Carbonizando nubes de algodón

atardecer julio VIII

Siempre he querido poder quemar las nubes, ver si  se derretían, o simplemente qué pasaba. Por aquello de sacar el estrés.

Hoy me has regalado un quemador de nubes. Me enseñaste a manejarlo. Sentí tener en mis manos el poder de transformarlo todo.
Me dijiste:

—¡Ten cuidado! — al verme apuntándote con el artefacto.— ¿No irás a usarlo contra mí?

Me limité a sonreír.
¡Qué cosas! ahora formas parte de un cielo encendido junto a unas nubes carbonizadas.

Galiana

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