Carmen Navas Hervás: Historias del reino prohibido-El reino

Lo que encontré al otro lado de la cascada me dejó con la boca abierta. Era como si hubiera ido a parar a otra dimensión de la realidad.

Intenté regresar, sin embargo, cuando me di la vuelta, había desaparecido. A mi espalda solo había una roca transparente. La toqué con la esperanza de que mi mano se filtrara a través de la misma. Era dura y no dejaba traspasar nada, a pesar de que a través de ella podía contemplar mi mundo. Me asusté, creo que por primera vez en mi vida.

Comencé a caminar en dirección contraria a la cascada y, frente a mí, descubrí un inmenso castillo con cuatro torreones. No podía ser real, nunca había visto nada tan perfecto.

Comencé a oír como se acercaban unos caballos. No sabía qué hacer así que opté por esconderme. Me metí tras unos arbustos situados al lado del camino y levanté la espada con la esperanza de que me sirviera de protección.

─No te escondas, te estábamos esperando.

Esa voz la conocía, era la misma que me había atraído hacia la cascada.

─No vamos a hacerte daño.

Eché una ojeada a través de la hojarasca y le vi por primera vez ¡Era tan hermoso! Nunca había visto a nadie tan guapo. Así me imaginaba yo siempre a los príncipes de los cuentos de hadas: altos, fuertes, rubios o morenos (e incluso algunas veces pelirrojos) y siempre seguros de sí mismos.

─Vamos Ariadna, sal de ahí.

Conocía mi nombre, ¿Cómo era posible? Yo pensaba que esa voz había salido de mi cabeza, sin embargo, le pertenecía a él.

Miraba hacia los arbustos donde me había refugiado. Estaba claro que sabía dónde me escondía. Bajó del caballo con lentitud, para no asustarme y se fue acercando despacio, como si fuera contando cada paso que daba.

─No tengas ningún temor.

Me levanté con la improvisada espada en alto. Ante este gesto, sonrió y me ofreció la mano. Cuando me levanté tuve una sensación rara: era como si viera el mundo desde otra altura.

─Será mejor que te cubras con mi capa.

Miré hacia abajo y me di cuenta de que no era la misma: era yo, pero más mayor. La ropa me quedaba diminuta y se ajustaba a mi cuerpo ¿Qué estaba pasando?

─No te asustes, nos pasa a todos cuando cruzamos la cascada.

Cogí la prenda que me ofrecía con brusquedad y me la eché sobre hombros.

─Vamos, hemos de llegar a casa antes del anochecer.

Los soldados montaron en sus caballos y mi interlocutor me ayudó a subir a su montura. Era una animal precioso, de color negro azabache. Cabalgamos lo que me pareció una eternidad dirigiéndonos siempre hacia el castillo.

─Mi familia nos está esperando.

─ ¿Vives ahí? ─oír mi propia voz me sorprendió porque ya no era tan cantarina ni tan infantil, ahora era dulce y suave, como si estuviera acariciando las palabras.

─Ese va a ser tu hogar a partir de ahora.

─De eso ni hablar, yo quiero volver con mis padres y con mi hermana. Estará llorando. No me he portado bien con ella. Necesito volver.

Y dicho esto salté como pude del inmenso corcel.

─ ¿Qué haces? ¿Te has vuelto loca? ¿Podrías haberte matado?

Eché a correr intentado regresar. Tropezaba a cada paso que daba, sin embargo, no podía parar. Necesitaba volver a ver a María y pedirle perdón. No pude llegar muy lejos porque me alcanzaron con sus veloces caballos y me cortaron el paso.

─Es peligroso permanecer de noche en el bosque ─dijo tomándome del brazo con delicadeza.

─No me asustas, esos son cuentos para asustar a los niños.

─Puede que así sean al otro lado, sin embargo, en mi mundo es distinto. Ni siquiera yo, con todos mis guerreros, me atrevería a pasar una noche fuera del castillo. Las sombras lo inundan todo y se llevan a los incautos que no han buscado refugio.

─Ja, solo quieres asustarme para que vaya contigo. Yo tengo mi espada y no le temo a nada ─cuando fui a levantar el arma imaginaria, me di cuenta de que no era tal. Era una espada de verdad, con unas letras grabadas en el filo.

La noche comenzó a caer lentamente, un manto de oscuridad fue cubriendo todo el paisaje. Los caballos comenzaron a resoplar, nerviosos y los soldados se miraban unos a otros con temor.

─ ¡Vámonos! ─sin mediar más palabra me subió nuevamente al caballo y comenzamos un rápido galopar. Esta vez me había subido delante de él para evitar que volviera a saltar.

Fui a protestar de nuevo cuando el rugido de un animal salvaje me hizo cambiar de idea. Era como si todo el bosque hubiera temblado.

─ ¿Qué ha sido eso? ─por primera vez sentí no miedo, sino pánico.

─Es mi hermano, sabe que te hemos encontrado y nos quiere impedir llegar a casa. Cuando lleguemos, te enseñaré el espejo y lo entenderás todo.

El puente levadizo estaba bajado, esperando nuestra llegada. Cuando entramos, comenzaron a levantarlo con rapidez. Giré la cabeza, mirando detrás de nosotros y le vi. Eran como dos gotas de agua. Me miró y sonrió con maldad:

─Pronto serás mía ─a pesar de la lejanía había escuchado claramente sus palabras.

─No le mires.

─ ¡Sois idénticos!

Me condujo hasta una habitación donde había un gran espejo: era precioso, redondo y con un brillo que se irradiaba a toda la habitación. Me acerqué y lo que vi me dejó sin palabras: al otro lado del espejo se veía mi mundo. Vi el dolor de mis padres al descubrir mi vestido ensangrentado y el llanto de mi hermana. Intenté gritarles que estaba viva.

─No te oyen, eso pasó hace ya mucho tiempo.

─Necesito volver a su lado.

─Eso es una quimera. Atrás has dejado ya tu infancia y eso es algo que no se puede recuperar. Ahora te doy la bienvenida a la adolescencia, con lo que ello significa: inseguridad, rebeldía, temores, retraimiento y, sobre todo, el descubrimiento de tu propia identidad.

@mcnavas1 

Avatar de Desconocido

About Galiana

Escritora, bloguera, podcaster, enamorada de todo lo que huele y sabe a Cultura
Esta entrada fue publicada en "...Y Cía", Carmen Navas Hervás, Verano 2018 y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

2 Responses to Carmen Navas Hervás: Historias del reino prohibido-El reino

  1. Avatar de antoncaes antoncaes dice:

    Nos estas ofreciendo tú libro por capítulos? O nos estas poniendo la miel en los labios para luego quitarnosla? 😉

    Me gusta

  2. Avatar de Carmen Navas Carmen Navas dice:

    Hola Antonio. Las historias del reino prohibido son una especie de cuentos ya he comenzado a escribir ahora. Así quede momento os dejo con la miel en los labios. Los dos libros que tengo publicados tocan otro tema. Espero que te hayan gustado los relatos. Para mí estos dos últimos tienen un significado especial y seguramente formen parte de algo más grande. Gracias por leerlos y por tus comentarios. 😍😍😍

    Me gusta

Replica a Carmen Navas Cancelar la respuesta