En #GalianaYCía del 2020 al 2021 con los relatos de @PedroValdes: El músico (Amor de hijo)

Empecé a estudiar música muy pequeño. Mi madre era, entre otras muchas cosas, una melómana empedernida y nos apuntó a mi hermano y a mí a las clases de Dña. Isabel, la que daba lecciones de piano y guitarra en frente de nuestro bloque. Recuerdo esas tardes leyendo música arropado con las enagüillas, al calor del brasero, con los ojos fijos las notas que la profesora iba marcando con un lápiz sobre el pentagrama. Los pentagramas son como las autopistas yankis, donde circulan por múltiples carriles redondas gordas y solitarias, blancas estilizados, negras y familias de todo tipo que viajan en el mismo coche. Todos juntos producen la melodía de las grandes ciudades, la nueva música de nuestro tiempo.

Mi madre cantaba ópera en casa, sobre todo cuando se le iba la mano con las copas. Nunca la escuche cantar fuera, mi padre jamás lo hubiese permitido. Tenía la carrera de música pero no nos daba clases ni a mi hermano ni a mí. Era incapaz de enseñarme nada, de mostrar el más mínimo interés sobre lo que hacía. Se negaba a reconocer que era yo, y no Santiago, quien había heredado el talento musical. Yo no existía para mi madre, y a mí, ahora que soy famoso me gustaría borrarla de mi pensamiento.

Yo me pongo muy nervioso al subir al escenario, pero también es emocionante. Te subes ahí arriba y estás en otro mundo. Veo al público a mis pies, se me erizan los pelos cuando, tras presentarme Kike, hago un pequeño solo de batería que acompañan con silbidos y batir de palmas. Cuando Paca les dice “¡ahora vosotros!” y miles de voces atadas por la letra de la canción suenan como una sola. Evito mirar a los de la valla, los de la sudadera negra con capucha. Los que llevan el anagrama del grupo y las letras de mi nombre grabadas en amarillo chillón en el pecho. El amarillo trae mala suerte en esto del espectáculo, ya lo sabes. Ellos me aojan, por eso procuro no encararles y, cuando lo consigo, disfruto del concierto, del momento, porque después, al bajar del escenario, vuelvo asentir náuseas, me tiemblan aún más las manos, las piernas, pienso en mi madre y vuelvo a ser el que soy, pero envasado al vacío. El jamón hay que sacarlo un poco antes, cortas el plástico y se rompe el vacío al absorber el aire. No conviene tenerlo en la nevera, por eso hay que dejarlo al aire, para que se oxigene, suelte grasa y este bueno. Yo después de los conciertos necesito oxigenarme.

@PedroValdes

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