La aventura de @AnaCentellas: Una señal para Jimena

Con este relato se acaba mi aventura, espero que te haya gustado.

Me encuentras en mi blog https://anacentellasg.wordpress.com/, o me escuchas en iVoox «Una aventura literaria»

Para despedirme te dejo con un último relato. ¡Feliz verano!

Una señal para Jimena

Jimena caminaba por la playa con lentitud, como mecida por las olas que morían con suavidad en la orilla. La tarde era agradable y soleada, pero no lo suficiente como para caldear el frío que llevaba instalado en el corazón desde hacía tiempo. Se arrebujó dentro de su abrigo y, sentándose sobre la suave arena, dejó volar sus pensamientos.

Frente a ella se extendía su querido océano, ese que siempre la había acompañado, que había permanecido a su lado en los buenos y en los malos momentos. Perdida en el ligero vaivén de la espuma, que se prolongaba hasta más allá del horizonte, hizo un repaso a sus últimos años. Se buscó a sí misma en aquellos pensamientos tan erráticos como persistentes y trató de encontrar a la persona que una vez fue, pero no la encontró. No sabía precisar en qué momento había ocurrido, pero lo cierto era que se había perdido. Quizá hubiese sido en el intrincado laberinto de las obligaciones, de las responsabilidades, de las rutinas, de los años. Y lo peor de todo fue que la persona que encontró en su interior no le gustó. Una intensa melancolía se apoderó de ella.

Con un gran suspiro, Jimena levantó la mirada hacia el cielo, que se estaba encapotando por momentos. Poco quedaba del sol que había tratado de templar su ánimo en aquella tarde de invierno y el frío que sentía se volvió mucho más intenso. Con lágrimas en los ojos, pidió al universo una señal, tan solo una, por la que valiese la pena continuar con aquella impostada y desapacible existencia. Entonces ocurrió.

Como si el cielo hubiese escuchado sus súplicas, un juguetón rayo de sol se coló por entre las nubes y fue a incidir sobre el agua. Un brillante destello llamó la atención de Jimena, que agudizó la vista. Por un momento se olvidó de sus sombrías reflexiones y todos sus sentidos se concentraron en averiguar de qué se trataba. A escasos metros de la orilla, meciéndose con el compás de las olas, un objeto que parecía de cristal la llamaba como si estuviese pronunciando su nombre a gritos. Si aquello no era la señal que tanto había rogado, ¿qué otra cosa podría ser?

Sin pensárselo dos veces, se levantó y dirigió sus pasos hacia el agua. No le importó la baja temperatura ni el destemplado ambiente que la rodeaba. Avanzó por el océano, calando sus ropas, hasta que sus pies perdieron el contacto con la fina arena del fondo. Estaba cerca, muy cerca. Ya podía distinguirlo con nitidez. ¡Era una botella! Sin duda, el universo le estaba haciendo llegar un mensaje. Nadó un par de metros más, hasta que consiguió tomarla con una mano. Entonces, su rostro se contrajo en un gesto de angustia. Estaba vacía. La arrojó con rabia lo más lejos que pudo. El mensaje estaba claro.

Sentado sobre unas rocas, Agustín llevaba un rato contemplando a aquella enigmática mujer que, rodeada por un halo de infinita melancolía, contemplaba el mar. Su inquietud comenzó a forjarse en el momento en que la vio caminar hacia el agua y adentrarse con lentitud en ella. Se puso en pie y se acercó a la orilla por si acaso, intranquilo. En cuanto la vio arrojar algo con furia y dejarse hundir bajo las frías aguas, supo que tenía que actuar. Y no se lo pensó dos veces.

Agustín tardó apenas unos segundos en llegar al punto en el que Jimena había desaparecido, engullida por el océano. Con determinación, se impulsó hacia el fondo y la tomó entre sus brazos. Llegaron juntos a la orilla tan solo un momento después.

Jimena abrió los ojos tras expulsar una gran bocanada de agua, aterida y exhausta. Dos miradas se encontraron en un instante eterno. Dos sonrisas se abrazaron con timidez. Dos corazones se fundieron en un solo latido. Y un rayo de sol perezoso se abrió paso entre las nubes y convirtió la fría tarde en un trance cálido y entrañable.

Jimena bajó los párpados de nuevo, respiró profundo y se relajó por fin. ¿Qué mejor señal para continuar adelante?

@AnaCentellas

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Acerca de Galiana

Escritora
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