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Allí de pie, cogida a la barandilla, luchando por mantenerse erguida sobre sus finísimos tacones, estaba ella, ese día en el tren.
Pareciera que el vagón trompicaba, solo para fastidiarla. Su vestido dibujaba una silueta muy cuidada, pero tras sus gafas de sol escondía su pesar, por la juventud desgastada.
Yo sentí su perdida, pero no el luto de su alma.











