La esencia de @atelierdelavida se despide con el relato: «El Poblado obrero»

Con este relato de un barrio de Toledo me despido, espero volver, vosotros, lectores teneís la palabra.

Poblado obrero

Quienes nacíamos en el Poblado obrero de Toledo a mediados de los años cuarenta, tuvimos una vida difícil y más al ser mujer y la hija mayor.

Mi madre, la señora Apolonia, se quedó viuda con 49 años. Yo tenía doce años, con los estudios básicos. Me dediqué, con otra vecina, a acarrear lecheras desde las seis de la mañana hasta las tres. Luego cuidaba de mis cinco hermanos. Mi madre trabajaba cuatro horas por la tarde en un hospital. Cuando ella llegaba, yo me marchaba a estudiar a la escuela de doña Lola, donde nos daba dos horas de clases para completar mis estudios.

Cuando en la lechería entraron a trabajar los hijos de Heladio, el dueño, yo tenía quince años. Cambio de empleo y entro de interna en casa de los Barroso. Ellos vivían en la opulencia, pero al servicio nos daban media ración.

Martina trabajaba en la cocina. Una noche que se ausentaron, decidimos saciar nuestro hambre con los restos de la cena. El loro nos escucha y comienza a repetirlo, a lo que Martina, alertada, decide soltarle por el balcón.

Los señores, a su regreso, le encontraron en la calle y el loro seguía repitiendo lo ocurrido; acto seguido nos echan de la casa sin mediar palabra.

A los pocos días me pongo a coser pantalones para unos nuevos almacenes en casa.

Mis hermanos ya todos marchaban a la escuela. Mi madre ya tenía más tiempo para ella. Entabla una nueva relación con un electricista del barrio, también viudo. Tenía una hija de veinte años que servía en casa de unos americanos de la base de Torrejón de Ardoz. Ella tenía la idea de que cuando se casara se iría a Francia a trabajar con su marido en una fábrica.

Me volvía loca la lectura, la escritura, enseñar a mis hermanos, incluso limpiando lentejas a Juanito, le hacía juegos enseñando a sumar.

Con mis amigas salía a dar paseos por La Vega, por Zocodover e ir a las fiestas del 18 de julio, pero cuando venían los chicos me aburrían, pensé que era porque los conocía de siempre y no despertaban ninguna intriga.

Mi madre se casó con Jacinto, a la vez que Susana, su hija, se casó con Álvaro. Fueron noviazgos largos, ya eran los años sesenta.

Ya tenía veinticuatro años y mis hermanos, mayores. Con trece años, Juanito entra en la escuela de damasquinadores; Paco se va con Jacinto de chispas; Julián es panadero; Manuel entra en el seminario y Luis es zapatero.

Al poco tiempo tengo la oportunidad de irme a Francia a trabajar en la Ford. Soy una emigrante más, que empieza de cero y a ser por primera vez yo misma, empezar a pensar en mí. Comparto habitación con Clotilde, una extremeña muy dulce, donde nuestra amistad cruza aquellos límites del misterio que con los chicos no pude tener.

Trabajaba mucho, pero los domingos eran sagrados e íbamos al cine juntas, con otras chicas como nosotras.

Al volver a España, decidimos casarnos. La boda la ofició mi hermano Juanito, que llegó a ser concejal. Mi hermano Manuel decidió, por decoro, no asistir, no quería faltar a su Padre Creador, lo respetamos.

Sabía que no era fácil, pero ya no teníamos que escondernos. Es más, la maestra del barrio nos convoca para hablar en unas jornadas el día de la mujer y en ese mensaje al mundo abrí un vínculo entre muchas madres e hijas. Lo importante que era sentirse aceptado. Pero como consejo a todos siempre digo: —¡El primer amor, el amor propio!

Ahora estoy viuda, tengo una buena pensión y solo pido que nadie pase las penurias que vivimos en El Poblado. En otros países los niños siguen trabajando y me entristecen los de la generación de los cuarenta, lo sabemos.

@atelierdelavida

Avatar de Desconocido

About Galiana

Escritora, bloguera, podcaster, enamorada de todo lo que huele y sabe a Cultura
Esta entrada fue publicada en "...Y Cía", La esencia de..., Poesía, Valle Ulla y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

4 Responses to La esencia de @atelierdelavida se despide con el relato: «El Poblado obrero»

  1. Avatar de Begoña Begoña dice:

    cualquier tiempo pasado, es eso, pasado.

    ni mejor ni peor .

    Me gusta

    • Cada momento tiene su parte dulce y su parte amarga, efectivamente eso no hace que sean mejores. Depende de la persona hay quienes recuerdan una parte u otra. Un beso y gracias Begoña por tu comentario, siempre agradecida a que expongas tu manera de ver mis trabajos.

      . Un saludo .

      Me gusta

  2. Avatar de Juan Caballero Juan Caballero dice:

    Muy emotivo. Hay cosas que no deberían ocurrir, ni en el pasado ni en el presente.

    Me gusta

    • En este escrito hay momentos donde las emociones son a ras de piel. Depende de los ojos con los que se miren sientes de una manera o de otra. Me alegro que te hiciera reflexionar según tus sentimientos.

      Un saludo

      Me gusta

Deja un comentario