Carmen Navas Hervás: La canción de Paula

Este relato va dedicado a la familia Coral Santiago Apóstol de Griñón y en especial al «Coro Encanto» por todas las experiencias extraordinarias que nos están haciendo vivir a mi hijo y a mí. Gracias por darnos la oportunidad de pertenecer a esta gran familia coral. Si queréis escuchar esa canción o cualquier otra podéis hacerlo en www.coroencanto.com, www.familiacoral.com o http://www.facebook.com/coroencantomadrid

LA CANCIÓN DE PAULA

Conocí a Miriam en una calle solitaria de Madrid. No me preguntéis en cuál porque no lo recuerdo. Solo sé que estaba muy oscuro y que yo iba demasiado borracho como para enterarme de nada. Estaba apoyada en una farola con una falda demasiado corta y un escote que permitía ver más de lo estrictamente necesario. Cuando pasé a su lado me ofreció sus servicios con descaro y me quedé mirándola con estupefacción, no porque fuera una prostituta sino porque creí reconocer su voz. Era dulce y melodiosa y tan suave que parecía la de un ángel.

─ ¿Nos conocemos de algo? ─pregunté intentando hacer memoria.

─Si tú quieres chato, podemos ser amigos de la infancia.

Me cabreé porque no era esa la respuesta que esperaba. Me daba cuenta de que lo único que quería era captarme como cliente. Decidí seguir caminando porque tenía la cabeza demasiado embotada y quizás todo fuera producto de mi imaginación.

Llegué a casa, aunque aun hoy me pregunto cómo, porque ni siquiera era capaz de caminar en línea recta. Me acosté vestido y esperé que la madrugada se llevara los últimos vestigios de mi inconsciencia.

Cuando desperté solo oía la voz de Miriam en mi cabeza. No recordaba su cara, ni su aspecto, sin embargo, su voz se había instalado como una canción machacona en mi cerebro.

Decidí permanecer sereno por un día y acudir cuando anocheciera a buscarla. Hice un esfuerzo titánico, puesto que sin el alcohol, el dolor de la herida se abrió como si alguien hubiera estado hurgando en ella. Tenía el corazón en carne viva y no podía ni respirar. Estuve rebuscando en mi memoria todo el día, buceando en mis recuerdos para intentar descubrir de qué conocía yo esa voz. Todo fue inútil, fue como cuando escuchas en la radio una canción y no puedes reconocer al autor aunque la hayas oído millones de veces.

Luché contra mis demonios y en cuanto los rayos de sol se ocultaron en el horizonte, salí a la calle en busca de esa mujer. Era la primera vez en seis meses que sentía que estaba vivo, que deseaba algo con vehemencia.

Desde que Paula se fue, me había convertido en un fantasma, en un ser inánime que solo respiraba por costumbre.

Al llegar a la calle y doblar la esquina la vislumbré a lo lejos, con su cabello rubio suelto, su falda demasiado corta y su escote provocador. Estaba sola, como la noche anterior y decidí observar antes de acercarme.

Era un lugar poco concurrido y nadie se acercaba a ella. No era lógico que eligiera un sitio así para ofrecer sus servicios. Se le veía muy joven, demasiado joven.

Desde la muerte de Paula no me había vuelto a acostar con ninguna otra mujer y ahora tampoco tenía intención de hacerlo, aunque me sintiera atraído por esa chica con voz de ángel.

Me vi reflejado en un coche que había aparcado justo frente a mí y no me reconocí. Yo no podía ser ese ser amargado que me mostraba el cristal, yo había sido siempre un hombre atractivo y que vestía de forma impoluta y el reflejo me devolvía la imagen de un hombre destruido por el dolor y el alcohol ¿Por qué no me había dado cuenta antes? ¿Acaso llevaba tanto tiempo sin mirarme en un espejo? Sentí lástima de mí mismo, lástima de observar al despojo humano en el que me había convertido.

Vi como la chica de la farola se movía y tuve miedo por si se marchaba. No podría pasar otra noche sin beber y martilleándome su voz en mi cabeza. Así que avancé despacio hacia su posición. No quería asustarla y necesitaba que volviera a hablarme.

Cuando llegué a su altura volvió a ofrecerme sus servicios y la melodía inundó mis sentidos. Fue como si mi cabeza hubiera explosionado y la luz me hubiera hecho abrir los ojos.

─ ¿Nos conocemos de algo?

Misma pregunta, misma respuesta que la noche anterior. Esta vez no me enfadé, ni salí huyendo. La miré intentando encontrar el misterio escondido dentro de mi mente.

─Si no quieres llevarme contigo, por favor, márchate, así encontraré a otro que me acompañe.

Llevaba ya dos horas en la esquina y nadie se había acercado a ella y tampoco creía que eso fuera a ocurrir así que continué observándola, intentando encontrar su voz en mi memoria.

Comencé a dar paseos por la calle sin perderla, en ningún momento, de vista. Necesitaba su cercanía. La miraba de reojo, intentando dejarla espacio para hacer su trabajo. Al principio estaba nerviosa y se mostraba cautelosa ante mi presencia, sin embargo, llegó un momento en que se olvidó que yo estaba allí como si fuera una sombra.

Fue entonces cuando se puso a cantar y la cabeza se me llenó de imágenes. Fue como si despertara, como si todo lo obscuro que había en mi interior se tornara de un color blanco inmaculado. En mi cabeza apareció la imagen de Paula en el altar el día de nuestra boda. La voz de un ángel cantaba el Ave María de Schubert y mi amada esposa me miraba como si fuera el único hombre de la tierra.

Caí al suelo, de rodillas, llorando como un niño.

─No estés triste, ella me ha mandado para que te cante esta canción.

La miré con los ojos anegados por las lágrimas y con el corazón rasgado por el dolor. Ya no vi a la chica de la minifalda sino a un ángel que me acariciaba con sus palabras.

─Debes dejarla marchar y cuando estés triste, solo te pido que recuerdes mi canción. Yo siempre estaré ahí y la cantaré cuando lo necesites.

Y se fue desvaneciendo al tiempo que seguía entonando su canción, la canción de Paula.

 @mcnavas1 

 

Avatar de Desconocido

About Galiana

Escritora, bloguera, podcaster, enamorada de todo lo que huele y sabe a Cultura
Esta entrada fue publicada en "...Y Cía", Carmen Navas Hervás, Literatura, Narrativa, Navidades 2017, Relatos y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

7 Responses to Carmen Navas Hervás: La canción de Paula

  1. Cada vez las historias son más apasionantes. Ésta es buenísima

    Me gusta

  2. BUEN RELATO.FELIZ 2018.

    Me gusta

Replica a pippobunorrotri Cancelar la respuesta