Miradas furtivas: ¿Obsolescencia programada?

Andaba liado en la vitro con el rancho de mediodía cuando le dio por actualizarse al Samsung (creo que sin pedir permiso, pero no lo garantizo porque las patatas se estaban pegando al fondo de la sartén).

La barra de progreso y el indicador de porcentaje avanzaban a buen ritmo mientras deseaba que aquel chute de bites renovados fuera un acicate para mi móvil, exhausta ya su limitada y castigada batería, perjudicado su altavoz superior por algunas caídas peores que otras y saturada su memoria interna, cada día más escasa según acumulaba grabaciones y borrado de ficheros…

O no.

¿De verdad deseaba prolongar la vida de mi Samsung? En estos casi dos años han creado nuevas lentes fotográficas más versátiles, procesadores más potentes, memorias más rápidas y mejores baterías de carga más veloz. Además, mi vista empeoraba y la pantalla de 5’8 pulgadas ya me ponía en aprietos para leer caracteres incluso de mediano tamaño.

Mi equipo telefónico pedía a gritos una renovación pero mi cuenta corriente, una y otra vez, me bajaba de las nubes a la cruda realidad hipotecaria aderezada con toda suerte de recibos que periódicamente desangraban mis finanzas.

Así que sí, ojalá aquella actualización que probablemente no sería la última, dopase lo suficiente a mi Samsung.

 

@joseraigal