De un tiempo a esta parte el silencio lo rompes con un:
—Tú no me…— seguido de un— Yo si te…
Te miro sin decir nada. Aceptas mi callada como una confirmación de cuanto dices.
No voy a negar que puedes tener razón, en parte la tienes.
Es tan fácil descargar la culpa sobre el otro, es tan condenadamente sencillo.
Galiana
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Escritora, bloguera, podcaster, enamorada de todo lo que huele y sabe a Cultura
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