Con sus relatos @grazigiordano seduce al 2023: No puedo moverme

Ahí va mi cuarto relato, esta noche que sus Majestades sean muy generosos con todos

No puedo moverme

Su cuerpo pesado impide que pueda mover mi cadera.

Sus brazos rodean mi espalda y su pecho se funde con el mío. Intento alejarle para tomar el control y con un hilo de voz me suplica que le deje un rato así, dentro de mí.

Mis manos acarician la piel de su espalda sudada. Aprieto su culo, acaricio sus curvas y con los dedos busco su placer. Le oigo gemir. Se mueve, me besa, agarra mi pecho, se lo lleva a la boca. Sigo provocando su placer con mi dedo.

—Eres mío—le susurro al oído.

Su dura verga entre las paredes apretadas de mi coño encuentra el calor del hogar, el placer de estar, ahí donde es fácil olvidar las penas del mundo exterior.

Empujo su cabeza hacia mi entrepierna —¡Cómeme!

Sin dudarlo empieza a hurgar con su lengua agarrando mi culo para empujar mi cuerpo a su cara. Mi espalda encorvada recibe los espasmos de placer que me provoca chupando el clítoris. Empieza nuestra danza descompuesta.

Me incorporo y le empujo, se queda mirándome con su polla dura. Me la llevo a la boca. Me llega mi sabor mezclado con su excitación. Su capullo ahora reluce delante de mi garganta, mi lengua no para de mojarle de arriba a abajo, por todo lado.

La aprieto con los labios, la dejo apoyada en el hueco de mi lengua, hasta al fondo.

Me la saca de la boca tirándome del pelo, se la agarra con la otra mano pasándomela por los labios, por los ojos —Eres guapa mi Diosa, envuelta entre llamas del fuego de la pasión, mi Diosa, te vas a tragar mi placer, te lo vas a tragar todo.

Agarro su polla con las dos manos, vuelvo a mojarla con mi lengua y empezando por el capullo, voy lamiendo cada milímetro de su piel. Al mismo tiempo mis manos suben y bajan su pellejo.

Su respiración acompaña los movimientos de mi mano. Se hace corta y rápida. Pronto explotará en mi boca y después de tragármelo le besaré.

Su mano aún agarrando mi pelo pierde fuerza y deja caer los rizos rojos sobre mi piel blanca. Se queda tumbado en la cama con los ojos cerrados.

Me levanto, me llevo la ropa al baño.

Vuelvo a la habitación, me encuentro el dinero en la mesilla. No lo cuento. Me siento en la cama —¿Te ha gustado? — le pregunto.

Me mira y sonriendo me contesta —Como siempre. Ojalá llegue el día que no tenga que pagarte.

Me levanto, recojo mi bolso. Abro la puerta, le miro —El amor no está hecho para las que viven de la calle.

Me voy… sé que volveré.

Pasa por la imagen para echar un ojo al libro

@grazigiordano

Acerca de Galiana

Escritora, creativa
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