Washington Irving – parte 3 – «La leyenda de Sleepy Hollow» – por Marta Caniego

Nuestro protagonista de la semana, Washington Irving, escribió cuentos estupendos, uno de ellos en 1820, La leyenda de Sleepy Hollow.

La historia se sitúa en 1790, en los alrededores del asentamiento neerlandés de Tarry Town (Tarrytown, Nueva York).

Sleepy Hollow

El vello del pobre pedagogo se erizaba a impulsos del terror que lo embargaba. ¿Qué podía hacer o decir? Era demasiado tarde para girar la grupa de su caballo y escapar por donde había venido. Además, podía tratarse de un espectro, de un fantasma, de un espíritu: seres de aire capaces de atravesarlo incluso de cara al viento.

Así que, haciendo acopio de los últimos rescoldos de valor y de cordura que ardían en su pecho y en su cabeza —y a despecho de su voz en un hilo—, escuchó, no sin sorpresa, que de su boca salía una pregunta. Como la sombra no respondiera, repitió la pregunta… y tampoco obtuvo respuesta.

Así que no le quedó otra que atizar con la fusta, de nuevo, al maldito Pólvora, clavándole con saña los tacones. Una vez más, cantó con voz temblorosa y en un puro grito uno de sus salmos, y galopó por donde había llegado.

Más justo entonces, la sombra se interpuso en su camino, abandonando su anterior escondite para cerrarle el paso. Ahora, a corta distancia, pudo distinguir mejor la silueta: adquiría forma, a pesar de la lúgubre luz de la noche. Era un jinete corpulento que montaba un altísimo y muy fuerte caballo. No parecía ni molesto ni amigable… Ichabod, no obstante, hizo que su caballo siguiera al paso, y cuando llegó a su altura, el jinete se apartó: lo dejó pasar. Luego, siguió junto al maestro, situando su caballo por el lado por el que este no podía ver a su propio penco, que ahora parecía tranquilo, manso. Manejable.

Concluyó Ichabod su salmo y se decidió entonces a mirar a su nocturno compañero, a pesar del miedo, recordando de golpe aquella aventura de la apuesta que narraba Brom Hueso. Eso fue lo que le hizo fustigar de nuevo a su penco, con la esperanza de dejar atrás al fantasma.

Mas el jinete maldito lo alcanzó de nuevo, sin mayor esfuerzo de su montura. Al maestro no se le ocurrió otra cosa que tirar de las bridas hacia atrás, para hacer más lento el paso de su jamelgo. Pero el jinete hizo lo mismo.

Ahí latía entonces el corazón, de manera que casi se le oía más que el retumbar de los cascos de los caballos en la noche. Intentó cantar otro salmo que ahora, sin embargo, no le salió. Tenía la boca seca por el pánico; la lengua se le pegaba al paladar, y no conseguía emitir ni una nota, ni una palabra de la primera estrofa.

Su compañero nocturno parecía obstinado en su silencio, lo cual aún le resultaba más terrible al maestro. Pronto, sin embargo, sabría el porqué.

Descendían ambos, emparejadas sus monturas, por la ladera de una leve colina, bajo la claridad que auspiciaban el fondo del firmamento y la ausencia, en aquella zona, de árboles.

Fue entonces cuando se percató —aun mirándolo de reojo— de que aquel ser era aún más corpulento de lo que ya le había parecido… y de que no tenía cabeza. Lo que hará comprender a cualquiera la clase de pánico que, sobre los ya padecidos, embargó ahora al pobre pedagogo.

Mucho más, habría que decirlo, cuando comprobó cómo el jinete apoyaba su propia cabeza —que había llevado hasta entonces bajo un brazo— sobre el arzón de la silla de su caballo.

Mira, escalofríos como latigazos sacudieron de arriba abajo el cuerpo de Ichabod. Empavorecido, no pudo pensar nada ni considerar por más tiempo su situación. Comenzó a pegar a su caballo con manos y pies.


Fragmento de La leyenda de Sleepy Hollow, o La leyenda del jinete sin cabeza, relato corto de terror romántico escrito por Washington Irving en 1820. Este texto, en su versión completa, forma parte de la colección de ensayos e historias llamada The Sketch Book of Geoffrey Crayon, y es una historia que se sitúa alrededor del año 1790 en Sleepy Hollow, una pequeña aldea de origen holandés cercana a Nueva York.

Este relato forma parte de uno de los primeros volúmenes que publicó el autor, pero no sería el último.

Si queréis conocer un poco más sobre su historia, os animo a escuchar el siguiente programa. Y en los sucesivos, conoceremos además algunos detalles sobre cómo fue evolucionando su estilo narrativo y los ambientes cada vez más exóticos que llegarían a inspirarlo.

Dale al podcast, hay variaciones.

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Mañana te espero con la cuarta parte

Laki

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