Nochevieja con @mcnavas1: Olor de abuelo (parte 1)

Os dije el lunes que estaría con vosotros, contigo los últimos días del 2022, aquí estamos en el último día del año.

No sé vosotros, tú, yo tengo millones de cosas por hacer, pensar… Antes de nada dejarte la primera parte de

Olor de abuelo (parte 1)

Soy Aitana y solo tengo seis meses de edad. Sí, ya sé que pensáis que a esta edad los bebés solo somos un conato de adulto, que no podemos pensar por nosotros mismos. Y en parte tenéis razón. Sin embargo, sí tenemos sentimientos. Y os lo voy a demostrar.

Nací en una época demasiado complicada, en plena pandemia de la COVID 19. No hace falte que os explique qué es, ¿verdad?, aunque quizás sí que necesitéis saber lo que ello significa. Con este virus, los bebés hemos nacido en una sociedad desnaturalizada: lo primero que vemos al salir del vientre materno, donde se está en la gloria, es gente a tu alrededor con trapos en la cara, gente que no se te acerca ni te toca, que te mira como si fueras de cristal y te pudieras romper. Y lo curioso es que nos parece normal, porque no hemos conocido otra cosa.

Cuando salimos del hospital y llegamos a casa con nuestros padres, comenzamos a conocer a la familia. Y yo me he dado cuenta de una cosa: hay familia y familiaaaa. Yo tengo dos abuelos y dos abuelas, y varios tíos y una tía y algún primo. Pero no todos son iguales.

Cuando vienen los abuelos del grupo, vamos a llamarlo A, la casa es un hervidero de gente y de alegría. Me coge en brazos el abuelo, me besuquea el cuello (me hace cosquillas) y me río mucho. La abuela me acapara y no deja que nadie me toque. Los tíos me sostienen con cuidado y yo me estoy quietecita. Mamá está tranquila y no pone el grito en el cielo por nada. Papá sonríe y se siente orgulloso de mí. No hay pandemia ni virus que pare esta avalancha de sentimientos.

Cuando vienen a casa los abuelos del grupo B todo es distinto. Mamá está rara. No me puede sacar nadie del cuco. La abuela me mira triste. Veo que tiene muchas ganas de cogerme en sus brazos pero no se atreve. El abuelo me toca el pie con delicadeza y me hace mucha gracia. Me gusta mucho que me toque el pie. A veces veo a la tía, se llama Miriam y está triste porque casi siempre veo lágrimas en sus ojos. Esta familia no es tan alegre. Sin embargo, me gustan mucho, quizás más que la otra. El otro día el abuelo me acarició la mano con ternura y yo quise sentir su aroma. No pude porque papá me limpio enseguida los deditos con una toallita de esas que odio, de esas con las que me limpian el culete. Yo no quiero oler la toallita, quiero oler a mi abuelo. Quiero sentirle más cerca. Yo tengo derecho a que me quieran también esos abuelos porque sé que lo están deseando, lo noto cuando me miran.

Continuará… en 2023 ¡Feliz Nochevieja!

@mcnavas1

Acerca de Galiana

Escritora, creativa
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