Las «Letras calientes» de @AlexFlorentine: Oficina

Oficina

La contabilidad, con sus balances e inventarios.

Cada fin de mes así; hasta altas horas de la madrugada en la oficina.

Muchas veces pensé en darle la sorpresa.

Hoy la llevé a cabo.

Por supuesto, tengo las llaves de la empresa porque soy propietaria de la mitad.

El eco de mis tacones suena en los solitarios pasillos y escaleras, pero no me va a oír. Su oficina está perfectamente aislada porque es muy susceptible al ruido.

No hay nadie más. Lo sé, como también sé que se queda revisando los apuntes contables personalmente.

A través de las cortinas verticales de la ventana veo la luz de su lámpara de mesa.

Agito mi cabello, estiro la falda, me amoldo el sujetador y giro el pomo de la puerta con lentitud.

Levanta la cabeza y con la boca abierta se baja las gafas hasta la punta de la nariz.

Cierro la puerta tras de mí. No digo nada. Ni me muevo.

—¿Qué haces aquí? —me pregunta levantándose.

—Vengo como una especie de fondo de maniobra. Es decir, un recurso a largo plazo con el fin de controlar tu supervivencia.

—No, cielo. No debes.

—Todo es cuestión de equilibrio. Como el debe y el haber. Soy tu contrapartida.

—¿No olvidas que fuiste mi contable?

—No olvido como te conocí.

Está a centímetros de mí. Se le ve cansado.

—¿Necesitas ayuda? —pregunto.

—Necesito un receso.

Sus manos se dirigen a mi chaqueta y la abren.

—Necesito hacer memoria.

—Necesitamos consolidarnos —murmuro a su cuello—. Los dos, como único grupo.

La frase hace que nosotros: dos filiales de una misma matriz, sin ninguna pérdida ni gasto excesivo de tiempo, tomemos nuestros activos y pasivos en consecuencia y comencemos a hacer la regularización.

Cuando revisas la contabilidad pueden sobrar asientos contables; faltar o no estar bien expresados. Por lo tanto, implican movimiento y desprenderse de lo superfluo. En nuestro caso, de ropas y zapatos, dejando solo la materia prima original. Todo se quedó tirado tras la puerta, arrugado como si estuviera desclasificado en un archivo.

Me dirijo a la mesa llevándolo de la mano, incitándole a que cuente cada porción de mi piel y que vaya calculando el gráfico a generar. Cuando no tengo más baldosas que pisar, siento su activo tras de mí. Entonces, cercada por la mesa, me doy la vuelta. Me siento sobre la madera y cruzo las piernas entre el poco espacio que me deja.

—Estamos ante una inspección en toda regla, caballero —le digo metiéndome en la boca un lápiz que encuentro al lado del ordenador—. ¿Seguro que quiere continuar?

Con mano firme me lo quita de los labios y lo tira detrás de mí. Después, con las dos, toma mis rodillas y me descruza las piernas. Al poco, siento dentro de mí el gran beneficio del mes, una única barra rectangular de longitud determinada.

 

@AlexFlorentine

 

Acerca de Galiana

Escritora
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2 respuestas a Las «Letras calientes» de @AlexFlorentine: Oficina

  1. antoncaes dijo:

    Vaya cuento, no veas cuanta actividad empresarial. 😛

    Me gusta

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