Y Cía… con @nataliadocampo en Navidad: Te presento a Marki

Entre mis papeles, encontré retazos de pensamientos. Retales de sentimientos, de cuentos, de letras de canciones y de desvaríos sin argumento.

De entre todos ellos encontré una parte de un gran proyecto fruto del intelecto de un artista, que no lo es, porque no cree serlo. Algo vivo, en crecimiento, que aunque no está acabado, es una historia dentro de un gran cuento.

Como en su día yo encontré una mecenas, que creyó que en mi trabajo, había un espurna de brillo y me llevó de la mano, por el camino, para que todos aquellos papeles sin orden, ni destino, fueran vistos y leídos, hoy quiero presentaros a Marki, permanece sin bautismo literario, solo os pido que leáis la pequeña historia que es preámbulo de otra disciplina creativa.

Pocos son los recuerdos que tengo de mi infancia, pero hay uno en particular que atesoro, con los primeros deshielos de verano recuerdo salir sola a buscar flores, allí donde daba el sol casi todo el día, recuerdo tumbarme y disfrutar del calor de este en el pelaje, la tierna capa de naturaleza que hacía de lecho y me arropaba, recuerdo despertar por los gritos de mi madre desesperada buscándome junto a gente de mi clan, mi madre solía decir que era muy importante que no me alejara, que yo traería prosperidad, recuerdo abrazarla con mucho amor sin saber a qué se refería, recuerdo ser feliz.

Pronto empecé a tener más obligaciones, nuestro clan que vivía en las montañas era algo humilde y todos teníamos que arrimar el hombro, eso solía decir mi padre, que en el clan Tengoku todos teníamos un cometido y servíamos para algo. Cuando ya fui algo mayor me gustaba colarme en el desván de mi casa, allí pasaba mucho rato, era extraño, siempre conseguía quedarme dormida allí resguardada de mis obligaciones, y siempre soñaba con tierras lejanas, paisajes que nunca había visto y una dulce voz. Recuerdo los momentos de tranquilidad.

Con los años el clan fue menguando, éramos muy pocos, jóvenes algo mayores que yo partían, nunca me contaron porque, escuche varias veces que se juntarían con el resto de clanes del país, la angustia me recorría el cuerpo cuando pensaba en ellos, no sé a dónde irían pero sabía que algo malo pasaba. Recuerdo la incertidumbre.

Aquella mañana me despertaron varias ancianas del pueblo, mi madre y mi padre me animaron orgullosos a ir con ellas, los nervios me recorrían el cuerpo e iban en aumento mientras me zarandeaban de un lugar a otro. Me bañaron y me acicalaron con todo tipo de aceites, perfumes y un hermoso kimono con los colores del clan, como los que llevaban las mujeres mayores, me hicieron pasar a una sala de la casa comunal del poblado donde vivían los ancianos que velaban por nosotros, allí pude comer tranquila y disfrutar de las comodidades, los nervios casi habían desaparecido del todo. Recuerdo… recuerdo el último momento de mi vida.

Lo siguiente que sucedió, apenas tengo imágenes en mi cabeza, recuerdo a un anciano de mi tribu venir solo a la habitación, recuerdo que de su boca salían unas pocas palabras acompañadas por un hedor de alcohol, «le harás un favor importante al clan» recuerdo sus zarpas desgarrando mi kimono, el miedo y la desesperación, recuerdo el dolor como nunca antes había sentido. Todo quedo congelado por un instante viendo como la sangre brotaba de los ojos del anciano inmóvil en el suelo, de su sangre manchando mis manos y el kimono desgarrado, un silencio ensordecedor por la rabia que no sabía que recorría mi cuerpo, que fue rápidamente convertido en terror al ver este mismo reflejado en la cara de aquella anciana al percatarse de la escena. Recuerdo un torbellino de emociones como nunca.

Corrí desesperada hacia el único sitio donde quería estar, los brazos de mi madre, ella podría explicarme qué había pasado por qué estaba ocurriendo todo esto. Conseguí llegar a casa con la garganta abrasada por correr entre el frío de la ventisca. Nunca olvidaré la cara de mi madre cuando me vio, esa mezcla de odio, dolor y miedo, y de esas palabras, yo no sabía entonces que unas pocas palabras podían llegar a matar a alguien, «una bestia salvaje como tú no puede ser hija mía» algo dentro de mi murió. Recuerdo sentir un absoluto vacío.

Habéis estado alguna vez en un sitio donde no hay sonido? ni huele a nada, tampoco hay el tacto de la brisa o de nada, solo se alcanza a sentir un mar de oscuridad. No sé cuánto rato pasé allí, pero pude escuchar esa voz de mis sueños llamándome, Sayaka, como una cálida hoguera en ese sitio, no recuerdo que más decía, pero consiguió confortarme lo suficiente para que me diera cuenta que estaba en el desván de mi casa sosteniendo algo entre mis brazos, una espada. Solo tenía una idea clara, debía huir. Recuerdo el dolor y la rabia.

Prosperidad nacida de engaños, deber tornado esclavitud, bondad en miedo, amor en traic…

¡NO! eso no… ella me contó todo lo que necesitaba entender, pero no todo lo que quería saber. Con el tiempo la voz calmó mis miedos y temores, me enseñó y guió más lejos de lo que mi imaginación me hubiera llevado, ella es ahora la razón que reposa envainada en mi cinturón. Ella es la única verdad que necesito de este mundo, ella cuida de mí Jaspe, ¿qué como sé su nombre? ella me lo contó sólo a mí.

El resto es aún más complicado, pero eso, eso es otra historia.

@nataliadocampo

 

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About Galiana

Escritora, bloguera, podcaster, enamorada de todo lo que huele y sabe a Cultura
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6 Responses to Y Cía… con @nataliadocampo en Navidad: Te presento a Marki

  1. Avatar de macalder02 macalder02 dice:

    Fue un hallazgo de lo más acertado para empezar el año con una buena lectura. Disfruté del relato. Excelente narrativa. Saludos y un buen 2020 para ti y tu invitada de postín.

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  2. Avatar de antoncaes antoncaes dice:

    Me has dejado con la miel en los labios Natalia, creo que es acertado seguir la historia, promete mucho. 🙂

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    • Avatar de Natalia Natalia dice:

      Querido Antonio, gracias por el feedback. Entre el desorden de mis papeles, quieren las musas, permiso de Marqui, para robar la continuación de su historia… Le pediré un poco de su màgia…

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