Las «Letras calientes» de @AlexFlorentine: Informática

Informática

Carla es la informática de la empresa; una joven friki a la que contrataron para velar por los datos alojados en nuestros servidores. Llegó y me cautivó con su vestimenta negra, tres pendientes en cada oreja, cabello azabache azulado recogido en dos coletas y maquillaje marcado sobre una inmaculada piel blanca. Novedosa y diferente a las demás.

Reservada y metódica, hace su trabajo y punto. Nos cruzamos alguna palabra cuando coincidimos en el ascensor, pero poco más. Siembre va con cascos, la música elevada y mirando el móvil. Sus dedos, con uñas pintadas en negro, se mueven con agilidad sobre el teclado de la pantalla.

Yo voy en mi coche al trabajo y suelo estacionarlo en una calle sin salida después de cruzar la carretera. Ella viaja en autobús.

Hablé con recursos humanos y sé dónde vive, que lo hace sola y que tiene unos cuantos años menos que yo. Soy asesor de productos financieros y trabajo en el piso superior a donde está su oficina. Así que, su cuerpo, cubierto por el textil tipo imitación a cuero y pegado como una segunda piel, siempre sale antes que yo del ascensor. 

Por mi parte aparento bastantes menos años de los que tengo. Me cuido mucho, voy al gimnasio asiduamente, y desde hace otros, no comparto mi vida con nadie. El trabajo me absorbe día y noche.

Todos sabemos que el tiempo está loco entre marzo y abril, y ese día, una hora antes de acabar nuestra jornada, el cielo se oscureció y comenzó a llover como si fuera el Apocalipsis. Hasta la luz se fue dentro del edificio.

Carla abre la puerta de mi despacho después de un tímido toque en la madera. Bajo las luces de emergencia me parece un ángel hermoso, pero vestido de negro.

Pienso que hace su trabajo comprobando que los servidores funcionen a pleno rendimiento, pero se acerca a mí.

—Hola, ¿tu equipo funciona bien?

Mi corazón experimenta un cambio de marcha.  Lleva una falda corta tipo escocesa sobre unas medias de rejilla y me da tiempo a pensar que es la primera vez que la veo con una. A recordar, que hoy no nos hemos cruzado en el ascensor. La cazadora se la debió de dejar en su silla y el logotipo de la camiseta sufre una leve deformidad a la altura de sus pechos, donde las letras del mismo se estiran. De la que subo hacia sus ojos, compruebo que las medias están impolutas y voy empapándome de cada centímetro que desearía tocar y que nunca tuve tan a mano. Sus ojos son azules, como el agua limpia en el interior de un pozo negro, por la cantidad de maquillaje que lleva. Sus pestañas, grandes como abanicos, sombrean hasta sus mejillas. Sus pupilas piden respuesta, pestañea e intenta despedirse.

—Veo que todo va bien, vuelvo a mi mesa. Estoy haciendo una comprobación general y eres el último.

Hace ademán de darse la vuelta, pero la tengo a mano, demasiado a mano. Y los dedos agarran los cuadros de tela de su falda e impido que se vaya. Me mira.

—¿Te llevo a casa?

Es lo único que atino a decir. Siento mis axilas mojadas. Menos mal que la camisa es blanca. Sin querer, la sangre me está fluyendo para otro sitio en el que no tiene nada que hacer.

—Vale —me sonríe—. Podemos tomar algo allí. Es viernes y mañana no tenemos que trabajar.

Se sienta en la esquina de la mesa de modo desenfadado.

—Así te explicaré en qué consiste mi trabajo. Veo que llevas tiempo mostrando interés por él. Todo se basa en conectar y desconectar, en meter y sacar. Datos y dispositivos…

Se levanta de un saltito y añade:

—Pasa a buscarme después.

Yo me quedo con la sangre detenida donde aún no tiene nada que hacer… Al menos, hasta la noche.

@AlexFlorentine

 

Acerca de Galiana

Escritora
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5 respuestas a Las «Letras calientes» de @AlexFlorentine: Informática

  1. antoncaes dijo:

    Vaya con la informática, nos mantendrás informados de la táctica y de cómo descargan los discos duros de la PC. 😉

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  2. Me quedado turbado y enganchado con el aparato como un USB, en serio me encantó la historia, un poco de picante da sabor a esta sosa vida, felicidades

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