Washington Irving – parte 1- por Marta Caniego

Me toca cerrar la temporada de Navidad, y ademas desearos una ¡feliz noche de Reyes!

Desde hoy y hasta el jueves os traigo la vida de Washington Irving.

Washington Irving Parte 1

Los rascacielos no nacen de la tierra, eso está claro. Son fabricaciones hechas por el hombre, construcciones diseñadas con premeditación para escalar los cielos. Como bien dice el nombre, a lo largo de la historia los humanos han intentado alcanzar el cielo de muchas formas: unas más espirituales y otras más físicas, aunque siempre existió esa idea de… ¿es posible alcanzar el cielo a través de construcciones?

Por ejemplo, la catedral de Colonia fue durante siglos considerada el edificio más alto de Europa y uno de los más altos del mundo —si no el que más—, hasta la construcción de un edificio emblemático en la ciudad que hoy nos ocupa: el Empire State Building.

Justamente en esa ciudad que consiguió alcanzar el cielo nació nuestro protagonista de hoy: Washington Irving. Nació en Manhattan en 1783, hijo de un inmigrante escocés y de una mujer de origen inglés.

Tal vez no a todos les suene el nombre de Washington Irving. Al fin y al cabo, lo más particular de él es que comparte nombre de pila, por una parte, con la capital de Estados Unidos, y por otra, con el primer presidente del país, a quien, paradójicamente, llegó a conocer cuando era solo un niño.

No obstante, si el nombre de Washington Irving no nos resulta demasiado familiar, tal vez reconozcamos mejor títulos como Sleepy Hollow, Cuentos de la Alhambra o El jinete sin cabeza. Y es que Tim Burton llevó al cine una adaptación de ese mítico cuento ambientado a orillas del Hudson, en una pequeña población cuyos habitantes eran de origen belga… y también holandés, todo hay que decirlo.

Allí circulaban historias de fantasmas, entre las que destacaba la de un misterioso jinete que aparecía por las noches para asustar a los aldeanos, montado en un caballo ***, perdiéndose entre los campos de maíz… y, por supuesto, con una calabaza en vez de cabeza. Aunque sobre este detalle, las versiones pueden variar.

Washington Irving, aunque no sea tan recordado en el mundo hispanohablante, fue un escritor muy prolífico. Escribió todo tipo de cuentos a lo largo de su vida, unos más motivados por la pasión, y otros simplemente para sobrevivir.

A pesar de su gran capacidad para escribir libros —que iban desde la historia de Nueva York hasta los misterios que circulan por la Alhambra de Granada, aquí en España—, también tuvo la sobrada habilidad para venderlos.

Por ejemplo, con su Historia de Nueva York, que os animo a buscar, se cuenta que llegó a inventarse que el autor era otro Washington Irving. Muchas veces escribía con seudónimos, y en este caso se habría hecho pasar por un supuesto señor en busca y captura, visto por última vez en su hotel, cuyo dueño aún le estaría buscando para que pagara la cuenta.

En otras ocasiones, también fue fundador de diversas revistas, entre las cuales destaca una donde se mencionó por primera vez el nombre “Gotham” para referirse a Nueva York como ciudad gótica. Para mí, al menos, se resolvió el misterio de dónde venía esa denominación que más tarde adoptarían los cómics de Batman.

Vamos, que se trataba de un personaje bastante llamativo que, más allá de la escritura, muchos podríais llegar a preguntaros… ¿por qué esa pasión que desarrolló por España?

Dale al podcast, hay variaciones.

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Mañana te espero con la segunda parte

Laki

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About Galiana

Escritora, bloguera, podcaster, enamorada de todo lo que huele y sabe a Cultura
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