Washington Irving – final – «Cuentos de la Alhambra»- por Marta Caniego

Para terminar esta miniserie sobre la vida de Washington Irving hablemos de uno se sus relatos más bellos. Cuentos de la Alhambra es un libro escrito 1829, publicado en 1832 bajo el título La Alhambra: conjunto de cuentos y bosquejos sobre moros y españoles.

Cuentos de la Alhambra

El Palacio de la Alhambra, para el viajero henchido de sentimiento por lo histórico y lo poético —tan inseparablemente unidos en los anales de la romántica España—, es casi un objeto de devoción, como lo es La Meca para todos los creyentes musulmanes.

¿Cuántas leyendas y tradiciones, ciertas o fabulosas? ¿Cuántas canciones y baladas —árabes y españolas, de amor, de guerra y de lides caballerescas— están unidas a este palacio oriental?

Fue la regia morada de los monarcas moros, donde, rodeados del esplendor y refinamiento típicos del lujo asiático, ejercían su dominio sobre lo que consideraban un paraíso terrenal: el último baluarte de su imperio en España.

El Palacio Real forma parte de una fortaleza cuyas murallas, coronadas de torres, se extienden irregularmente en torno a la cumbre de una colina —estribación de Sierra Nevada y atalaya de la ciudad—. Contemplada desde fuera, es una tosca agrupación de torres y almenas, sin regularidad de plantas ni elegancia arquitectónica, que apenas da una idea de la gracia y belleza que reinan en su interior.

En tiempos de los moros, la fortaleza era capaz de albergar dentro de su recinto un ejército de cuarenta mil hombres y, en ocasiones, se utilizaba como refugio y defensa de los soberanos contra sus propios súbditos rebeldes.

Cuando el reino pasó a manos cristianas, la Alhambra continuó siendo patrimonio real y fue habitada algunas veces por los monarcas castellanos. El emperador Carlos V comenzó a construir un suntuoso palacio en el recinto de sus murallas, pero las continuas sacudidas de tierra impidieron su terminación.

Sus últimos reales huéspedes fueron Felipe V y su bella esposa, la reina Isabel de Parma, al comienzo del siglo XVIII. Para recibirlos se hicieron grandes preparativos: el palacio y los jardines fueron restaurados, y se construyó una nueva serie de aposentos que decoraron artistas traídos especialmente.

La estancia de los reyes fue transitoria, y cuando partieron, el palacio volvió a quedar desierto. No obstante, el recinto amurallado —que estaba sujeto a cierta disciplina militar— contaba con un gobernador nombrado por los Reyes, cuya jurisdicción se extendía hasta los arrabales de la ciudad e incluso era independiente de la del capitán general de Granada.

Mantenía una considerable guarnición. El gobernador se alojaba frente al viejo palacio moro y nunca bajaba a la ciudad sin que le acompañase una escolta de soldados. Porque, efectivamente, la fortaleza era, por sí misma, una pequeña ciudad, con varias calles y casas dentro del recinto de sus murallas, además de un convento de franciscanos y una iglesia parroquial.

El zaguán o pórtico de entrada está formado por un arco árabe en forma de herradura que se alza hasta la mitad de la torre. En la clave de ese arco hay grabada una gigantesca mano, y en la parte interior de la portada, ya dentro del vestíbulo, aparece esculpida una gran llave.

Los que se dicen conocedores de los símbolos mahometanos aseguran que la mano es el emblema de la doctrina: los cinco dedos representarían, según ellos, los cinco mandamientos principales de la fe islámica: ayuno, peregrinación, limosna, ablución y guerra contra los infieles.

La llave, afirman, es símbolo de la fe o del poder: la llave de David transmitida al profeta. “Y pondré sobre tus hombros la llave de la casa de David; abrirá, y nadie cerrará; y cerrará, y nadie abrirá.”

También nos dijeron que esta llave estuvo esmaltada de brillantes colores a la usanza árabe, en oposición al símbolo cristiano de la cruz. En aquellos días en que eran dueños de España —o al menos de Andalucía—, representaba el poder de conquista del profeta. El que tiene la llave de David. El que abre, y nadie cierra. El que cierra, y nadie abre.

Sin embargo, el legítimo hijo de la Alhambra nos dio una interpretación distinta de estos emblemas, más cercana a las creencias populares.

Creencias que atribuyen algo misterioso y mágico a todo lo que se relaciona con los moros, y que alimentan toda clase de supersticiones respecto a esta vieja fortaleza musulmana.

Según Ateo —así se le conocía—, era una tradición transmitida desde los más antiguos habitantes, y que él conservaba de su padre y de su abuelo, que la mano y la llave eran una mágica invención de la que dependía la suerte de la Alhambra.

Decía que el rey moro que la construyó fue un gran mago o, según otros, alguien que se había vendido al diablo, y que edificó la fortaleza por arte de encantamiento. Por este motivo, ha permanecido en pie durante siglos, desafiando tormentas y terremotos, mientras la mayor parte de las restantes construcciones moriscas quedaron en ruinas o desaparecieron.

Añadían a esta tradición que el mágico hechizo durará hasta que la mano del arco exterior baje y coja la llave. Entonces, todo el edificio saltará en pedazos y quedarán al descubierto todos los tesoros que allí escondieron los moros.

A pesar de este siniestro presagio, nos aventuramos a pasar por la encantada puerta. Y nos sentimos más protegidos contra las artes mágicas cuando contemplamos, sobre la portada, una imagen de la Virgen.

Lo que acaban de escuchar son dos fragmentos del libro Cuentos de la Alhambra, recopilación escrita por Washington Irving, teóricamente basándose en todo lo que le contaron aquellos que residían en la Alhambra durante el tiempo de su visita, en el año 1830.

Una época durante la cual el escritor y diplomático residió en el territorio y, además, fue uno de los principales impulsores del Libro de Visitas, para que quienes pasaran por allí —ya fuesen extranjeros o nacionales— estamparan su firma en sus páginas, en vez de hacerlo sobre las piedras del monumento.

De ese modo, podríamos decir que se procuraba el cuidado y protección de todas las piedras que aún quedaban en pie de la Alhambra.

Espero que les haya gustado mucho esta locución.
Nos veremos en la siguiente.

Dale al podcast, hay variaciones.

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Mañana te espero con el final de esta serie

Laki

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About Galiana

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