Nadal podríamos ser todos

Casi todos aspiramos a ser un poco como Rafa Nadal, ahí en la pista de tierra batida solos ante el peligro cual Gary Cooper saliendo victorioso casi siempre. O quizá como Messi o Cristiano que con su equipo (jueguen donde jueguen) dan lo mejor de sí mismos para intentar alcanzar la victoria la mayoría de las veces.

Llegar donde ellos no se hace chasqueando los dedos, son años de esfuerzo y sacrificio.

Los mortales como nosotros estamos convencidos, de forma errónea, que son superhombres y que nunca podremos ser como ellos.

En su mundo es evidente que no, en el nuestro, en nuestro día a día podríamos ser como ellos, no tengo la menor duda.

En el escalafón donde la mayoría de nosotros nos movemos cada cual levanta su persiana a diario con la misma entrega como le hemos visto al ya retirado Paul Gasol o al incombustible Fernando Alonso.

Como ellos nos encontramos con infinidad de problemas a los que nos debemos enfrentar. Y sí, estamos solos como Nadal en la pista y puede que no tengamos un equipo que nos ayude como a Messi o Cristiano cuando las cosas se ponen torcidas aunque ellos sean los que tiren del carro.

La mayoría de las veces nos encontramos con unas normas a seguir de las cuales no te puedes salir ni para respirar. Debes dejarte tutelar sí o sí, no hay cabida para la libertad individual. Cada vez más intentan introducirnos en algún cajón al que por narices debemos pertenecer.

Quien imagine a alguien dándole instrucciones por un pinganillo a Nadal mientras está disputando un punto sería tratado de orate. A quienes levantamos la persiana cada día nos cambian las reglas del juego en el mismo momento de disputar el partido, la concentración, las ganas y demás se van por el sumidero ante normas contradictorias o confusas, más si cabe en temas referidos a cuestiones personales o íntimas.

Todo esto está provocando tal despropósito que al final las cabezas no saben ni dónde están.

Ante el desorden llega la quiebra de la salud mental. ¡Fenomenal!

Tal vez, solo tal vez, el estrés venga provocado por tanto dislate, por querer controlar nuestra libertad individual, por apretarnos tanto y a la vez exigir que tengamos la cabeza amueblada.

De seguir así esto tiene pinta de terminar como aquel infausto campeonato del mundo de 1998 donde Carlos Moyá, copiloto por entonces de Sainz, le gritaba desesperado mientras éste intentaba con un extintor apagar el humo que salía del motor del coche «¡Trata de arrancarlo! ¡Trata de arrancarlo, Carlos! ¡Trata de arrancarlo! ¡Trata de arrancarlo, por Dios!».

Galiana

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6 respuestas a Nadal podríamos ser todos

  1. JM Vanjav dijo:

    En nuestra propia medida todos siendo blandos y flojos como agua podemos convertirnos en el hielo que agriete cualquier roca o como icebergs hundir a cualquier barco. El carácter es solo determinación y capacidad de sufrimiento y lo uno sin lo otro no nos lleva a ninguna parte, pero su amalgama es de mucho cuidado.
    En cuanto a las circunstancias esas sí que no las podemos controlar y siendo adversas nos complicarán más las cosas, pero la actitud sí depende de nosotros y con la adecuada podremos surfear la ola aunque parezca un tsunami.
    Así que con algo de carácter y la actitud apropiada que se prepare el rival 😁👍

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