Opinólogos

En este país la profesión de opinólogo da mucho rédito, la practicamos casi todos, tienen su origen en acodarse con los amigos en la barra del bar.

Antes de la llegada de internet a lo más que llegábamos como opinólogos profesionales era a ser entrenadores o seleccionadores de fútbol. Desde que Google y las redes sociales se instalaron en nuestras vidas somos expertos en muchísimas más materias, es más, cambiamos de una a otra en cuestión de medio minuto.

Da igual los estudios que tengamos o no, somos capaces de llevar a cabo un análisis tremebundo sobre política internacional o nacional, hacemos a todo. Tanto es así que dejamos a los politólogos profesionales a la altura del betún.

Por supuesto podemos hacer de una tacada un análisis económico que quita el sentío, le explicamos cómo funciona el Ibex35 a nuestra abuela con una facilidad que hasta ella sabe cómo le va a las grandes empresas.

Ante el crimen más aterrador somos expertos criminólogos dándole mil vueltas a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad. Resolvemos crímenes, secuestros, atentados, todo lo que nos pongan por delante.

Tenemos mil y una soluciones para el cambio climático porque somos más chulos que un ocho y de esto entendemos como si toda la vida nos hubiéramos dedicado al medio ambiente.

Hemos demostrado lo mucho que sabemos de la pandemia porque somos epidemiólogos, virólogos, del funcionamiento de las vacunas vamos sobraos, y de dirigir y gestionar hospitales ¡a nosotros nos van a decir!

Porque no nos dejan, pero tenemos la solución al conflicto de la guerra de Afganistán, Siria, Oriente Medio. Los follones entre judíos y palestinos hace tiempo que habrían terminado si nosotros fuéramos los asesores.

Por si toda esta retahíla de materias no fueran pocas conocemos todos los ordenamientos jurídicos, no sólo el de nuestro país. También el procedimiento judicial español y de cualquier parte del mundo. Entendemos cómo funciona el tema de la violencia de género, de los despidos laborales, de la inmigración, de la homosexualidad, del racismo

En resumen, somos los opinólogos perfectos.

Tanto es así que quien suscribe se atreve con la definición que debería dar la RAE. Vendría a ser más o menos así: «Dícese de la persona que creer tener idea de todo y da su opinión con vehemencia sobre el tema que se le antoja, una vez hecha su declaración deja patente su ignorancia supina. Para demostrar su sapiencia debe tener una vasta legión de aplaudidores».

En esta tesitura ¡Cómo echo de menos a los opinólogos de la barra del bar!

Galiana

Recuerda, puedes escuchar la versión en podcast en el canal Galianaescritora de Telegram

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Acerca de Galiana

Escritora
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