
Te dejo con esta frase del film: “La vida a veces duele, a veces cansa, a veces hiere. No es perfecta, no es coherente, no es eterna; pero a pesar de todo, la vida es bella”.


¿Cómo salvar tu vida?
“Eso es el mal de putas, maricones y drogadictos” era la maldita frase que se escuchaba en aquella época. Nadie sabía exactamente de dónde provenía aquella enfermedad, pero todos se apartaban de las personas que la tenían, nadie quería contagiarse, era mortal.
Tú no eras nada de eso, y aunque lo hubieras sido hubiéramos luchado hasta el final, juntos como siempre lo habíamos estado hasta el momento en el que te dieron el diagnóstico.
Ese maldito virus se había colado en tu sangre por una transfusión.
Los médicos te dijeron que su deber era salvar vidas y que, por supuesto, harían todo lo que estuviera en sus manos para poderte mantener vivo.
A ti siempre te había atormentado mucho el “qué dirán”, y en ese momento era lo único en lo que pensabas. Otra la vez la dichosa frase. Así que tu primera decisión fue que lo nuestro se había acabado. Según tú, era precisamente por lo mucho que me amabas. Yo sería la única, aparte de tu equipo médico, que lo sabría, no ibas a permitir que pasase por aquello. Sin mucho más que poder añadir, tuve que recoger mis cosas y marcharme de tu casa, deseabas estar solo, querías morir solo.
Después de tanto tiempo pienso que en el momento que te dieron los resultados lo tuviste muy claro. No ibas a dejar que nadie pensase mal de un hombre tan intachable como tú, ningún borrón mancharía tu inmaculado expediente.
Es curioso, nunca pensaste que la siguiente decisión que tomaste destaparía todo. Jamás se te ocurrió que tu casero te descubriría cuando tú no le abriste la puerta porque en el piso de abajo no dejaba de caer agua. Ninguna vez especulaste que acudirían a tu casa la ambulancia, la policía y hasta periodistas. Solo te enfocaste en aquella maldita frase.
Después de tantos años no consigo entenderlo, si fue valor o cobardía. No sé cómo en cuanto me marche pudiste quitarte la vida. No comprendo cómo ni tú, ni yo, ni nadie fuimos capaces de salvarte. Quizás una vez más fue la endemoniada frase.

