Vacunas para los imprescindibles

Durante la primera ola y confinamiento los sanitarios y todo el personal del hospital, los transportistas, los taxistas, quienes trabajan en los supermercados, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, los bomberos… fueron catalogados como personal imprescindible, estuvieron al pie del cañón para que al resto no nos faltara de nada. A día de hoy siguen cumpliendo con su trabajo, pero lo de ser tratados con dicha categoría…

El programa de vacunación pensó primero en los mayores por ser los más vulnerables al virus. Ningún reproche a esta decisión. Los siguientes debían ser quienes les cuidan y los sanitarios. Nada que objetar.

¿Alguien pensó en vacunar al personal que se consideró, y sigue siendo, imprescindible para la sociedad durante el confinamiento?

¿Cuántos Guardia Civiles, policías o militares fallecieron ayudando a la población en la primera ola? Unos cuantos, aún lo siguen haciendo. Estas personas salvaron, y salvan, nuestras vidas, es su deber. ¿No sería mejor que cumplieran con  el mismo vacunados?

Al gobierno en el programa de vacunación se le pasó vacunar a quiénes nos protegen, y tampoco incluyó que el ser humano es egoísta por naturaleza, más en tiempos de supervivencia provocados durante una pandemia. El programa de vacunación carece de sanciones para quienes se salten el turno. Lo hemos visto en cientos de películas en las que un virus ataca a la humanidad y muere hasta el apuntador. ¡Es tan difícil tener la cura al alcance y no aprovecharse de ella para salvarse! Sobre todo cuando se sabe que no hay vacunas para todos.

No las hay porque los laboratorios no pueden producir al ritmo que se necesitan y, ¿por qué no decirlo?, esto se ha convertido en una subasta, las que se producen terminan en manos de quien más pagan por ellas. El sistema funciona así desde hace años, no vengamos ahora a poner cara de ¡pero qué está pasando!

Sin vacunas el plan del gobierno se va al garete, ni de coña llegamos al verano con el 70% de la población vacunada para que vengan los turistas y mejore nuestra economía. ¡Abramos lo ojos!, dejémonos de tanto buenismo noño.

El buenismo con las vacunas es de traca. Por un lado el bombardeo con que si el Primer Mundo tiene dinero para pagar por ellas lo que nos pidan los laboratorios mientras que el Tercer Mundo no puede hacerlo. Por otro aplaudimos como focas locas contemplando cómo se vacuna Joe Biden y especulamos sobre la posible vacunación secreta de nuestro Jefe del Estado. ¡Para morirse!

Va siendo hora que dejemos de enredar con las vacunas y pensemos más en las personas imprescindibles que nos salvaron, y salvan, el culo durante la pandemia, y que deben esperar su turno para ser vacunados porque nadie pensó en ellos como imprescindibles en este asunto.

Galiana

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Escritora
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