
Andaba liado en la vitro con el rancho de mediodía cuando le dio por actualizarse al Samsung (creo que sin pedir permiso, pero no lo garantizo porque las patatas se estaban pegando al fondo de la sartén).
La barra de progreso y el indicador de porcentaje avanzaban a buen ritmo mientras deseaba que aquel chute de bites renovados fuera un acicate para mi móvil, exhausta ya su limitada y castigada batería, perjudicado su altavoz superior por algunas caídas peores que otras y saturada su memoria interna, cada día más escasa según acumulaba grabaciones y borrado de ficheros…
O no.
¿De verdad deseaba prolongar la vida de mi Samsung? En estos casi dos años han creado nuevas lentes fotográficas más versátiles, procesadores más potentes, memorias más rápidas y mejores baterías de carga más veloz. Además, mi vista empeoraba y la pantalla de 5’8 pulgadas ya me ponía en aprietos para leer caracteres incluso de mediano tamaño.
Mi equipo telefónico pedía a gritos una renovación pero mi cuenta corriente, una y otra vez, me bajaba de las nubes a la cruda realidad hipotecaria aderezada con toda suerte de recibos que periódicamente desangraban mis finanzas.
Así que sí, ojalá aquella actualización que probablemente no sería la última, dopase lo suficiente a mi Samsung.













Muy bueno!!!
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Gracias, Javier. Simplemente la cruda realidad que obliga a que uno ponga los pies en el suelo. Un abrazo 😊
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No te has equivocado para nada. Es así; si lees en mi blog uno de mis antiguos relatos sobre la «Obsolescencia programada», que es algo así como el gran acuerdo de las grandes corporaciones, veras que no hemos descubierto nada. Desde el vamos, existe una planificación sistemática, para que así sea. La voracidad de los consumidores, hace el resto. Un cálido saludo.
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Reconozco que, efectivamente, no soy ajeno en cierta medida a un pequeño grado de pulsión consumista. También es verdad que el hardware de muchos de mis aparatos fotográficos o informáticos aguanta años y años, pero la evolución del software y las prestaciones de las nuevas máquinas amplían su funcionalidad y posibilidades. Lo cual no quita para que, como es el caso por razones económicas, me veo obligado a prolongar su vida útil más allá de lo que me gustaría. Gracias por tu comentario, saludos.
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