
Es una obra de gran formato, 149 x 120 en lino belga.
Simboliza el paso del tiempo inexorablemente y la necesidad para muchas personas, en la mayoría jóvenes, de detenerse, hacer una pausa y preguntarse por su camino.
La vida se presenta entre rosas y espinas, que la chica de la escena pisa con el pié, y es necesario buscar un camino alentados por los mensajes de paz y bondad representados en la paloma que se acerca.
La pausa está representada en el reloj que cuelga de la guitarra, de la que la chica obtiene una embaucadora melodía que la hace evadirse de la realidad.

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