrir nudos, desabotonar botones y bajar cremalleras.

Escribo de todo, lo mismo de infantil, que fantasía. Desde prosa vampírica y policíaca, hasta sutiles versos que hierven la sangre.

Me trasladé de residencia y este verano fue sofocante. Más de lo habitual. El aire acondicionado no se puede poner todo el día, al menos, hasta que no me convierta en una escritora consagrada (vamos, nunca). Como estoy sola en el lugar donde me inspiro, me permito hacerlo como me da la gana. Si a unos cuarenta grados, le subimos la temperatura, mi sangre se convierte en orujo puro. Las hormonas empiezan a fluir y necesito agua.

En la nevera hay varias botellas con ella fresquita. Y no, no es solo para beber. Porque hay que hidratar y refrescar el cuerpo. Me llevo una a la mesa tomando por el camino pequeños sorbos. Ya sentada, sobre la palma de una mano, echo un chorro de ella. A veces, cae al suelo algo y con las plantas de mis pies lo seco mientras la mano con agua se desliza por mi cuello y hombros en sentido descendiente.

Repaso el texto y vuelvo a echar agua sobre la forma cóncava que forma la palma de una mano ahora apoyada sobre mi abdomen. El agua sobre mi pelvis, mezclada con el sudor, hace que tenga una sensación pegajosa. Esta escena es más fácil, porque el agua que se escurre se desliza por ambos laterales de mis muslos y me refresca. Dejo la botella sobre la mesa y con los dedos de esa mano pulso en el teclado las teclas de deslizar arriba y abajo. Mientras leo el texto, los de la otra refrescan entre la zona entre mis muslos, pegajosos cuando los separo, mezcla de sudor y restos de agua.

Lo bueno de tener tanta temperatura es que la parte mullida de la silla no se resiente. Se seca de una hora para otra.

Así que, de una hora para otra, puedo pasar de escribir o corregir un texto ardiente a uno infantil. Paso de estar, con un calor terrible al sosiego, de estar empapada, a serena y relajada.

Lo malo es que mi mente comience a fluir y me salga una poesía:

Siento que mi cuerpo quema,

que me suenan los fonemas

y las palabras invaden mi cabeza

sin piedad ni ninguna delicadeza.

Espero y deseo que vosotros disfrutéis leyendo,

lo mismo que yo escribiendo,

ya afuera fuese el más caluroso verano,

o el más crudo invierno.

Y hasta aquí mis letras de hoy,

si quieres más, yo te las doy.

Aunque tendrás que esperar una semana

porque «esta nena», es la que manda.

Bebed, hidrataros. Somos agua. Somos sensaciones.

 

@AlexFlorentine

 

Acerca de Galiana

Escritora
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