La aventura de Ana Centellas: Amor a primera vista

Soy Ana Centellas me propongo estar contigo los próximos siete días.

Lo primero que debo hacer es presentarme para que me conozcas ya que soy nueva por aquí

Lectora empedernida desde mi niñez, aún hoy sigo devorando libros como si no hubiese mañana. A pesar de que mis estudios estuvieron relacionados con los números, siempre he sentido pasión por las letras. Desde hace unos años me dedico plenamente a ellas, plasmando mis sentimientos en unos textos que salen directamente del corazón.

Fruto de esta pasión, han nacido mis dos primeros proyectos: A este lado del Estrecho, una novela romántica en un escenario de ensueño, y Soreites, un poemario donde las emociones se convierten en versos que vuelan en libertad.

Por otro lado, soy correctora profesional de textos (correcciones ortotipográficas y de estilo), así como redactora de contenidos web.

Una vez me he presentado voy con mi primer relato

Amor a primera vista

En una pequeña callejuela escondida, que casi me habría pasado por completo desapercibida a no ser por un pequeño incidente que me obligó a guarecerme en ella, fui a encontrar uno de los lugares más especiales que había visitado jamás. Aquella tarde estaba paseando por el centro de Madrid sin un rumbo fijo, tratando de poner algo de orden en mis desbaratados pensamientos. Había pensado que, quizá, algo de aire fresco podría venirme bien para despejar mis obtusas ideas y aquella tarde era especialmente gélida. Por eso, cuando me adentré, por casualidad, en aquel estrecho callejón, en el que apenas se movía el aire y parecía dar un respiro de las invernales temperaturas, mis pies continuaron por él sin que tuviese ni que pensarlo.

Apenas había caminado unos metros cuando lo encontré. Era un local pequeño, con una tenue iluminación y un escueto escaparate que dejaba adivinar las maravillas que ibas a encontrar en su interior. Sin tan siquiera un pequeño cartel que avisase de su presencia, con total seguridad habría permanecido escondido ante los ojos de aquellos que caminan por la vida sin detenerse a observarla. Para mí, aquella fría tarde de noviembre, fue como encontrar un oasis en mitad de un desierto.

Sin pensarlo dos veces, alargué la mano para empujar la portezuela que daba acceso a aquel santuario. Entré frotándome las manos y exhalando una gran bocanada de vapor. Una cálida atmósfera me envolvió de inmediato y una amable sonrisa me salió al encuentro. Centenares de discos de vinilo se acumulaban en grandes cajones, abarrotaban las estanterías e, incluso, se apilaban sobre el suelo. Me cautivaron al instante y ya ni recuerdo las horas que pasé allí dentro, revolviendo todos, seleccionando a los elegidos, viajando al pasado y compartiendo risas. De hecho, bien entrada la noche, fue yo quien tiró de la oxidada persiana y echó el cierre.

Desde aquel día, han sido muchas las tardes que he pasado en aquella pequeña tienda que, en tan solo unas horas, se había convertido en mi particular refugio y el chico que estaba al frente en mi familia. He ayudado con los inventarios, que han sido una auténtica locura. Y, aunque no tengo nada ver con el negocio, ya lo considero una parte indispensable de mi vida y allí he dejado un pedacito de mí.

Esta tarde, como tantas otras, me he acercado a mi encantadora disquería en busca de mi pequeño remanso de paz. Pero, en esta ocasión, una muy grata sorpresa me estaba esperando. Nada más entrar, en uno de los grandes cajones situados en el centro del local, un disco nuevo ha llamado mi atención. No podía creer lo que veían mis ojos. Entre todos, una vieja versión del álbum Double Fantasy, de John Lennon y Yoko Ono, destacaba por su falta de color entre un llamativo arcoíris de fundas. Me acerqué hasta él con rapidez, dando, sin querer, un ligero empujón a un chico que caminaba por el pasillo ojeando los vinilos. Cuando mi mano llegó a tocar la tan ansiada carátula con aquel inconfundible beso, otra se juntó con la mía y un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Levanté la mirada y unos preciosos ojos verdes me miraban con una inusitada ternura. Su mano acarició la mía con cariño y una afectuosa sonrisa se me clavó directa en el corazón. Creo que me enamoré en cuestión de segundos. Su mirada seguía sosteniendo la mía y sus caricias continuaban sobre el dorso de mi mano, mientras yo entraba en una especie de trance que no había experimentado jamás. De pronto, las caricias cesaron, la sonrisa abandonó su mimosa curva para adquirir una mueca burlona y su portador se alejó de mí, llevándose consigo el preciado álbum.

Aún no sé qué me ha dejado más vacía: si haber perdido al amor de mi vida sin ni siquiera haberlo encontrado o que se llevase el vinilo que me había acelerado tanto el corazón.

@AnaCentellas

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🎙🎧👇

Acerca de Galiana

Escritora
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2 respuestas a La aventura de Ana Centellas: Amor a primera vista

  1. luciana dijo:

    Buena aventura…siguiéndote en ella

    Me gusta

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