Las «Letras calientes» de @AlexFlorentine: Vampiros cazados

 

Vampiros cazados

 Tras el accidente de tráfico no volvimos a ser los mismos. Comenzó a hacernos daño la comida, a darnos asco beber hasta el agua y a molestarnos la luz del sol.

Nuestra vida cambió cuando el coche volcó y caímos por un barranco. Una noche de lluvia, invierno, frío… Una curva que no dimos.

Él salió despedido del coche y sufrió más con el accidente. Su cara quedó como si hubiera tenido la viruela. Atravesó el limpiaparabrisas y chocó contra varios árboles. Se había quitado el cinturón de seguridad para buscar no recuerdo qué en el asiento trasero. Yo desvié la mirada a su cuerpo y…

Después, nuestros recuerdos son como fotogramas. Unas personas, de negro, nos rescataron y sentimos dolor en el cuello. Después, fotogramas como negativos velados. Y una habitación de hospital.

Han pasado cinco años y ya estamos habituados. Dependiendo de la época del año, nos es más difícil encontrar nuestros objetivos. La gente sale menos cuando hace frío.

Nosotros no lo notamos.

Lo bueno de todo esto, es que su cara y cuerpo se regeneraron. Nuestros trabajos, por fortuna, nos permiten trabajar desde nuestro domicilio habitual.

Tenemos un piso en la última planta de un edificio antiguo. De esos de techos altos, suelos de mármol, columnas de alabastro y puertas de madera noble. Somos arquitectos, lo compramos a bajo precio porque estaba para derruir, y lo reformamos convirtiéndolo en nuestra guarida ideal: insonorizado.

Hoy es el solsticio de invierno. Siempre «me puso» esa fecha tan pagana. Siempre me llamó la temática oscura. ¡Quién me iba a decir que acabaría metida de lleno en ella!

Sabemos que en el piso inferior hay nuevo inquilino. Nosotros tenemos un ático y abajo, son cuatro apartamentos. Normalmente alquilan a gente joven, puesto que el edificio carece de ascensor. Está remodelado, pero no dejaron instalarlo. A nosotros nos da igual, tampoco nos cansamos. Por nada.

Nos vestimos de gala. De negro, nuestro color.

Nuestros especiales oídos y afinados sentidos oyen que regresa nuestro vecino. Mi marido lo vio, dice que es de su edad —bueno, la de hace unos años—, y que parece tener «clase». Está solo. Nunca escuchamos otra voz. Se pasa todo el día afuera de casa, suponemos que trabajando.

Nos miramos al lado de la cama, nos sonreímos. Él se acerca, toma mi cara con sus dos frías manos y me besa arañándome la lengua con sus colmillos. Yo succiono la suya mientras mis uñas se clavan en sus nalgas. Estiro sus labios con mis dientes y se queja. Su mano acaba en mi entrepierna de cuero y me susurra:

—Ve.

Y voy. Como gata salgo de nuestro piso y bajo la escalera. Con una teatral cara compungida toco el retro botón del timbre. Suena la cerradura y la puerta se abre con lentitud.

—¿Sí? —me pregunta un hombre muy juvenil observándome de arriba a abajo desde sus gafas estilo Superman de hace unos años.

Me parece muy sexy y me quedo un momento en blanco.

—Hola. Necesito llamar al cerrajero. Acabo de subir a casa y no tengo llaves. Mi móvil está sin cobertura —le enseño el logotipo de batería con un tres por ciento—, ¿podría?… —pregunto mirando por encima de su hombro.

—Eh… Sí, claro. Pasa.

«Mala cosa, chaval», pienso.

Invitar a un vampiro a entrar hace que quedes totalmente expuesto a su control. Antes de cerrar la puerta ya lo tengo encandilado. Lo hago de espaldas a ella y se me acerca mirándome lascivamente.

—Serás… —me mira fijamente— ¿Crees que no he oído tus tacones sobre mi cabeza? ¿De qué vais tú y ese con el que vives?

Se me acerca con valentía y me desconcierta.

—No sé a qué te refieres.

—Sí, lo sabes. Como también sé lo que hacéis.

Se me acerca y posa una mano en mi cuello. Miro tras él. Hay luna llena. Lo huelo.

—Eres… ¡Eres un licántropo! —exclamo.

—Cierto, bella dama.

Acto seguido se lanza a mi cuello, pero en contra de lo que pienso agarra mis nalgas y comienza a olfatear y lamer mi garganta. Tras nosotros, la puerta se quiere abrir, nos apartamos y mi marido entra con la consiguiente cara de asombro.

Nuestro vecino deja mi cuello, lo mira y gruñe.

—Sé lo que hacéis, como ya le dije a ella. Y lo que queríais hacer conmigo. Alimentaros. No la mataré a cambio de que lleve adentro mi semilla. Después, podréis hacer conmigo lo que os plazca. De sobra sabéis lo que significa que toméis la sangre de un lobo.

Mi marido se aparta de nosotros, va hacia el salón y pone la TV.

 

@AlexFlorentine

 

Acerca de Galiana

Escritora
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